lunes 27/9/21

El dinero ya no necesita a la derecha

AJEDREZ

El dinero, el poder, ya no necesita a la derecha tradicional para casi nada. El maridaje que a lo largo de decenios ha unido a la codicia capitalista con el servilismo tradicionalista anda decaído. Para retener el poder, el sujeto codicioso capitalista sabe que ya no necesita al torpe y crédulo santón respetuoso de mitos y tradiciones que apenas aportan nada a la caja. Si durante años la actitud beata y la mentalidad nostálgica de pasados gloriosos ayudaban a componer el ecosistema capitalista, tal mix de figurones y meapilas ya no suponen para el poder real más que un juguete roto del que resulta difícil deshacerse, se le ha cogido cariño con el paso del tiempo.

El santón y el meapilas, representantes de la tradición religiosa, aportaban comedimiento general y aceptación de los males que la injusticia codiciosa pudiera generar aquí en el reino de la tierra. El hidalgo y el cavernícola traían al ecosistema la templanza con la que soportar los rigores de un mundo desequilibrado que, no obstante, contiene una ensoñación de grandeza pasada que uno de estos días volverá. La religión y la nación son los moldes en los que se contiene toda la sarta de elaboraciones ideológicas cuya única finalidad es mantener y acrecentar el poder de los ya poderosos, y desanimar a los desposeídos.

Pero el binomio de dios y patria para sostener al rey ha dejado de resultar útil. La increíble acumulación de capital producida por los avances de la ciencia, la tecnología y las comunicaciones, ya no encuentra suelo fértil en disponer de sociedades castradas en sus impulsos por motivo de creencias religiosas, ni dispuestas a derivar a los días de gloria el consumo que debiera estar produciéndose aquí y ahora.  El dios y la patria se han convertido en ideas zombies que diría Krugman, pero sus defensores aún no se han apercibido de su deceso. Ni ellos, ni tantos de los que viven de la vida errante buscando seres sanguíneos  a quienes palidecer por succión de su sangre o deglución de sus higadillos.

El dinero busca mantener alejado el foco de atención de sus asuntos, mientras eso ocurra utilizará a la derecha como capote para entretener las envestidas

Una buena parte de la segunda juventud que pasea el tradicionalismo se debe a la promoción que los medios de comunicación airean de manera continuada. Trump, Lukashenko, Erdogan, Orban y algún otro caudillo (tampoco hay tantos) viven un jolgorio continuado sabedores que cada vez que deciden tirarse un pedo, cientos de medios van a recoger el evento, ponerlo en contexto y convocar otros tantos cientos de expertos que van a perorar sobre la importancia, incidencia, etc, etc. Vox, tanto como Q Anon o la liga del norte son fenómenos más relacionados con el amarillismo político que con la reorganización de fuerzas en pugna por el poder.

Y esto ocurre así porque se dan cita el hambre con la ganas de comer. Los detentadores reales del poder ocultan la cuestión principal de su legitimidad a ocupar un centro desde el que se reparte injusticia y desigualdad sin que por ello se vean inquietados por fuerzas fiscalizadoras contestatarias (el hambre), y porque se apoyan en la comunicación de masas que están sobradamente entrenadas en el tratamiento infantil de los hechos sociales (ganas de comer). Cuando el gran codicioso vio por primera vez como se tratan los temas espinosos del amor y la convivencia íntima en espacios públicos a través de programas de realidad corregida (reality shows) pensó que eso es lo que deseaba para su mundo, una versión amarilla de las contradicciones que enfrentan a quienes poseen y a quienes solo dependen.

Eso es camuflaje. La religión y la patria sirvieron como instrumentos de ocultación de los intereses reales durante los momentos de estrecheces que han llevado a la creación de la nación estado como forma de blindar un mercado, y a la fidelización de los sujetos productores y consumidores adscritos al ámbito de mercado nacional (o colonial cuando la expansión ha sido requerida). Pero ya no. Ni la nación otorga una dimensión valiosa para la rentabilización del potentísimo acumulado de capital, ni los sujetos productores o consumidores se identifican y afilian por su partida de nacimiento. No nos engañemos, la derecha circense y los medios corales hacen un mundo en Ceuta, pero el país está siendo felizmente penetrado a diario a través de puertos y aeropuertos, bancos comerciales y fibra óptica que llevan talento y recursos de un sitio para otro produciendo riqueza que casi nadie fiscaliza.

Así es que sí, el dinero, el poder real, juega sus cartas y utiliza a la derecha tradicionalista, la que veremos pronto en Colon de nuevo, como los trileros la bolita debajo del cubilete ¿está aquí o no está aquí? vamos amigo atrévete, ve la sexta y haz tu apuesta. Pero no la necesitan más que para ese arte de birle birloque. El dinero busca mantener alejado el foco de atención de sus asuntos, mientras eso ocurra utilizará a la derecha como capote para entretener las envestidas, pero no es su puntal.

El dinero no necesita a los payasos per se, mirad lo que ha tardado Wall Street en olvidar a naranjito y abrazar al abuelito Biden con su saco repleto de regalos que van a caer en el mismo lado en que cayeron los recortes de impuestos ¿Y aquí, qué vamos a hacer con los fondos de recuperación?

El dinero ya no necesita a la derecha