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viernes. 01.07.2022

Tomas Gómez, un líder de serie B

NUEVATRIBUNA.ES - 6.9.2010“Apañadito, serio, con talentos pero sin garra, un líder de serie B”. Así caracterizaba Jiménez Losantos en el mes de mayo a Tomás Gómez. Hoy ya no. Hoy es un líder que “ha crecido y que ha mostrado redaños al enfrentarse a Zapatero”.
NUEVATRIBUNA.ES - 6.9.2010

“Apañadito, serio, con talentos pero sin garra, un líder de serie B”. Así caracterizaba Jiménez Losantos en el mes de mayo a Tomás Gómez. Hoy ya no. Hoy es un líder que “ha crecido y que ha mostrado redaños al enfrentarse a Zapatero”. No es, desde luego, Losantos un sociólogo neutral al que la izquierda deba tener presente en sus análisis, de ninguna manera… a no ser que veamos en él los ojitos y los intereses de Esperanza Aguirre.

Pero vayamos al fondo del asunto que no es otro que la debilidad de las izquierdas en nuestra Comunidad. Y es que el reto no es fácil. Madrid, como Valencia, es el escenario en el que la izquierda se juega su estrategia futura. Es aquí, donde su proyecto se confronta claramente con la utopías de las clases medias, donde la crisis económica va a propiciar corrimientos sociológicos de importancia, acentuando su reclamo de salidas individualistas y privadas o su retorno a la demanda de servicios públicos de calidad, donde su supuesta “moderación” se pondrá a prueba al tener que optar entre soluciones populistas de derecha, con el rechazo irracional a la inmigración y a los sindicatos como cabezas de turco, o las propuestas de la izquierda democrática. Es aquí donde ésta debe construir un proyecto claro en el que el rigor económico, el urbanismo, la tolerancia, “el orden”, deben hacerse compatible con los equilibrios democráticos, los derechos sociales y la modernidad.

Pues bien, dicho esto, expuestos el tamaño y la dificultad de la tarea, el debate de las primarias en el PSOE ha puesto en evidencia muchas cosas. Y entre ellas, que Tomás Gómez, como secretario general del PSOE regional, no ha estado, hasta ahora, a la altura de las circunstancias, con un liderazgo orgánico incapaz de transformarse en liderazgo social. Más todavía: ha estado muy por debajo de los mínimos que se le requiere a un dirigente de izquierdas que tiene como tarea voltear una situación de grave crisis democrática como la que sufre Madrid.

Los que hemos tenido ocasión de seguirle -como meros ciudadanos, sin carnet, aspiraciones ni dependencias- y asistir a algunos de sus actos en los 3 años que lleva de Secretario General , podemos concluir que Tomás nunca ha mostrado un perfil claro, unas aristas políticas que confrontaran con la nítida y reconocible gestión ultraliberal de Esperanza o manirrota de Gallardón. Ni en sanidad ni en educación ni en presupuestos. Tampoco ha aprovechado ninguna de las múltiples ocasiones escandalosas en los que ha derivado su gestión: las diferencias “a muerte” entre el alcalde y la Presi, el sectarismo de ultraderecha de RTVM, la gestión maccartista del conflicto de sanidad en Leganés por no hablar del seguimiento y escuchas al vicealcalde Cobos o la corrupción galopante que impregna su gobierno. Cada uno de esos temas residen en el olvido ciudadano, desconectados unos de otros por la incapacidad de renovarlos y actualizarlos, sin que se hayan fijado en la retina social como señas de identidad de la peor derecha, sobre los que no ha mostrado nunca una estrategia clara y consistente, sólida y permanente.

En política económica, aunque hoy se revista de apoyo sindical, Tomás ha mostrado uno de los perfiles tecnocráticos más sosos del socialismo de hoy, impulsor y anticipo del peor Zapatero. Basta recordar su afirmación de que “bajar impuestos es de izquierdas” o su reclamo, antes que nadie, de la desaparición del Impuesto de Patrimonio. Se trata de idioteces presentadas como modernidad que la crisis ha vapuleado en pocos años, pero que no han merecido ni una corrección desde entonces ni una autocrítica. Incapaz, como muchos, de aprender de esta crisis, acaba diferenciándose solo en matices técnicos respecto a las propuestas de Esperanza, sin alternativas de fondo al modelo productivo que deberían ser más evidentes en Madrid, como capital financiera de España.

Tomás Gómez ha argumentado siempre que es muy difícil traspasar en Madrid la espesa capa de intereses mediáticos y la larga mano de Esperanza sobre ellos. Y es verdad. Por eso, resulta incomprensible su posición tan apocada con Telemadrid que le habría brindado coger la bandera de la profesionalidad e independencia del periodismo, siguiendo el esquema de RTVE. Lo mismo que resulta increíble su incapacidad de aprovechar el apoyo que en no pocos momentos le ha brindado PRISA. Lo que demuestra que no solo es una cuestión de medios conservadores, es que hay que tener un mensaje claro para que te hagan titulares. Y Tomás se ha mostrado casi siempre empequeñecido, con un horizonte limitado y una mirada local, pequeña, burocrática, mostrando un perfil de gestor profesional donde la situación le pedía alta política, sin capacidad de entrar en todos los debates nacionales, marcar diferencias, agrandarse.

Solo ha resucitado en esta batalla cuando la derecha le ha puesto el foco favorable, cuando ha empezado a formar parte de “los problemas de Zapatero para este trimestre”. Ahora, jugando al victimismo, sí es grande. Es verdad que tampoco Trinidad es un bombazo como candidata y puede que también se quede corta, pero su gestión en Sanidad le permite mirar de frente a Esperanza y acentuar sus debilidades.

En cualquier caso, las primarias son, con todo, una oportunidad para que el debate de los candidatos acentúe sus perfiles y se enriquezca, aunque sea mínimamente, el debate de las izquierdas hasta construir un programa que sea algo mejor que el que nos tienen acostumbrados. Y nos permita recuperar la Comunidad. Porque, si no es así, ¡que los dioses nos cojan confesados!

Ignacio Muro Benayas es economista y profesor de periodismo en la Universidad Carlos III. Autor de “Esta no es mi empresa” (Ecobook, 2008).

www.ignaciomuro.es


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