sábado 11.07.2020

Bienaventurados

Según el evangelio de Mateo, el maestro del cristianismo se dirigió a sus seguidores en el sermón de la montaña para exponer su visión del momento, para identificar los males acechantes y establecer una ruta para su transformación. Lo hizo describiendo las actitudes bienaventuradas que, en su santidad, se opondrían a la inmoral conformación del mundo degenerado por la corrupción interna en Palestina y la desidia del protectorado romano. Su actitud de denuncia vendría acompañada de un programa de acción político social basado en la reacción contra la raíz de la injusticia. El programa conectaba el compromiso personal con objetivos sociales abstractos. La identificación del origen del mal, la denuncia de su virulencia y de su capacidad de producir daño inmediato, anima al agitador a estimular la capacidad de resistencia frente a la injusticia y la desigualdad. 

Comienza su sermón con un, bienaventurados los mansos porque heredarán la Tierra. Las convulsiones de su tiempo, supongo le llevarían a esta primera premisa de lucha pasiva en la acción transformadora. Unos dos mil años, 2020 para ser precisos, las convulsiones han vuelto a nuestro mundo con un grado de virulencia e inmoralidad similar, tan impactante que exigiría rehacer el decálogo de las actitudes bienaventuradas que pueden ayudarnos a combatir la furia que se ha instalado en nuestromundo, furia que parece solo calmarse cuando puede provocar un daño por encima delo imaginable.

Podría comenzar con un, bienaventurados los carentes de prejuicios porque en lugar de encontrar culpables, encontrarán a sus iguales. Bienaventurados quienes no sienten miedo ante la adversidad y se guían por la compasión. Bienaventurados quienes se conmueven ante el dislate de la desigualdad porque ellos son el germen de la esperanza.

Y seguir con bienaventurados los curiosos y los instruidos por que ellos denunciarán la mentira. Cobijarán dudas que les animarán al escrutinio y la crítica, pero acogerán en su seno a la ciencia que les acerca a la verdad.

Bienaventurados los hombres y mujeres que disponen de memoria y la capacidad de comparar a los fariseos de hoy con lo criminales del ayer. Bienaventurados sean quienes no se dejan engañar por los falsos oropeles y el triunfalismo cuché de hoy, que tanto recuerda a la ignominia del pasado lejano o cercano. Bienaventurados son quienes no banalizan los efectos destructores de la mala educación, la soberbia, la rudeza, la falta de escrúpulos y la ignorancia exhibida sin pudor.

Bienaventurados sean los modestos, aquellos que no requieren de riquezas reales o impostadas para disfrutar de la gracia de la vida. Bienaventurados quienes se incomodan con el lujo real y el lujo lowcost porque ellos disfrutarán el auténtico lujo de vivir. Bienaventurados quienes sienten vergüenza al contemplar el dispendio y la arrogancia que exhiben como cualidad inherente quienes detentan el poder.

Bienaventurados quienes denuncian que servir a los ricos desde el poder es tan inmoral como  disponer por si mismos de la riqueza extraída de forma inmoral a otras personas. Bienaventurados quienes sostienen que Davos es solo una villa suiza de montaña ocupada en sanar a enfermos de tuberculosis.

Bienaventurados los despiertos que intuyen que la despatrimonialización del estado es un proceso y no un acto. Un proceso que comienza con reproches al estado y acaba con la adquisición de sus servicios para ser revendidos a sus legítimos propietarios bajo eslóganes como que el dinero donde está mejor es en el bolsillo de las personas, sin aclarar que se refieren a un grupo determinado de personas. Bienaventurados quienes se ayudan de los medios de comunicación y de las tecnologías de la información para desvelar el proceso de expropiación. Bienaventurados quienes desnudan las falsedades y los encubrimientos.

Y con toda seguridad, si el Jesús de Nazaret apareciese de nuevo por aquí y nos sermoneara otra vez, añadiría de propina un bienaventurados los psiquiatras y los sicólogos que estudian la sociopatía y tratan de remediar la falta de escrúpulos y de empatía hacia sus semejantes de la legión de sicóticos mandatarios que se esfuerzan por provocar daño inmisericorde en fronteras, hospitales, comedores sociales o residencias de ancianos.

Bienaventurados