viernes 23/10/20

Los náufragos de la izquierda

El pasado lunes 7 de noviembre, con la lentitud paquidérmica que le caracteriza, el CIS dio a conocer dos sondeos de gran importancia para comprender la situación política actual de España: el postelectoral de los comicios del pasado 26J (cuyo trabajo de campo se realizó en julio) y el barómetro de octubre.

Comencé a preparar los datos para este artículo al día siguiente, pero me he puesto a escribir el texto el jueves 10, todavía bajo el impacto del triunfo de Donald Trump, y la preocupación consiguiente por el creciente auge de las propuestas políticas populistas y ultraconservadoras, tanto en Estados Unidos como en Europa, y la posible potenciación recíproca entre unas y otras.

Es precisamente esa preocupación la que, a mi entender, otorga especial relevancia al problema que trato de abordar aquí, y que ya había lanzado en mi anterior artículo (“El espacio del NO”, Nuevatribuna, 17/10/2016), y en el que han reincidido luego varios otros analistas: el sistemático retroceso de las opciones electorales de izquierda (en su conjunto) en España a lo largo de los últimos meses, sin que ello determinase un ascenso consecuente de la derecha, sino un descenso en el nivel de participación electoral.

Dicho retroceso quedó claramente de manifiesto en el resultado de las pasadas elecciones del 26J, y se confirma a través de la estimación del mapa electoral que dibuja el último barómetro del CIS (tomado este último con todas las precauciones debidas a este tipo de instrumentos demoscópicos, dados los sonoros fracasos con los que se ha condecorado la profesión en su conjunto a lo largo de este nefasto 2016).

El cuadro siguiente nos muestra la evidencia de lo que ya es un consenso generalizado entre los analistas políticos:

% voto

 (sobre el total del censo electoral)

Elecciones

20D 2015

Elecciones

26J 2016

Barómetro CIS

Octubre 2016

PSOE

16,0

15,7

11,2

Unidos Podemos y afines (*)

17,7

14,6

14,3

Subtotal “Izquierda de ámbito nacional”

33,7

30,3

25,5

PP

20,8

22,9

22,7

Ciudadanos

10,1

9,0

8,4

Subtotal “Derecha de ámbito nacional”

30,9

31,9

31,1

Participación

73,2

69,7

65,4 (**)

(*) Incluye en todos los casos: Podemos, En Comú Podem, Compromís-Podemos, En Marea e Izquierda Unida

(**) Estimación propia, el CIS no incluye ninguna indicación sobre la hipótesis de participación en la que basa su estimación de resultados electorales

He recalculado los datos en porcentajes sobre el total del censo electoral para poner en evidencia lo que ya parece un hecho consumado: el acumulado de las opciones de izquierda sufre un retroceso sistemático, mientras las de derecha (en su conjunto) permanecen prácticamente estancadas, oscilando en un entorno de un punto porcentual. Y la explicación del fenómeno es bastante simple: mientras las dos opciones de derecha funcionan de hecho como “vasos comunicantes” (lo que pierde Ciudadanos lo gana el PP), en la izquierda esa dinámica se da sólo muy parcialmente, como veremos en seguida, y una parte sustancial de los votos cedidos por una opción no van a parar a la otra, sino a la abstención. Como consecuencia, la tasa de participación electoral va sufriendo un descenso continuado, como lógico resultado del hartazgo producido por la reiteración de convocatorias, pero que afecta, al parecer, mucho más a la izquierda que a la derecha. Es decir que la derecha va (y seguiría) ganando posiciones en la composición del Congreso, pero no por sus propios méritos, sino por incomparecencia del electorado de izquierda.

Este fenómeno quedaría claramente demostrado a través de la matriz de transferencia de votos que resulta del análisis sucesivo de los dos sondeos publicados el pasado lunes, y que expongo a mi vez en el siguiente cuadro:

ANÁLISIS DE LAS MATRICES DE TRANSFERENCIA DE VOTOS

Datos del postelectoral 26J (julio 2016):

Votos perdidos por el conglomerado “Unidos Podemos” (*) en relación al 20D 2015

Datos del Barómetro de Octubre 2016:

Votos perdidos por el PSOE

en relación al 26J 2016

Votos transferidos

En % sobre votos 2015

En % sobre el total de perdidos

Votos transferidos

En % sobre votos 26J

En % sobre el total de perdidos

De Unidos Podemos al PSOE

7,5

31,6

Del PSOE a Unidos Podemos (**)

