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sábado. 13.08.2022

Se llama "paranoia"

NUEVATRIBUNA.ES - 12.11.2009...De otra manera, resulta difícil explicar que alguien confunda la legítima labor de oposición de los políticos que no son de su cuerda con una conspiración mafiosa para asesinarle.
NUEVATRIBUNA.ES - 12.11.2009

...De otra manera, resulta difícil explicar que alguien confunda la legítima labor de oposición de los políticos que no son de su cuerda con una conspiración mafiosa para asesinarle.

El señor Camps ha de reconocer que hay suficientes indicios de conducta delictiva y de connivencia con la trama corrupta que están investigando jueces y policías como para que los representantes democráticamente elegidos por los valencianos se interesen por conocer sus explicaciones. Luego se verá si las sospechas se concretan en cargos y si las imputaciones se demuestran en un juicio. O si, por el contrario, el presidente de la Generalitat valenciana y del PPCV queda exculpado y limpio como una patena. Entretanto, el libre ejercicio del juego democrático nos obliga a interesarnos y a preguntar.

¿Que todo esto le pone nervioso, como ha dicho José Blanco? Lógico. No es para menos. Ahora bien, ¿qué extraña asociación de ideas ha inducido al 'president' a confundir la insistencia de la oposición en demandar respuestas con (y cito textualmente) "coger una camioneta, venirse de madrugada a mi casa y por la mañana aparecer yo boca abajo en una cuneta”? ¿En qué mundo se mueve? ¿Con qué clase de gente trata para llegar a semejante conclusión cuando se le lleva la contraria, máxime cuando ello ocurre en sede parlamentaria?

Que se sepa, por mucho que Gürtel esté enfangando la política española hasta el punto de que hayamos acuñado términos como "berlusconización", aún no hemos llegado a los extremos que soportan nuestros vecinos italianos, que tras años de lucha contra la mafia no acaban de librarse de las distorsiones que ha introducido en su sistema la pertinaz y constante penetración de los mafiosos. Salvo, claro está, que la Comunidad Valenciana sea realmente el pedazo de nuestro territorio en el que hayan hecho presa los halcones del hampa.

El diagnóstico de lo que le ocurre a Francisco Camps corresponde a los jueces, en primer lugar, y a los médicos si persiste en su estado de alteración mental y de confusión en la percepción de la realidad.

Entretanto, y rebuscando un poco, me he topado con la definición que un teórico moderno, Schneider (1923-1950), hizo de individuos que presentaban rasgos asociados con el estado paranoide y que él definió como "psicópatas fanáticos". Los dividió en dos tipos:

1) Los combativos: los activamente pendencieros con sus creencias falaces que se quejan muchísimo de las injusticias que con ellos se han cometido y que por su carácter litigante suelen perseguir el 'justo castigo.

2) Los excéntricos: son bastante suspicaces, hacen atribuciones a las intenciones de los demás y se sienten atraídos por creencias en sectas secretas y conspiraciones.

¿Les suena de algo?

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