lunes 30/11/20

Una vez más, Cataluña es el obstáculo que impide la formación de un nuevo gobierno

En mi colaboración en este medio de comunicación el problema de Cataluña, que también es español, ha sido el que más me ha ocupado y preocupado. Y también en otros medios, como El Periódico de Aragón. Obviamente, porque considero que este problema es de una extraordinaria importancia y gravedad. Probablemente el de mayor calado político desde la guerra civil. ¿O no lo es que más de 2 millones de catalanes como mínimo consideran que Cataluña es una nación, y que por ello, aspiran con toda legitimidad a tener un Estado propio, aunque la legalidad vigente no lo permite? Pero, esos más de 2 millones de catalanes  no pueden ser criminalizados ni considerados unos delincuentes, como pretenden algunos políticos y medios. Decía Roosevelt que “no puede haber leyes que convierta en delincuente a una parte de la sociedad”. Si sitúas fuera de la ley a dos millones de personas, hay un problema con la ley. Hay un nexo que se rompe entre democracia y ley.  

Ante este problema de articulación territorial, yo no me resigno a la postura de Ortega y Gasset de la  “conllevancia”. Naturalmente que es compleja su resolución. Mas, ¿para qué está la política? Por ello, me inclino por la postura de Azaña expresada en su discurso sobre el Estatuto de Cataluña de 27 de mayo de 1932: “Cataluña dice, los catalanes dicen: “Queremos vivir de otra manera dentro del Estado español”. La pretensión es legítima. Este es el problema y no otro alguno. Se me diráque el problema es difícil, ¡Ah!, yo no sé si es difícil o fácil, eso no lo sé; pero nuestro deber es resolverlo, sea difícil, sea fácil. Se podría suprimir el problema, de dos maneras. Una, como quieren los extremistas de allá y de acá: separando a Cataluña de España; pero esto, sin que fuese seguro que Cataluña cumpliese su destino, dejaría a España frustrada en su propio destino. Y la otra sería aplastar a Cataluña, con lo cual, sobre desarraigar del suelo español una planta vital, España quedaría frustrada en su interés y su justicia. Hay, pues, que resolverlo dentro de los cauces políticos”. Son palabras de una claridad meridiana, que deberían leer y reflexionar nuestros políticos, aunque reconozco que el contexto es distinto. Pero, lo que está claro que un problema no se soluciona, ocultándolo. Todavía más, al ocultarlo, de esto sabe mucho la derecha española y parte de la izquierda, en numerosas ocasiones se enquista. Recurro de nuevo a Azaña: “Todos los problemas políticos, señores diputados, tienen un punto de madurez, antes del cual están ácidos; después, pasado ese punto, se corrompen, se pudren”. 

A solo unos aproximadamente 30 días de que acabe el plazo para unas nuevas elecciones, el PSOE ha expresado sus discrepancias en cuestiones de Estado para justificar su rechazo a una coalición con Unidas Podemos. En especial con Cataluña

se ha corrompido y podrido como consecuencia de un inexplicable autismo político de nuestra clase dirigente.  Un ejemplo. Como señala Luisa Elena Delgado, profesora de Literatura Española, Teoría Cultural y Literaria, y Estudios de Género en la Universidad de Illinois en su artículo La nación (in)vertebrada y la crisis de la modernidad democrática (2014), en el discurso pronunciado por Juan Carlos I el 22 de noviembre de 2000 en el Congreso de los Diputados ante las Cortes Generales con motivo de su proclamación como Rey dijo: “En este último cuarto de siglo España se ha enfrentado con ilusión de futuro, con valentía y madurez a la resolución de viejos problemas históricos y los ha superado, particularmente el de su articulación territorial”. Ignoro quién le redactó el discurso, pero quien lo hizo se cubrió de gloria, ya que fue pronunciado unas horas después del asesinato en Barcelona por parte de ETA del exministro socialista, catedrático y escritor  Ernest Lluch. Y también dio muestras de sus virtudes proféticas, si nos detenemos con el problema catalán.

Continua Luisa Elena Delgado, “En verdad, no sólo la “articulación de la nación”, sigue siendo un tema candente en el Estado español, sino que su importancia es tal que no puede haber un acercamiento a los debates políticos culturales españoles que de una manera u otra no lo tenga en consideración… El análisis más somero de la producción ensayística e historiográfica del Estado español no deja muchas dudas sobre la imposibilidad de argüir que se vive un momento “postnacional”. Sea para cuestionarla, negarla, afirmarla, definirla o situarla como telón de fondo de otros conflictos, los intelectuales españoles vuelven una y otra vez su atención crítica a la nación”. 

