sábado 11.07.2020

Hablemos del turismo o la fatal dependencia

La primera vez que viaje a Marruecos, hace ya algo más de treinta años, los niños no te dejaban andar por la calle ofreciéndose como “guías turísticos” y llevarte a visitar las medinas o comprar y cualquiera era representante de un puestecillo de artesanía. Personas más mayores y con la dignidad bereber, te pedían que no se hiciera pues miles de adolescentes dejaban de ir a la escuela para ganar unas fáciles monedas con los turistas. Toda una parábola aplicable al turismo español, solo que aquí los niños pedigüeños que dejan de estudiar son las Comunidades Autónomas, los ayuntamientos supuestamente turísticos y las patronales del sector.

En el franquismo, Manuel Fraga Iribarne inicio la cruzada del turismo e inventó a órdenes de Franco la industria turística ofreciendo un país muy pobre y muy barato pero con hermosas playas dispuestas a ser construidas y destruidas. Sol, camareros baratos, albañiles sin derechos sociales y menos sindicales, fueron puestos manos a la obra y junto con el clima mediterráneo se convirtieron en la base de la nueva riqueza nacional. Fraga incluso trató de conseguir la destrucción de la Dehesa del Saler en Valencia (la lengua de tierra que separa la Albufera del mar) al objeto de llenarla de ladrillo y hoteles, pero en pleno franquismo una fuerte oposición del pueblo valenciano se lo impidió. Fue un caso paradigmático de defensa popular de una joya de la naturaleza, pero ya con la democracia la comunidad valenciana ha sido ejemplo de lo contrario y de hecho revueltas como la de la defensa del Saler con la democracia incluso no solo no se han producido, sino que hemos asistido a multitud de casos de corrupción social generalizada que ha afectado a poblaciones enteras dispuestas a degradar su territorio a cambio de un desarrollo mal entendido que luego tan solo ha beneficiado a muy pocos, como siempre.

Con la crisis del Covid-19 el miedo también va a influir y es lógico. El turismo es miedoso y cualquier crisis lo ahuyenta y si no miremos a Egipto o varios destinas más del mundo árabe

La crisis desatada a raíz del coronavirus ha vuelto a poner al turismo en su sitio. Durante años se ha apostado por un crecimiento fácil, especulativo, con muy poco valor añadido y que no necesita mano de obra excesivamente cualificada a la que se paga mal y se le trata peor, si a esto le añadimos la crisis capitalista de 2008 y que el turismo como pasó con Franco ha sido lo que ha salvado por la campana a un país rentista y que no invierte en investigación todo ha llegado rodado.

El turismo no puede volver a ser lo que fue. Ni lo debe ser. Las instituciones políticas españolas, todas y sea cual sea su color deben dejar de engañarnos a todas y todos. El turismo es muy temeroso y volátil. Es pan para hoy (ayer) y hambre para mañana (hoy) el turismo es el desarrollo imprescindible para unas sociedades que han destruido su industria, despreciado su agricultura y olvidado la investigación, la sanidad y la enseñanza, como se ha hecho en el reino de España durante las últimas décadas de forma muy especial.

Seguir insistiendo con el turismo, solo indica falta de ideas, economía rentista y no innovadora y buscar lo fácil renunciando a la soberanía alimentaria y la producción sostenible y verde.

El turismo ha traído el ladrillo, la especulación de la vivienda y ha encarecido terriblemente las grandes ciudades vaciando sus centros e instalando la economía casi siempre en negro de los apartamentos y pisos turísticos. Ha destruido territorio, provocado incendios forestales por la voracidad de construir urbanizaciones cerca o en los propios bosques. Ha corrompido a poblaciones enteras. El turismo de estos últimos años ha destruido valores y conciencias.

El turismo llenó en cielo de aviones que han contribuido a destruir la capa de ozono. El turismo ha provocado la miseria y mercantilización cultural y banalizado tradiciones y fiestas populares.

La patronal turística y hostelera es la peor socialmente hablando y la que peor trata a sus trabajadoras y trabajadores, a los que ni podemos ni debemos engañar más. Las cosas van a cambiar mucho y cuando la patronal turística dice estar muy preocupada es por sacar dinero del presupuesto público, porque por ahora el modelo conocido va entrar en barrena.

Con la crisis del Covid-19 el miedo también va a influir y es lógico. El turismo es miedoso y cualquier crisis lo ahuyenta y si no miremos a Egipto o varios destinas más del mundo árabe, recientemente y a causa de varios atentados, lo cual por cierto ha beneficiado mucho al negocio europeo del sector.

Pero es que las ansias de algunas autonomías de iniciar ya la actividad y forzar como sea los viajes y llegadas de turistas, puede ser criminal. El Covid-19 ha viajado tan rápido porque lo ha hecho en avión ¿O no? No solo, pero veamos sino. Además en España los primeros casos detectados eran de turistas o personas que habían tenido contacto con viajeros. De hecho aunque los gobiernos, occidentales tan solo, no han dicho el porqué, pero entre sus primeras medidas las de cerrar vuelos han ido por delante.

Es el turismo es bueno, claro, pero mientras no destruya territorio, cemente playas, vacíe centros urbanos, encarezca la vivienda o sus trabajadoras y trabajadores sean precarios mal pagados en su mayoría. También el turismo interior puede provocar estos efectos negativos y de hecho los provoca,  e incluso extender el coronavirus como de hecho así ha ocurrido en territorios donde la pandemia tenía poca incidencia a causa de las tristemente famosas segundas residencias.

Hay vida más allá del turismo. La sanidad pública necesita miles de nuevos empleos, las residencias de mayores que deben pasar a ser públicas necesitarán nuevos empleos, la educación requiere de más empleos. Hay que reindustrializar a este desierto industrial llamado España, que en estas últimas décadas se ha dedicado a deslocalizar su industria y abandonar su agricultura. La patronal privada ha destruido la industria textil, por ejemplo, no han sido los chinos, han sido los propios empresarios españoles ¿O caso miento? La misma patronal que ahora exige más ayudas para una actividad como la turística, muy tocada, pero que apoyó las deslocalizaciones o se convirtió de productora en importadora porqué así obtenían más beneficios sin tener que emplear a nadie o casi nadie, exige ahora ayudas y no pagar impuestos. Solo por poner el ejemplo de un sector y por no hablar de la metalurgia o la electrónica.

Ahora es la hora de buscar otro modelo de vida y que la soberanía alimentaria sea una prioridad y buscar nuevas industrias y nuevas energías. Nuevos modelos de transporte público más numeroso, efectivo y seguro, con más frecuencias, potenciando la bicicleta con carriles propios. Nuevas formas de vida y de consumo.

Pero aquí para muchos políticos catetos aunque sean de “Madriz” lo importante es abrir las tabernas, los apartamentos y más terrazas, terrazas por todas partes ocupando suelo público creado para andar y disfrutar la ciudad. Con estas personas al frente de las instituciones el hambre se va a extender en el Reino de España. Millones de paradas y parados sin esperanza en una suerte de país de “master chef” sin futuro.

Lo público, lo nacionalizado, el pequeño comercio, pymes y cooperativas, agricultura y ganadería, pesca y nuevas producciones más sostenibles son el futuro al menos inmediato y renta básica en lugar de tanto proteger la especulación, lo fácil y la destrucción de entornos urbanos, ruarles y marítimos. Lo que necesitamos la clase trabajadora es dejar de ser cobardes y depender de un capitalismo rentista y sus representantes.

Hablemos del turismo o la fatal dependencia