6,6

23,3

De Unidos Podemos a Ciudadanos

2,8

11,7

Del PSOE a Ciudadanos

1,7

6,0

De Unidos Podemos al PP

0,8

3,4

Del PSOE al PP

2,3

8,3

De Unidos Podemos a Otros

1,9

8,1

Del PSOE a Otros

1,3

4,5

De Unidos Podemos a la abstención

10,8

45,2

Del PSOE a la abstención/indecisión

16,3

57,9

TOTAL PERDIDOS

23,9

100,0

TOTAL PERDIDOS

28,2

100,0

(*) Incluye en todos los casos: Podemos, En Comú Podem, Compromís-Podemos, En Marea e Izquierda Unida

(**) Incluye: Unidos Podemos, En Comú Podem, Compromís-Podemos-EUPV y En Marea

Fuente: Elaboración propia a partir de los avances de los estudios 3145 (postelectoral 26J) y 3156 (barómetro de octubre) del CIS, publicados el 7/11/2016

Dejo constancia de que los datos del cuadro precedente están tomados del avance publicado por el CIS el lunes pasado, que provienen de resultados directos de campo y, por lo tanto, sin ponderar por recuerdo de voto, por lo que obviamente no coinciden totalmente con la distribución real de papeletas depositadas en los comicios respectivos. Y también de que sólo he tenido en cuenta los trasvases en una dirección (votos cedidos a otras opciones) pero no la inversa (votos ganados de otras opciones), que compensan en parte esas pérdidas.

Con todas las precauciones (ya señaladas) con las que se deben tomar los datos provenientes de encuestas (incluso las del CIS) en el presente, algunas conclusiones resultan totalmente plausibles, dada su evidencia empírica, y tienden a confirmar las hipótesis que la generalidad de los analistas venimos sosteniendo:

  • Sólo en torno a un tercio de esos casi 1,1 millones de votos perdidos por el conglomerado “Unidos Podemos” entre el 20D y el 26J fue a parar al PSOE.
  • Mientras que cerca de la mitad simplemente se quedó en casa
  • A partir de las últimas elecciones (según el consenso prácticamente unánime de los sondeos publicados, incluido el CIS) el proceso de erosión de Unidos Podemos se frenó (aunque sin recuperar prácticamente nada de lo perdido), y comenzó la caída en picado del PSOE.
  •  Dado que el trabajo de campo del Barómetro del CIS se realizó a principios de octubre, cabe suponer que dicho deterioro ha proseguido y puede continuar aún.
  • Y de ese proceso erosivo sólo algo menos de la cuarta parte se trasvasa a Unidos Podemos.
  • Mientras que más de la mitad se queda congelada en la abstención o la indecisión.

Lógicamente se trata, como en todo sondeo, de la foto fija de un momento dado, que irá cambiando y evolucionando en el futuro inmediato, evolución que no podemos predecir con certeza, pero quizá sí plantear algunas hipótesis al respecto. Eso es lo que haré un poco más adelante, pero antes creo necesario aportar algunos datos más, que nos permitan aproximarnos a las características de este electorado “náufrago” que no encuentra acomodo en la actual oferta electoral de la izquierda, particularmente desde el punto de vista ideológico.

Para ello, he analizado la composición ideológica (según su autoposicionamiento declarado en el eje izquierda-derecha) de los votantes de PSOE y Unidos Podemos (estos últimos entendidos como un único conglomerado que comprende tanto a Podemos en sí mismo como a sus convergencias regionales y a Izquierda Unida) y su evolución desde el 20D hasta el último barómetro del CIS, análisis que queda reflejado en el cuadro siguiente:

AUTOPOSICIONAMIENTO IDEOLÓGICO

(escala de 1 –izquierda- a 10 –derecha)

% horizontales

FECHAS

PSOE

UNIDOS PODEMOS

1-2

3-4

5 y +

Media

1-2

3-4

5 y +

Media

20D 2015

9,6%

61,2%

20,3%

3,72

31,1%

54,2%

12,3%

3,00

26J 2016

10,4%

64,3%

18,7%

3,66

33,9%

52,6%

9,1%

2,86

Barómetro CIS 10/2016

10,3%

63,0%

19,0%

3,68

33,9%

51,7%

9,2%

2,84

Fuente: Elaboración propia a partir de los avances de los estudios 3145 (postelectoral 26J) y 3156 (barómetro de octubre) del CIS, publicados el 7/11/2016

El perfil de los votos perdidos por el conglomerado Unidos Podemos aparece bastante nítido: se trata de los votantes menos escorados hacia la izquierda, es decir los que se autodefinen entre el 3 y el 5 en la escala ideológica. La composición del electorado socialista, en cambio, apenas ha variado a lo largo de estos meses, de donde se infiere que la motivación de su fuga no responde (o al menos no tan claramente) a factores ideológicos sino de discrepancia conductual: rechazo al proceso de destitución de Pedro Sánchez y, sobre todo, al viraje hacia la abstención en la segunda votación de investidura (y la consiguiente facilitación de la permanencia de Rajoy en la Presidencia del Gobierno).

