Miércoles 19.06.2019

Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible

Cualquiera medianamente conocedor de la historia de Cataluña debe saber que esta comunidad tiene una identidad en el más amplio sentido de la palabra muy definida

En un aviso a navegantes despistados y malintencionados, que abundan en grandes cantidades por esta España nuestra, quiero manifestar que no soy independentista y que rechazo con contundencia las actuaciones ilegales del Govern a partir del 6 y 7 de septiembre y fechas posteriores. Lo que no es óbice que trate de expresar mi opinión sobre los resultados electorales del 21-D y una breve previsión cara el futuro. Insisto no soy independentista. Pero considero que la realización de un referéndum pactado y legal, es la única opción posible para salir de este túnel de una manera razonable. La ley de Claridad canadiense podría servir de modelo. ¿Está claro? Este puñetero país no es propenso para los matices. O blanco o negro. ¡Qué bien nos conocía Azaña! Cara o cruz, muerte o vida, resalto brusco, granito emergente de la arena.

Tras este breve prólogo voy al grano. Yo no sé quién pudo llegar a pensar que estas elecciones del 21-D en Cataluña iban a suponer un triunfo apabullante de los partidos llamados “constitucionalistas”, y en consecuencia un retroceso irreversible de los partidos independentistas. Llegar a pensar así, es una muestra clara del desconocimiento de la sociedad catalana.

Cualquiera medianamente conocedor de la historia de Cataluña debe saber que esta comunidad tiene una identidad en el más amplio sentido de la palabra muy definida. Hasta tal punto que el sentimiento de nación está muy arraigado, y  que por ello valora y defiende profundamente su lengua, su cultura, sus instituciones…

Los decisiones lamentables tomadas por el Govern de la Generalitat el 6 y 7 de septiembre pasado no tienen justificación posible, al haber atacado frontalmente la legislación vigente dentro de un Estado de Derecho. Ya las he condenado dos veces con claridad. Es probable, mejor seguro que habrá alguno que tras la lectura de estas líneas dirá que defiendo el independentismo. Luego vinieron hechos como los que siguen: las imágenes del 1-O; el decreto para facilitar la huida de empresas, que desde la mayoría de los medios de comunicación eran contabilizadas como si fuera una competición deportiva “ya han salido más de 1.000”; la puesta en marcha del artículo 155, vitoreada su aprobación con gran euforia y regocijo, como auténticos forofos, por los senadores del PP en el Senado- tal hecho no era motivo de alegría sino de profunda tristeza-; el encarcelamiento de políticos independentistas: o frases como “Mariano Rajoy, ha conseguido que ERC y Junts per Catalunya “no tengan líderes porque están descabezados”. Con estas actuaciones, además de otras, era muy complicado un retroceso importante del independentismo. Me limito a explicar este hecho.

Además de lo expuesto, los titulares y editoriales de muchos periódicos del resto de España, especialmente capitalinos, hacia todo lo vinculado con el independentismo ha sido de una dureza implacable y de una  incontinencia despectiva sobrecogedoras, y de una visión uniforme de España, que han calado en buena parte de la sociedad española. En un artículo de este mismo periódico titulado El odio de “El País”¿tiene cura? Víctor Moreno señala que en una editorial reciente de El País, con motivo de la manifestación de independentistas catalanes en Bélgica, se podía leer “el separatismo pasea su odio a España por las calles de Bruselas”. Sustituir el deseo político de cuarenta mil personas por el odio solo cabe en una mente muy retorcida. ¿Cuarenta mil personas odiando al unísono?”. En el párrafo final Víctor Moreno se hace una dramática pregunta: “¿tiene cura el odio de los independentistas catalanes hacia España? Por supuesto. ¿Cómo? Dejándolos ser lo que, diantres, quieran ser por vías democráticas. ¿Y el odio de El País hacia los independentistas catalanes? No sé, pero su obsesión por el tema catalán raya en fanatismo. ¿Quieres decir, fanatismo español? Para nada. El español jamás odia y nunca es fanático".

Por supuesto para esos medios, ninguna concesión con el independentismo, eso sería claudicación, para desbloquear un problema político, que explotó por la actuación ilegal del Govern el 6 y 7 de septiembre, pero que tampoco había que olvidar la crisis iniciada por el recurso contra el Estatut. Esta sociedad nuestra en muchas ocasiones síntomas preocupantes de Alzheimer. Ya se cuidan de ello los medios. El objetivo ha sido muy claro: no sólo humillar sino machacar al independentismo, forzando al máximo la ley. De ahí que la opción política única y preferida por esos medios, encabezada por El País ha sido la del frentismo en lugar de la de tender puentes. Un claro ejemplo ha sido la campaña de apoyo incondicional a la candidatura de Inés Arrimadas. ¿Cuál es la procedencia de la financiación del partido de Cs? Pero es claro que la opción del Cs no podía ni puede servir como solución para el problema político de Cataluña. Muy al contrario. Porque es tan nacionalista como la independentista. Cuanto más radical es el nacionalismo, ahora independentista, más crece Cs, que muestra una clara sintonía con FAES. Ambos nacionalismos se retroalimentan.

En cambio aquellas opciones antifrentistas, dialogantes -sin diálogo es una utopía la solución de un problema político de tal envergadura- han recibido escaso apoyo mediático, como en el caso de Miquel Iceta; y en el de Xavier Doménech, no solo no ha recibido apoyo alguno, sino que ha sido atacada injusta y brutalmente con el mantra de la susodicha ambigüedad. En consecuencia, los dos políticos más preparados y capaces para una salida dialogada han quedado reducidos electoralmente a un papel secundario. De ahí la instalación del frentismo puro y duro. Sin concesión alguna. Perfecto. Lo que hace prever unas perspectivas poco halagüeñas para restañar las profundas heridas y posibilitar la convivencia en una tierra, con la que he tenido y tengo grandes vínculos afectivos.

Confío ardientemente que el próximo año esté problema esté resuelto de una manera razonable. Como señala López Burniol “La metodología debería ser, tendría que ser: la ley como marco, la política como tarea y la palabra como instrumento”.

No quiero terminar estas líneas sin despedirme de mis lectores, que han tenido la paciencia de leerme y espero que la sigan teniendo, deseándoles un venturoso Año Nuevo con una para mí preciosa y bellísima poesía del gran poeta León Felipe titulada Esto es todo lo que deseo para ti:

“Felicidad: Muy dentro de ti.
Serenidad: En cada amanecer.
Éxito: En cada faceta de tu vida.
Amigos: Muy cercanos y pendientes de ti.
Amor: Que siempre fluya de tu interior.
Conocimiento: De la gracia y el amor de Dios.
Recuerdos especiales: De todo el ayer.
Un brillante hoy: Con mucho por lo cual agradecer.
Un camino: Que te lleve a un hermoso mañana.
Sueños: Para que se conviertan en realidad.
Y gratitud: Por todas las maravillosas cosas a tu alrededor.”

Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible