jueves 18.07.2019

El déficit democrático de la U.E. no es fortuito, sino necesario. Es todo un activo

A nivel político la UE no es una democracia. Así de claro. Se ha dicho muchas veces que la UE no superaría una examen de funcionamiento democrático a que somete a los estados candidatos a integrarse en ella. Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia en diciembre del 2013 en el IV Pleno del Congreso del Partido de la Izquierda Europea dijo: " Una Europa que languidece, abatida, ensimismada y satisfecha de sí misma, hasta cierto punto apática y cansada. Atrás ha quedado la Europa de las luces, de las revueltas, de las revoluciones. "No es el pueblo europeo el que ha perdido la virtud ni la esperanza, porque la Europa a la que me refiero no es la de los pueblos". Esa, "está silenciada, asfixiada" y "la única Europa que vemos es la de los grandes consorcios, la Europa neoliberal, la de los mercados y no la del trabajo". "Una democracia sin esperanza y sin fe, es una democracia derrotada. Una democracia fosilizada. En sentido estricto, no es una democracia". 

Tal como ha señalado Marc Peguera en el artículo El mito de la Europa democrática,  desde su inicio la integración europea ha sido un proyecto elitista. La participación popular no se ha tenido en cuenta y hoy es una mera apariencia, siempre sometida a los intereses de unas élites. Tanto sus padres fundadores como quienes la imaginaron, pensaron y diseñaron formaban parte de las élites políticas, económicas y aristocráticas. En  el proyecto inicial de integración basado en un acuerdo comercial franco-alemán los ciudadanos no tuvieron voz ni voto. De hecho, como ha recordado Perry Anderson, la figura central en el nacimiento de la integración europea, Jean Monnet, «era una figura ajena al proceso democrático (…). Nunca se dirigió a una multitud ni se presentó a unas elecciones. Evitaba cualquier contacto directo con el electorado y se limitaba a trabajar exclusivamente con las élites». La primera consulta a la ciudadanía no llegó hasta el referéndum británico del 5 de Junio de 1975, dos años después de la entrada del Reino Unido en la entonces llamada Comunidad Económica Europea (CEE).

Existe un extraordinario artículo de una contundencia apabullante para desmontar la existencia de la democracia en la UE. Se trata de Se vende democracia de Kristin Ross, del que expongo las ideas fundamentales. En junio de 2008, los irlandeses rechazaron en  referéndum la Constitución europea. Uno de sus principales autores del tratado, Valéry Giscard d’Estaing, trabajo por el que fue ampliamente recompensado económicamente, admitió con una gran desfachatez que la versión inglesa del texto y con 312 páginas en este idioma, apenas había sufrido revisión alguna respecto al documento que habían rechazado en años anteriores los franceses y holandeses, cuando fueron consultados en referéndum. “Los instrumentos son exactamente los mismos. El orden es la única caja de herramientas”.  O lo que es lo mismo, se sometió a votación el mismo tratado, aun sabiendo que lo habían rechazado franceses y holandeses. Ahora, como señalaban los grandes medios de comunicación, se cernía en torno a la consulta irlandesa la sombra de una “anomalía” en la Constitución irlandesa, ya que ésta les daba derecho a manifestarse sobre tal tratado en votación popular, cuando los demás países, entre los que estaban ahora Francia y Holanda, traspasaban la decisión a sus diputados. Tal “anomalía” irlandesa era vista como una oportunidad peligrosa para que se deslizase por derroteros irracionales y destructivos. Pocos días antes de la convocatoria, el ministro de Asuntos Exteriores francés, Bernard Kouchner, tuvo la osadía de dejar claro a los irlandeses de que debían votar afirmativamente en agradecimiento a los favores que les había hecho Europa. Se suponía que el referéndum sería un mero trámite. Sin embargo, los irlandeses decidieron considerar que estaban ante un auténtico ejercicio democrático y rechazaron el tratado. Los funcionarios de la UE atribuyeron con prontitud la responsabilidad del “No” al populismo.  Nada nuevo. Insistieron que era obligado instar a los irlandeses a una nueva votación, hasta que saliera el “Sí”. Giscard el europeísta convencido: “Es preciso que los irlandeses tengan la posibilidad de expresarse otra vez”. Y efectivamente se les dio la oportunidad con el resultado esperado por las élites.

Lo expuesto es evidente de que la democracia en la UE es un simulacro. Pero insistamos un poco más, por si alguno todavía no tiene clara está auténtica des-democratización de la UE. Josep Mª Vallés en otro no menos contundente artículo de los ya citados, el titulado ¿Regeneración democrática sin contexto? Condiciones socioeconómicas y culturales para un cambio difícil, nos señala que en la UE son órganos y personal no electos los que toman las decisiones básicas que se adoptan con escasa publicidad y transparencia: el paradigma es el BCE, aunque ni la presidencia del Consejo ni de la Comisión-ni tampoco los comisarios- gozan de refrendo electoral directo. No se estructura una oposición organizada al Ejecutivo de la UE como medio de control. Sin embargo sus órganos de decisión  son muy permeables a los grupos de interés, lobbies y representantes de grandes grupos empresariales. Pondré algunos ejemplos de tal circunstancia.

Existe un informe Guerras de Frontera. Los fabricantes y vendedores de armas que se benefician de la tragedia de los refugiados en Europa, de Mark Akkerman, publicado por Centre Delás D`Estudis per la Pau, Stop Wapenhandel y Transnational Institute. El título es explícito. De este drama humano extraen pingües beneficios determinadas empresas de defensa y seguridad como Airbus, Finmeccanica, Thales y Safran, que proporcionan el equipo a los guardias, la tecnología de vigilancia para las fronteras y la infraestructura tecnológica para el seguimiento de los movimientos de población. Mas, hay un aspecto perverso en esta situación. Las compañías citadas y beneficiadas de los contratos de seguridad en las fronteras son algunas de las mayores vendedoras de armas a la región de Oriente Medio y el Norte de África, alimentando el conflicto que es la causa de muchos de los refugiados. En otras palabras: las compañías que están creando la crisis después se benefician de ella. La facilidad para procurarse armas no ayuda a impedir que el conflicto se apague. Y no hay precisamente escasez de ellas en estas regiones. Los países de Oriente Medio están entre los mayores compradores del mundo. Los EEUU y los países de la UE son sus principales proveedores. En la década de 2005 a 2014, los Estados miembros de la UE otorgaron licencias de exportación de armas a Oriente Medio y al Norte de África por más de 82.000 millones de euros. El mercado de la seguridad fronteriza está en pleno auge en la UE. Se estima en unos 15.000 millones de euros en 2015 y se prevé que aumente hasta superar los 29.000 millones de euros anuales en 2022. La industria de las armas y de la seguridad ayuda a determinar las políticas europeas de seguridad fronteriza a través de grupos de presión (lobbys). La Organización Europea para la Seguridad (EOS), de la que forman parte Thales, Finmeccanica y Airbus, ha sido muy activa defendiendo el incremento de la seguridad fronteriza.

En la Junta de Accionistas del Banco Santander, Santander, 22 de marzo de 2013 un representante del Centre Delàs D’Estudis per la Pau, Albert Sales dijo, como bien saben, el Banco Central Europeo otorga crédito a bajo interés a las entidades financieras privadas, con el objetivo declarado de garantizar el flujo de crédito a la economía real, es decir, a empresas y familias. Es conocido, por ser un dato público, que el Banco Santander había recibido hasta finales de 2012, 62.608 millones de euros. También puede comprobar cualquier ciudadano o ciudadana que lo desee, que este banco dedicó durante 2011, 41.807 millones de euros a la compra de títulos de deuda pública. Sin duda se trata de un negocio redondo y exento de riesgo por el cual esta entidad habrá obtenido y obtendrá interesantes beneficios.

El BCE acaba de prestar 233.000 millones de euros a las entidades financieras al 0% de interés, a cuatro años. Pero si los bancos prestan suficiente a la economía real, el tipo de interés que paguen será negativo, es decir el BCE les dará dinero.

Retorno a las ideas del artículo de Josep Mª Vallés. En relación a los debates sobre el déficit democrático de la UE existen dos posturas claras y contrapuestas: la que ve en tal déficit una anomalía fortuita y curable, y la que lo considera como algo en absoluto fortuito, sino perfectamente diseñado y pensado. En el primer caso, cabría la posibilidad de corregirlo, con una movilización transestatal de aquellos que tengan la intención de tal corrección. Los intentos, si los ha habido, han sido irrelevantes, tal como estamos constatando en el funcionamiento institucional de la UE.

En el segundo caso, el déficit democrático no solo no es negativo, sino que es funcional y necesario, para librarse del  control directo de la ciudadanía sobre las grandes decisiones políticas. En definitiva, de lo que se trataría es poner a salvo de dicho control la puesta en marcha del proyecto liberal de integración económica y financiera sin cargar con el lastre de llevar  a cabo políticas redistributivas de carácter social. En este proyecto, el mecanismo de toma de decisiones en la UE tiene una doble finalidad: deja las grandes decisiones políticas en manos de los expertos, los tecnócratas, que no deben someterse a ningún examen electoral y exime a las élites estatales de responsabilizarse de la impopularidad de unas decisiones que proceden de unas instancias superiores, y que inexorablemente tienen que ser puestas en práctica, ya que de no hacerlo podrían sobrevenir grandes quebrantos económicos para toda la sociedad en su conjunto. Se ha consumado así plenamente la des-democratización de  las grandes decisiones políticas de las que ninguna instancia electiva se responsabiliza: ni las de los estados porque las han transferido a la UE, ni las del UE porque las toman órganos comunitarios-sobre todo el BCE- alejados de toda responsabilidad electoral ante la ciudadanía.

Como conclusión, el déficit democrático de la UE, por tanto, no sería tal. Por el contrario, es todo un activo.

El déficit democrático de la U.E. no es fortuito, sino necesario. Es todo un activo