lunes 13.07.2020

Primero de mayo, día mundial de la salud

Las condiciones de vida de los trabajadores y de las trabajadoras son el indicador más fiable de salud a escala planetaria. Nada determina más la salud que la calidad de vida. El acceso a los alimentos y al agua, la proximidad y eficacia de los servicios sanitarios, la conservación del medio ambiente…

Se acerca el Primero de Mayo, por primera vez sin manifestaciones en la calle pero con mayor importancia que nunca. Una importancia que viene determinada por la necesidad de la defensa de los puestos de trabajo, de recuperar los perdidos y de mantener los que están en peligro pero también de las condiciones de trabajo., de los salarios, de la fijeza… de la defensa de los sistemas públicos de protección… más trabajo y mejores condiciones, un binomio necesario que la derecha intenta presentar como contradictorio. En la crisis de 2007  las tesis más duras del neoliberalismo se impusieron: para crear empleo hay que degradar la calidad del mismo y las políticas de austeridad impuestas chantajeando a los estados para recortar en bienestar, no solo han afectado a los precios de la fuerza de trabajo sino, y de forma muy determinante, a los sistemas de protección social en general y en particular al sistema sanitario por mucho que el señor Casado o la señora Ayuso lo nieguen en un alarde de asombroso un cinismo. El colapso del sistema sanitario durante los primeros días de la pandemia o la criminal situación de las residencias de ancianos lo han puesto en evidencia. El número de muertos es proporcional al tejido sanitario y social perdido.

Este Primero de Mayo, tristemente simbólico, de calles vacías, debe servir como acicate a las conciencias. Por muchas razones pero la salud es una de ellas

La salud no depende en primera instancia de la tecnología sanitaria ni de la farmacológica ni de la de los aparatos, por importante que sea. La pobreza, la desnutrición, la insalubridad del medio, el deterioro medioambiental, etc. son, como hemos dicho, las principales causas de morbilidad  y mortalidad en el mundo. Ya sabemos que incluso en los países de nuestro entorno el COVID-19 está causando más daño de forma proporcional a los que menos tienen. Por no hablar de las consecuencias posteriores. Una vez que alguien enferma, el diagnóstico y los tratamientos inmediatos, disponibles y asequibles son necesarios para su curación, fundamentales para evitar el agravamiento, las secuelas o incluso la muerte como consecuencia de una u otra enfermedad.

El futuro del control de esta pandemia que asola el mundo, sin minimizar la importancia de las posibles innovaciones tecnológicas (vacunas y procedimientos terapéuticos), pasa, en primera instancia, por  determinadas intervenciones fundamentales, tanto a escala mundial como a la escala de nuestra realidad inmediata:

- Actuar sobre las repercusiones de la crisis económica que se nos echa encima evitando situaciones de pobreza y protegiendo a los más débiles, rechazando las tentaciones de  austeridad de reconocida ineficacia e injusticia.

- Fortalecer nuestros sistemas de protección social, especialmente los destinados a las personas mayores y a las situaciones de dependencia en general.

- Aumentar la inversión pública en investigación y desarrollo.

- Asegurar, ampliar y garantizar para siempre nuestro sistema sanitario público, hoy diezmado por las privatizaciones.

- Incrementar las medidas de protección medioambiental y lucha contra el cambio climático.

El neoliberalismo quiere poner el foco en los hallazgos tecnológicos y científicos  que son, en definitiva, grandes oportunidades de negocio privado. No hay que olvidar que los respiradores son una tecnología existente… pero han sido insuficientes… existían las mascarillas pero no había suficientes, lo mismo los equipos de protección para el personal sanitario… todos ellos materiales que ha habido que buscar en el sacrosanto mercado y todos sabemos que a un aumento de demanda suceden los acaparamientos y las subidas de precios, los aumentos de rentabilidad y beneficio. El problema no es la falta de tecnología sino la posibilidad de acceso a la misma para toda la población.

Desde la izquierda se debe poner el énfasis en la igualdad, la equidad y en la redistribución de la riqueza. Los servicios públicos son esenciales para proteger a los que menos tienen. Más servicios de salud y protección social, más prevención y detección precoz, más intervención pública (y por tanto democrática) sobre lo esencial para la vida humana. La derecha quiere salir de la crisis ¿aprovecharla? con “más mercado”, cuando necesitamos salir con más comunidad, más solidaridad, más equidad. 

Tenemos la oportunidad, la necesidad y la obligación de hacerlo. Cada vez hay menos margen. Se avecina una dura batalla entre dos modelos de entender el mundo y las relaciones entre los seres humanos. No podemos fallar.

Este Primero de Mayo, tristemente simbólico, de calles vacías, debe servir como acicate a las conciencias. Por muchas razones pero la salud es una de ellas. La salud de todos depende de la determinación y la capacidad de lucha de los trabajadores y las trabajadoras.

Primero de mayo, día mundial de la salud