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miércoles 25/5/22

Noche de transistores

El día 12 de Octubre de este año, fue sonado. Los avances tecnológicos habidos en los siglos XX y ahora XXI, en especial en el campo audiovisual, las 3D y todas las demás ofertas comerciales de una televisión avanzada, quedaron mudas y con ellas las imágenes del partido internacional entre España y ese país, antes y ahora, llamado Bielorusia.

El día 12 de Octubre de este año, fue sonado. Los avances tecnológicos habidos en los siglos XX y ahora XXI, en especial en el campo audiovisual, las 3D y todas las demás ofertas comerciales de una televisión avanzada, quedaron mudas y con ellas las imágenes del partido internacional entre España y ese país, antes y ahora, llamado Bielorusia. Internet fue la única capaz de ofrecer algún tipo tímido de solución, dentro del submundo que alberga en las bodegas, aunque todavía inalcanzable para la mayoría. Así que, los más, tuvimos que recurrir a la única tecnología que ha sido capaz de sobrevivir, por fuertes que hayan sido los ataques que la han pretendido arrinconar, la radio. ¡Nuestra siempre amiga la radio!

Resultaba encantador, por otro lado, comprobar que cuando los avances no responden, las tecnologías más sencillas dan la cara. Artesanal, suave, conmovedora, ágil, transportable, incansable, próxima, compañera, pero emocionante, la radio. Suscita la imaginación y trae al recuerdo goles famosos de partidos míticos, como aquel de Zarra, que abuelos, padres y en algún caso contadísimo, alguno en vida todavía, pudieron disfrutar en directo la narración de Matías Prats, padre, claro está. Y rememora otros sucesos en los que siempre ha servido con entrega total por causas, algunas de infausto recuerdo, como aquella retransmisión de la noche del asalto al Congreso, no la toma sino el asalto del 81. Y muchas otras cosas, como la retransmisión del sorteo de la Lotería Nacional el 22 de diciembre, que impelía a la gente a anotar con papel y lápiz la serie de números premiados, para dejar de hacerlo, caso de sorprenderle su número apareciendo en el relato radiofónico. Eran otros tiempos. Pero la protagonista es la misma, la radio.

Pudiéramos pensar que son anacronismos. Resulta increíble que la radio se cuele en un tiempo histórico muy posterior al genuinamente suyo. Pero la radio se mantiene con pleno vigor y no se puede pensar que está fuera de tiempo. Hay otras cosas que si lo están, y con estrépito: la concesión del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea, ¡sorpresa!, por mucho que algunos lo disimulen. La retahíla de motivos que amparan la concesión incluye su defensa de los derechos humanos, promover la democracia, contribución a la paz, impulso a la democratización de países como España y un largo etcétera. En otro momento anterior, probablemente sería de justicia. Hoy, con la crisis en sus momentos álgidos, con amenazas severas, capaces de hacer tambalear la iniciativa tomada tras la guerra mundial última, hace más de 60 años, de que no se repitiera el desatino, se puede interpretar como anacronismo. Porque el momento en el que ha recaído el Nobel de la Paz a Europa es el más delicado, con la amenaza cierta de que el proyecto común se resquebraje ante la crisis. La paz no solo es la ausencia de guerras. Europa las hizo callar, pero ha caído en las garras de los mercados, que le están dando forma a un nuevo tipo de guerra, capaz de infringir igual o más número de bajas, si llega el caso o, simplemente, producir un nuevo tipo de damnificados al relegarlos a seres inútiles, sin trabajo, sin futuro, sin posibilidad de creer en que la existencia en este mundo, es algo más que un sufrimiento o un infortunio. Los Derechos Humanos, se declaran, pero sobre todo se defienden y no está nada claro que sea lo que Europa está ahora haciendo. Las empresas europeas son, o parecen ser, en realidad, las que hacen la política exterior de Europa y la interior. Así que no solo son los valores que tenemos en juego, sino que también cuentan los protagonistas que pilotan los procesos y por tanto, como lo llevan a cabo y qué tipo de cosas son capaces de implementar. Cuando se otorgó el Premio Nobel a Obama, se dijo que era un galardón preventivo. En el caso de Europa ¿qué? Puede, incluso, pensarse que es una broma pesada. Es posible que se olvide con la misma facilidad con que se ha otorgado, suele ocurrir con los galardones inmerecidos.

Bien es sabido que el Nobel se concede en los países nórdicos, concretamente el de la Paz se materializa en Oslo, aunque la trama pueda ser sueca: concepción escandinava. Puede que desde el frio nórdico, los problemas de Europa se vean de otra forma a como se perciben en el Sur. Seguramente, tiene que ser algo de esto lo que haya pesado en el anacronismo que calificamos. Si saliéramos de ésta, indemnes, merecería la distinción y las Merkel y los muchachos que la secundan tendrían el mérito del logro, pero es muy posible que ésta no sea la salida de nuestros problemas y, en ese caso, el premio puede evidenciarse gratuito. En todo caso, cuando alguien lo reciba, que no sabemos muy bien quién es el cualificado para representar a Europa, ¡nada menos!, estaremos atentos a la explicación que da al anacronismo, si tiene a bien anunciarnos los motivos y de paso pronunciarse sobre los problemas críticos que padecemos, unos cuantos. Dudo mucho que nos convenza, aunque estamos por ello, como llevamos haciéndolo desde hace mucho tiempo, más del deseable. Estos y algunos hechos de este tipo, salpican el prestigio del galardón y, bueno, al final está en entredicho la valoración del mismo, ¡allá los suecos!. Es de esperar que el más doméstico galardón, el Príncipe de Asturias, sea más cuidadoso con estos matices.

En todo caso, la noche de los transistores nos relataba cabalgando en las ondas, la presencia de banderas españolas ondeando de la mano de aficionados presentes en el campo de fútbol de Minsk: con esto no puede ni la crisis. El locutor lo decía, los oyentes, radio-oyentes o escuchadores, imaginábamos: la grada de enfrente con las banderas, el césped que, eso sí, seguíamos imaginando en blanco y negro, pero tupido, los anuncios rodeando el terreno de juego y por la radio, transmitidos intercalados entre jugada y jugada. Todo rememoraba aquéllos anuncios de Laxen Busto o Tosiletas de los años 60. Los dicho, anacrónico, pero delicioso. A todo esto, Bielorusia 0, España 4. El mejor Pedro con su hat trick. Magnifica noche de transistores.

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