jueves 09.04.2020

Oye, que lo decía en serio

¿Te acuerdas? Me refiero a la nostalgia que la nueva presidenta de la comunidad de Madrid exhibía anhelando la vuelta a los atascos, echando de menos el ralentí de los motores en punto muerto, sintiendo particular predilección por los nocturnos que favorecían fugaces intercambios de miradas con extraños a través de las ventanillas. Si, a esa estupidez me refiero. Supongo que yo, como todos, pensamos que era una boutade dicha en el fragor del debate electoral del momento. Pero no, la cosa va en serio y todo indica que la señora Ayuso va a lograr que su sueño se haga realidad, y pueda no dormir de vuelta a casa más que echando una cabezadita en la parte de atrás del coche oficial que desde ahora le va a llevar de un lado a otro de su deseada atascada capital. Te lo digo amigo, la cosa está en marcha (perdón señora Ayuso, no pretendía el chiste fácil).

Los problemas técnicos, ambientales, de salud, obras y falta de personal se encargarán de otorgar nuevas excusas para hundir un servicio público que, siendo vital, se percibe en Sol como la lacra de los perdedores

A las pruebas me remito. Para empezar, el sabotaje al metro de Madrid, aunque enmascarado en forma de bajada estival de intensidad es ya una declaración de principios. Madrid Central se va a llenar de autos, por potenciales usuarios no va a quedar, hala chicos a coger el coche que esto del ir al centro en metro se pone fatal. Los problemas técnicos, ambientales, de salud, obras y falta de personal se encargarán de otorgar nuevas excusas para hundir un servicio público que, siendo vital, se percibe en Sol como la lacra de los perdedores, la señal de no haber sabido aprovechar las tremendas oportunidades que para enriquecerse y contaminar con potentes vehículos de alta gama ofrece su ciudad. De momento, objetivo cumplido.

Pero estas decisiones de trinchera, de choque cultural, de su razón pura, requieren el sostén de la razón práctica, de criterios que todo quisque debe compartir. A saber, el metro es un servicio que no nos podemos permitir, es muy caro y no disponemos de recursos para sostenerlo del modo que lo haría una política de movilidad desconectada del vehículo particular. De modo que bajamos los impuestos y mermando la capacidad fiscal para abordar el problema, éste se traslada a los ciudadanos: haga usted lo que quiera, yo le bajo impuestos y usted se lo gasta en un coche como dios manda, con su aire acondicionado y su puerto USB para amenizar sus horas intensamente vividas en el atasco. Y premio doble, porque la llamada de la bajada de impuestos atraerá a quienes, aún indecisos, trasladarán su residencia a la comunidad, más leña al fuego, mas botarates rodando de aquí para allá buscando dónde aparcar a un precio razonable (¡lo tienes claro, Genaro!).

Y tú dirás, pero se va a producir un taponamiento que ni con el laxante más resolutivo se va a aliviar. No importa, la señora Ayuso tiene un as en la manga, nombrar a Lasquetty consejero de hacienda. Qué crees, que no es una buena elección, venga ya. El problema serán los aparcamientos, ya te lo he dicho, y Lasquetty sabe cómo abordar el problema, ya construyó un montón de hospitales cuya fuente de ingresos principal era y es el parking. Qué, cómo te quedas, a grandes  males grandes remedios. Qué creías, que bajo la apariencia de niña desorientada se encontraba una niña desorientada, ni tú te lo crees, bajo esa piel de cordera se oculta una garra afilada en los abdominales de Aznar y en la laca del cabello de Esperanza Aguirre, así nada le puede fallar: nacida para privatizar se lee en su body del gym.

Pero por si acaso, la tahúr de la real Casa de Correos que comparte ferocidad con modestia, tiene otro as en la manga, se llama Enrique López, juez y parte, experto en conducción temeraria, quién si no. Además de los globos que se agarra el muchacho, tiene otras predilecciones, convertir en riesgo potencial de activismo terrorista cualquier acto o gesto que se desmarque de la línea propuesta por quien sabe lo que es una línea recta, que a mí se me dan fatal, piensa el pobre.

Así es que ya lo sabes, echar de menos atascos no era una metáfora, sino un sueño, un anhelo pronto a convertirse en realidad. Ya verás al final de verano el alegrón de la presidenta, con la gente volviendo y encontrándose con una ciudad a tope, apenas van a notar la diferencia con las abarrotadas rotondas de la costa del Sol en agosto.

Y tú dirás, si pero finalmente ella también va a sufrir las consecuencias del aturullamiento del trafico severo. Vuelves a equivocarte, la sra. Ayuso tiene esta vez un comodín en la manga: se formó en la auotescuela gerenciada por Aguirre, Madrid Network creo que se llamaba, por lo visto no eran muy exigentes con la forma de aparcar.

Oye, que lo decía en serio