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martes 24/5/22

Oficio: Electricista

En el terreno asociativo, los electricistas están, o estaban, muy bien organizados y quizás pecaban de cierto gremialismo...

En el terreno asociativo, los electricistas están, o estaban, muy bien organizados y quizás pecaban de cierto gremialismo. En Gran Bretaña, tuvieron que expulsar transitoriamente a su sindicato de la Confederación (TUC), por pasarse de aristocráticos  y pactistas. Por contra en México, el histórico SME aunque con igual pecado de corporativismo, fue acosado hasta su práctica extinción por haber conseguido, con su activismo sindical, “excesivas” mejoras para sus miembros.

No sé que pasa últimamente con los electricistas que, o los meten en la cárcel o están en ello. Antes el chispas era la elite de la obra o del taller, envidiado por ferrallas, paletas o soldadores. El cliente solía tratar peor al fontanero, al cual enseguida  tachaba injustamente (o no)  de chapuzas, que al electricista al que, tal vez por el respeto que da el calambrazo,  se le miraba con respeto:"es un profesional".  

Desde luego el de la catedral de Santiago de Compostela era un manitas. Aunque parecía más un carpintero porque  lo que le gustaba realmente era el cepillo de los frailes. Que todo hay que decirlo deben ser  unos hermosos cepillos: el electricista catedralicio los aligeraba a diario y de a poquito  y los pobres monjes sin notar nada.

Es normal que tardaran varios años en descubrirlo pues  parece que solo guindó algo seiscientos mil euros y pico. Amén Jesús de algún milloncejo de otras cajas  más o menos fuertes: calderilla comparado con lo que aun dejaba en los santos cajones y santísimos cepillos. 

A todo esto, dice la prensa, que el arzobispo de Santiago ha pedido este año ayudas extras  al Estado para trabajos en la catedral. ¡Pobriños!

Otro electricista en apuros, y no solo por estar jubilado, es el de Picasso, Pierre Le Guennec. Le acusan de haber sustraído unos cuadros del pintor mientras le arreglaba los enchufes hace la tira de años. La familia del genio malagueño duda que éste regalara a nadie su trabajo, pero sin embargo es un hecho probado que regaló valiosas obras a su peluquero Eugenio Arias.

Picasso, era muy rico, pero al fin y al cabo también era comunista (y yo tampoco replicó el malvado Salvador Dalí) y si fue generoso con el peluquero no hay que descartar que lo fuera con su electricista. Claro que el barbero Arias, mientras le afeitaba (pelos pocos podía cortar) se hizo amigo y colaborador del pintor al cual le divertía mucho su humor de pueblo: "Pablo los de Buitrago nos lavamos los huevos en el río Lozoya y luego el agua se la beben los madrileños".

Arias como buen hijo de la villa de Buitrago del Lozoya, antes de morir donó los cuadros y dibujos de Picasso y actualmente se exhiben en un pequeño museo municipal al lado de las murallas que albergaron o encerraron a la pobre Juana “la Beltraneja”. Si monsieur Le Guennec gana el pleito lo mismo cede los regalos picassianos a la municipalidad que le plazca. Ojalá.

Según me contó el poeta Marcos Ana, la famosa peluca con la que Santiago Carrillo entró clandestinamente en España en 1976 (no sé cómo le dejaron pasar de esa guisa) se la hizo el camarada Arias, al que, con toda seguridad afeitar barbas y cortar el pelo se le daba bastante mejor. 

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