domingo 31.05.2020

El interés de Occidente en el conflicto en Oriente

Está por ver si las durísimas réplicas del conflicto en Irak, Siria, Afganistán o Yemen, sacuden a los cimientos en los que se funda la estrategia de fondo de la alianza de los países Occidentales.

La guerra fría fue la matriz sobre la que se trazó el diseño del Occidente de la segunda mitad del silgo XX

Está por ver si las durísimas réplicas del conflicto en Irak, Siria, Afganistán, Yemen, etc sacuden a los cimientos en los que se funda la estrategia de fondo de la alianza de los países Occidentales respecto de dicha cuestión. Los acontecimientos recientes de Bruselas y París, así como los anteriores en Madrid, Londres o New York puede que acaben con la posición reptiliana que la las cancillerías de los diversos gobierno occidentales han tomado. Pero de momento no es así.

Aunque se saca partido de todo, la venta de armas y la compra de petróleo clandestino en negro no son las únicas motivaciones que Occidente tiene puestas en un conflicto que desearía alargar cuanto sea necesario para cumplir la misión que se le encomienda desde aquí. Y esta no es otra que cubrir el vacío que la guerra fría estableció como referencia para la acción política, social, económica, diplomática y hasta de progreso tecnológico.

La guerra fría fue la matriz sobre la que se trazó el diseño del Occidente de la segunda mitad del silgo XX. Avances en lo social como medio de ajuste del desequilibrio que genera el capitalismo per se, necesidad de instituciones democráticas para forjar acuerdos que limen el conflicto interior ya que se requiere de toda su potencia en la lucha contra el enemigo universal comunista. Ciertas renuncias y el desarrollo de pactos sociales con las clases trabajadoras tienen su contrapartida en la promesa de que un día se conquistará el mundo y entonces se serviría éste en modo barra libre.

Estamos en ello, la austeridad y las reformas estructurales son la happy hour del capitalismo. Los tratados internacionales como el TTIP o el  APTA (USA – Asia) son el menú descriptor de lo que el capitalismo pretende llevarse a la boca. Pero la bacanal en marcha está creando problemas gástricos a algunos comensales asistentes al festín. El descontento de los desfavorecidos, trabajadores de lo esporádico, jóvenes, mayores, el cognariado y las mujeres discriminadas son el barrunto de una difícil digestión. La inversión está atascada, no aparecen nichos de actividad provechosa con la que continuar agrandando el patrimonio, y es que el paladar no sabe a nada después de la tercera raya  que el financiarismo ha metido, como todo sutil dealer, entre plato y plato en esta fiesta del Occidente capitalista que te pasas. La innovación ratonea ofreciendo juegos y entretenimiento como los bufones de las cortes medievales. Y aunque la ciencia no ceja en sus avances, los desarrollos innovadores tienden a concentrarse en paliativos administrables en tablet o phone, Alka Seltzer no más.

Y el servicio que asiste a este despropósito, la mayordomía organizada en agencias, think tanks, universidades, fundaciones y plataformas mediáticas se escandaliza y en su sobriedad advierten que la fiesta se está saliendo de madre, que habría que reconvenir a los señoritos parranderos asistentes de que deberían recuperar parte del aplomo y la compostura para, si no dejar de retozar a sus anchas, si al menos disimular, no vaya a ser que se nos vea cuando salgamos de aquí a la próxima. 

Y entonces Occidente recuerda que sólo una amenaza grande, indiscriminada, general, megadestructora y verosímil tiene el poder de, por un lado taponar mediante la legislación y la vigilancia pertinente a los desfavorecidos, y por otro serenar en parte a los bullangueros chillones que aún piden más. Occidente ve en el Oriente en conflicto el gran satán que en un momento determinado puede disciplinar  los bandos con intereses contrapuestos que conviven en su interior. Acabar con el conflicto, cerrándole las vías de abastecimiento de armas, consejos y ayuda no militar indeterminada, es negarse a sí mismo una carta, una bala de plata que con toda seguridad va a tener que utilizar en breve.

El capitalismo llegó a su cenit en un entorno de guerra fría. La producción masiva, la expansión de los mercados, el avance tecnológico, los avances en salud y prevención de todo tipo de riesgos crearon el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de las formas sociales que el capitalismo necesita para la expansión universal que ansía. Pero sin una mimesis, si un enemigo que justifique el encauzamiento de la actividad sin que parezca una intrusión en la libertad económica ni un traspasar los acuerdos y convicciones, requiere de una cierta cesión de credulidad en la acción del estado que Occidente comienza a explotar poco a poco. Algunos saben que las fiestas hay que pagarlas. El miedo garantiza un pagaré a futuro.

Occidente no va a hacer nada resolutivo respecto del conflicto en Oriente porque es su tabla de salvación. El cinismo y la declaración rimbombante se encargan de lo demás

El interés de Occidente en el conflicto en Oriente