sábado. 20.07.2024

Matrimonios de conveniencia

Grecia reafirmó una realidad engorrosa para la izquierda occidental: las alternativas a las relaciones de poder hegemónicas son todavía un nicho por explorar.

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Grecia reafirmó una realidad engorrosa para la izquierda occidental: las alternativas a las relaciones de poder hegemónicas son todavía un nicho por explorar. Una oquedad sobre la que caer, levantarse, y quizá volverse a caer.

El país heleno revalidó el mandato de un Alexis Tsipras muy cuestionado en el progresismo europeo y de una Syriza escindida. Tras una serie de maniobras contradictorias del presidente griego, la convocatoria de elecciones anticipadas constituyó una maniobra política que entrañaba un enorme riesgo y de la cual ambos activos del “cambio” salieron respaldados.

En un contexto similar al del pasado enero, se hizo necesaria la búsqueda de un aliado para proceder a una mayoría parlamentario: una vez más, Anel, una formación de corte derechista, se tornó en la pata de gobierno necesaria para Tsipras. Pero, ¿por qué? Pedro Sánchez, en un subidón de jactancia, explica la encrucijada en una de las intervenciones intelectualoides a las que nos tiene acostumbrado.

Si asumimos que los “amigos” de Sánchez, el moribundo Pasok, obtuvo el 6,28% del sufragio, y razonamos que el paralelismo, de haberlo, de Falange en Grecia le correspondería a Amanecer Dorado, Anel queda fuera de este absurdo y engañoso juego de comparaciones.

A pesar de esto, concedámosle a nuestro amigo socioliberal la legitimidad de su duda: ¿por qué Syriza tiene un aliado de gobierno conservador y nacionalista? Para empezar, la coyuntura griega, caracterizada por la sucesión de memorándums, ha polarizado a la población en un eje diferente al tradicional: izquierda y derecha se muestran torpes para plasmar la realidad en el país. Esto explica el hecho de que el partido To Potami, autodefinido como izquierda moderada, preste un apoyo acrítico a los programas de ajuste, asumiendo la línea neoliberal que lidera Nueva Democracia.

De esta forma, Anel se encuadra en un conservadurismo referenciado por la defensa de las tradiciones, la Iglesia ortodoxa (que posee una autoridad incontestable) y la soberanía griega. En este último punto podemos encontrar un enlace con la idea de Syriza de recuperar un reducto de poder de decisión real para encarar la problemática de la deuda. Ambos partidos entienden esta como un elemento de extorsión; una herramienta política de expolio global y un instrumento financiero que, unido al clientelismo que caracteriza el aparato estatal griego, ahoga la viabilidad autónoma de Grecia.

Panos Kamenos, cabeza visible de los nacionalistas y aliado de Tsipras, fundó el partido en el 2012 tras haber pertenecido a Nueva Democracia. La oposición de una facción de esta formación a la intromisión de la tríada internacional en los asuntos internos griegos forzó la creación de Anel, que reniega de un programa de austeridad tan acentuado.

Uno de los factores que les corresponde a Syriza y Anel por igual, al tratarse de dos partidos pertenecientes al mismo panorama político, es la defensa de una identidad nacional férrea que se debe analizar con un cierto relativismo desde la realidad de nuestro país. El hecho fundacional de la nación griega es tenuemente joven, y esto, unido a una postura geopolítica de enorme complejidad y plagada de contradicciones, potencia el sentimiento identitario griego, compartido transversalmente por izquierda y derecha.

La Historia de Grecia también se caracteriza por la intromisión de potencias extranjeras, ya sea militar o implícitamente, en la vida sociopolítica del país. El actual papel de Alemania, con Merkel y Schäuble al frente, en la problemática financiera griega refuerza y actualiza esta idea. En efecto, Anel presente un marcado carácter anti-germano, más recalcado que la oposición frontal a la troika. 

Sí, de acuerdo, pero ¿en qué ha cedido el partido de Kamenos? En el marco del conservadurismo nacionalista que les caracteriza, Anel votó a favor de unos mínimos derechos LGTB, de un paquete de leyes de protección a la protesta y al manifestante, y a un registro de parejas de hecho. Entonces, ¿Syriza en qué ha claudicado? Tsipras ha puesto al frente del Ministerio de Defensa, el mayor lastre del ejecutivo griego, al propio Kamenos, lo que ha provocado poner de actualidad la desafección con Turquía. ¿Se trata, pues, de un balance equilibrado? No, desde luego, pero queda mucha legislatura por delante.

Cayendo en el riesgo de simplificación siempre presente en las comparaciones, la coalición Junts Pel Sí posee trazos de esta idea de jerarquización de prioridades: un principio superior justifica la alianza de fuerzas políticas de tradiciones ideológicas diferentes. 

El valioso hecho de poseer puntos de encuentro en lo prioritario en un contexto de crisis financiera, social y humanitaria refuerza el acatamiento de una cantidad ingente de antagonismos que, en el caso de Grecia, se difuminan en la falsa prolija dicotomización entre izquierda y derecha.

Personalmente, me disgusta este pacto de gobierno debido a la doctrina reaccionaria de Anel, al igual que lo hace el constatado hecho de que la izquierda griega no se signifique especialmente por el feminismo y la comunidad LGTB. Pero, en tiempos revueltos, quizá debamos abogar por la desdichada combinación de pragmatismo y una cierta resignación, potenciada por la cerrazón del KKE a ser partícipe de un proceso constructivo griego.

La intelectual belga Chantal Mouffe creía que “todo orden tiene su fundamento en la exclusión de otros órdenes posibles”. En otras palabras, la realidad constituye la expresión de un entendimiento particular de las relaciones de poder. Si Anel es el único actor dispuesto a dar su brazo a torcer en los grandes desafíos que encara la ciudadanía griega, bienvenido sea. Después de todo, ¿qué tienen de malo los matrimonios de conveniencia?

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