Y el problema se pudrió, y se corrompió además de por la irresponsabilidad de buena parte de nuestra clase política, que se sirvió de él para fines electorales, también por los medios de comunicación. Los medios de comunicación de acá y de allá, salvo algunas rarísimas excepciones, también han tenido y tienen su grado muy alto de responsabilidad en el recrudecimiento del problema catalán, ya que ni antes ni ahora han contribuido  a propiciar el diálogo, que es el instrumento básico para resolver los problemas políticos. Muy al contrario, han contribuido irresponsablemente a agravarlo. Ha habido un periodismo de trincheras. Y siguen las trincheras todavía más profundas. Y bandos irreconciliables. Hay que alinearse con el pensamiento dominante. Es un periodismo como el NODO, de blanco o negro. Muchos periodistas apuntan al objetivo y disparan. Al estar en posesión absoluta de la verdad,  no hay concesión para el que piensa diferente. Dicen a su audiencia lo que esta quiere oír. Toda posibilidad de tender puentes es dinamitada a cañonazos verbales.

Hubo momentos que todavía se hubiera podido encauzar de una manera razonable, y así contener la expansión del independentismo, que roza hoy el 48% del electorado catalán. Me fijaré en un hecho y una fecha concreta. El 26 de noviembre de 2009 se publicó una editorial por parte de 12 periódicos catalanes, La Dignidad de Cataluñaa la que se sumaron emisoras de radio, y numerosas personas e instituciones de la sociedad civil catalana. A tal circunstancia dediqué dos artículos en El Periódico de Aragón, uno con el mismo título La dignidad de Cataluña de 28-11-2009, el otro titulado La impaciencia de Cataluña, de 26-4-2010. Del primero expongo la parte fundamental. “Este escrito tan consensuado en las entrañas de la sociedad civil catalana, se generó por la tardanza desde el Tribunal Constitucional a responder al recurso de anticonstitucionalidad, interpuesto por el PP, el Defensor del Pueblo, y las Comunidades Autónomas de Murcia, La Rioja, Aragón, la Comunidad Valenciana y las Illes Balears, contra el nuevo Estatuto de Cataluña, promulgado el 20 de julio del 2006 por el Jefe del Estado, rey Juan Carlos aprobado por el Parlament, con el visto bueno de las Cortes españolas, y ratificado en referéndum. La editorial manifestó una profunda preocupación, algo totalmente democrático, porque el TC pudiera dictar una sentencia que recortase el Estatuto, en aspectos como la desaparición del término nación en el preámbulo del Estatut, con la consiguiente emanación de "símbolos nacionales"; el derecho y el deber de conocer la lengua catalana; la articulación del Poder Judicial en Cataluña, y las relaciones entre el Estado y la Generalitat. Mostró su preocupación porque una parte significativa del tribunal parecía estar optando por posiciones irreductibles. Seguía diciendo, no nos confundamos, el dilema real es avance o retroceso; aceptación de la madurez democrática de una España plural, o el bloqueo de esta. No sólo están en juego este o aquel artículo, está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición. Hay preocupación en Cataluña y es preciso que toda España lo sepa. Hay algo más que preocupación. Hay un creciente hartazgo por tener que soportar la mirada airada de quienes siguen percibiendo la identidad catalana (instituciones, estructura económica, idioma y tradición cultural) como el defecto de fabricación que impide a España alcanzar una soñada e imposible uniformidad. Los catalanes pagan sus impuestos (sin privilegio foral); contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre; afrontan la internacionalización económica sin los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado; hablan una lengua que en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio desde el españolismo oficial, y acatan las leyes. Estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa. No deseamos presuponer un desenlace negativo y confiamos en la probidad de los jueces, pero nadie que conozca Cataluña pondrá en duda que el reconocimiento de la identidad, la mejora del autogobierno, la obtención de una financiación justa y un salto cualitativo en la gestión de las infraestructuras son y seguirán siendo reclamaciones con amplio apoyo político y social. Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable”.  Se hizo caso omiso del sentir catalán, que en esos momentos tal como acabo de subrayar no planteaba la independencia, salvo una minoría. Los acontecimientos posteriores son más conocidos, que para lo único que han servido es para agravar más el problema. La irresponsabilidad de los líderes independentistas. Insisto la irresponsabilidad de los líderes independentistas. Los acontecimientos lamentables del 1º de octubre de 2017, que pudimos ver muchos españoles, la aplicación del 155. La judicialización de un problema político. Cada vez más independentistas. 