En otras palabras: el electorado de Unidos Podemos se ha ido escorando gradualmente hacia la izquierda, mientras el del PSOE se ha mantenido ideológicamente inalterado, pero cada vez más reducido en su número.

Todo ello viene a demostrar lo que ya anticipaba en mi artículo anterior, y es hoy una evidencia prácticamente incontrovertida para los analistas políticos: que hay una masa importante de votantes de izquierda que se encuentran en una especie de “tierra de nadie”, a los que he dado en llamar “náufragos”, puesto que se han ido cayendo (o bajando) de sus respectivos barcos y no han sido acogidos por el otro (o no se han querido subir a él). Se sienten ideológicamente identificados con las posiciones de izquierda, pero no encuentran una opción que canalice adecuadamente sus expectativas.

Una masa cuyas dimensiones exactas no me atrevo a calcular aún (a la espera de que acabe de consolidarse el drenaje del PSOE) aunque en una estimación a vuelapluma podría estar rondando en este momento entre los 2,5 y los 3 millones. En cualquier caso, una cifra suficientemente significativa como para que merezca la pena el esfuerzo de crear una oferta política a su medida, sobre todo teniendo en cuenta que, desde el punto de vista ideológico, podría ser relativamente homogénea.

Naturalmente, se trata de la situación a día de hoy, y no tiene por qué perpetuarse en el tiempo: estos náufragos pueden volver a sus barcos o subirse al otro; pero también puede suceder lo contrario, que el número de náufragos siga incrementándose exponencialmente, si a la crisis del PSOE (que puede derivar incluso en una escisión) viene a sumarse la que está germinando en Podemos (que a su vez puede dar origen a otra escisión).

En el primer caso dependerá de cómo resuelva el partido la cuadratura del círculo en la que se ha transformado el ejercicio de una labor de oposición creíble al Gobierno Rajoy después de haber facilitado su investidura, por una parte, y de la fecha y el resultado del Congreso Federal Extraordinario por otra.

En el segundo, todo queda al albur de lo que suceda en “Vistalegre II”, previsto para la próxima primavera, y en los escalones intermedios (empezando por la dirección de Podemos Madrid, que probablemente ya se conozca cuando se publiquen estas líneas).

Suponiendo que la situación actual se mantenga o incluso profundice (que me parece, en este momento, la hipótesis más probable), el rescate de los náufragos puede organizarse al menos de dos maneras, no necesariamente antagónicas sino más bien complementarias:

  • Construir un nuevo barco que dé cobijo a estos “náufragos”.
  • Construir una especie de puente entre ambos barcos, al que puedan encaramarse.

La primera opción me parece factible a relativamente corto plazo, y de hecho, aunque de forma aún muy incipiente, algunos ya estamos trabajando en ella. Es la que planteaba (entre otros) Fernando Sígler en su artículo ”Cómo llenar un vacío en la izquierda” (Infolibre, 1/11/2016), aunque (como el mismo Sígler reconoce) es probable que se vea obstaculizada por las dificultades que la actual legislación electoral interpone a las opciones políticas minoritarias (y la reforma legislativa que él plantea como condición necesaria para su desarrollo me parece poco viable, incluso con la actual composición del arco parlamentario).

El segundo es el que yo mismo proponía en “El espacio del NO”. Pero esta segunda vía es, probablemente, demasiado compleja a corto plazo, y se me ocurre que incluso para lograrla sería necesario pasar por la primera como etapa intermedia: es necesario dotar de un mínimo de organización a esta masa “náufraga”, susceptible de constituirse en el “pontón” intermedio del puente a tender entre ambos barcos.

En cualquier caso, la necesidad de construir al menos un “barco de salvamento marítimo” (electoral, pero también organizativo y social) que ofrezca rescate a estos “náufragos” de la izquierda me parece indispensable y urgente, antes de que se ahoguen en la pasividad o se acojan a alguno de los ya existentes (el de origen o el otro) como mal menor.

Los náufragos de la izquierda