Y este problema está hoy tan intrincado que las fuerzas políticas de carácter estatal, salvo Unidas Podemos, no saben cómo abordarlo. Y es precisamente este problema el que hace muy complicado la formación de un nuevo gobierno, por lo que unas nuevas elecciones son más que probables, como ya ocurrió el 26-J de 2016. Para explicar tal repetición publiqué aquí mismo un artículo titulado La razón auténtica, aunque oculta, de la repetición de las elecciones del 26-J. Expuse unos argumentos entonces que son válidos hoy, y que no viene mal recordar. Señalaba quela conversión del catalanismo, anteriormente representado por CIU, al independentismo con la nueva denominación de DL, ha impedido la formación de un gobierno. En las legislaturas anteriores, tanto el PSOE como el PP pudieron formar gobierno contando con el partido bisagra de CIU. Si CIU no se hubiera convertido en DL, hubiera sido factible un gobierno de PP-Cs y CIU, ya que hubieran sumado 171 escaños, que con PNV y CC hubieran tenido mayoría absoluta.Igualmente con la Esquerra del 2004, que apoyó la investidura de Rodríguez Zapatero en 2004, se hubiera podido formar un gobierno ya que PSOE-Podemos con mareas y Compromís, Unidad Popular, Esquerra, Bildu hubieran alcanzado 172 diputados, a los que se podrían haber sumado PNV. Parece claro que la repetición de las elecciones el 26-J tiene que ver con la cuestión catalana. El dato es evidente, cuando el catalanismo ha dejado de serlo, entendido como implicación en el destino de España, el sistema constitucional de 1978 se ha visto sometido a una profunda crisis. Por primera vez en la democracia española los partidos políticos han sido incapaces de formar gobierno. Y tal circunstancia, es curioso, ha coincidido con el proceso soberanista catalán. Proceso que continua candente, por lo que la repetición de las elecciones insisto es más que probable. 

A solo unos aproximadamente 30 días de que acabe el plazo para unas nuevas elecciones, el PSOE ha expresado sus discrepancias en cuestiones de Estado para justificar su rechazo a una coalición con Unidas Podemos. En especial con Cataluña. Las diferencias sobre la forma de resolver la crisis territorial -cuando se aproximan unos meses especialmente intensos por la sentencia del procés- alejan a Sánchez e Iglesias. El PSOE, que propone la reforma del Estatut, desconfía pese a que Unidas Podemos ya no defiende la celebración de un referéndum de autodeterminación. Las alusiones a los dirigentes independentistas encarcelados como “presos políticos” siguen pesando, a pesar de que Iglesias se ha mostrado dispuesto a asumir la estrategia del PSOE en Cataluña. Y siendo este tema crucial, no deja de sorprender que en el debate de investidura pasó prácticamente desapercibido.

He expresado mi opinión en diferentes ocasiones aquí mi visión de una posible solución al problema de Cataluña. Aun reconociendo las extraordinarias dificultades, entiendo que la única manera de saber cuántos catalanes consideran que Cataluña es una nación, es a través de un referéndum pactado, que es lo que quieren 8 de cada 10 catalanes. Y no olvidemos que también muchos españoles del resto del Estado. La Ley de Claridad de Canadá podría servir de modelo. Considero que en un periodo más o menos largo habrá que hacerlo para desenredar este nudo. Y si no se desenreda, la inestabilidad política española se mantendrá. Pero mucho me temo que por parte del Estado nunca se permitirá un referéndum que pueda cuestionar la sacrosanta indisolubilidad de la nación española. Y utilizará todos los medios, insisto todos,  que estén a su alcance para evitar la secesión de Cataluña. A tal efecto me parece oportuno recordar las últimas palabras de un artículo personal de 16-08-2014 titulado España es mucha España. Ahí van:

Según un esclarecedor artículo de José Antonio Zarzalejos" Qué coño es la UDEF? El Estado, señor Pujol". A Pujol se le consintió este continuo comportamiento corrupto mientras se instaló en la política de "la puta y la Ramoneta", es decir, en una tolerable ambigüedad que no amenazaba la integridad del Estado. Pero cuando decidió hacerse independentista y respaldó a Artur Mas en su misión de vanguardia del secesionismo, el Estado ha dicho "hasta aquí hemos llegado". El Estado le ha hecho al que fuera Molt Honorableun traje a la medida. Porque para enfrentarse al Estado, retándolo, hay que estar limpio como una patena. Cuando Pujol se preguntó retórica y públicamente "¿Qué coño es la UDEF?", alguien debió contestarle: es el Estado, señor Pujol, que le está tomando la matrícula para ver si usted y tras de usted otros tienen autoridad moral para atentar contra su integridad. España está débil y padece muchas patologías pero el Estado se defiende cuando ve que está siendo atacado. Los políticos secesionistas de Cataluña pecaron de ingenuidad y además de imprudencia. No sabían con quién se la estaban jugando. El independentismo se planteó desde Barcelona como una partida de mus sin cartas ganadoras. Y así no se hace política de ruptura de un Estado con siglos de historia. Alguien le dijo a Pujol "confiese" y debió ser muy persuasivo porque se ha suicidado políticamente, ha destrozado a su partido, además de dejar noqueados a su delfín y a una buena parte de la sociedad catalana. Es todo un aviso a navegantes. Si el Estado ha podido con Pujol, también podrá con otros. Se ha acabado la ilusión popular del Viatge a Ítaca(un poema de Kavafis y cantado por Lluís Llach). A partir de ahora hay que temer a los lestrigones, los cíclopes y al colérico Poseidón”.

Una vez más, Cataluña es el obstáculo que impide la formación de un nuevo gobierno