jueves 9/12/21

No nos ponga en ridículo, Presidente

Sistema Digital | Los objetivos de la visita del presidente del Gobierno español a Kazakstán y Japón no son, en principio, criticables. España necesita abrir mercados y es conveniente que sus gobernantes abran las puertas que puedan a nuestros empresarios. Habiendo renunciado a cualquier política activa de inversión desde los Presupuestos del Estado, la única salida para potenciar nuestro tejido productivo es atraer capitales extranjeros. No es el tipo de solución que muchos desearíamos, pero es la única viable desde la perspectiva de la política económica diseñada por los ministros y asesores de Rajoy. Otra cosa es que la venta de la marca España se haga subrayando la precariedad de los costes laborales como signo de competitividad y que se ofrezca modificar la legislación española a gusto de cualquier especulador que lo demande para garantizarse beneficios por la vía más rápida posible. Paradigma: Eurovegas.

Las noticias que llegan desde la corte de Rajoy en Oriente inciden más en los aspectos anecdóticos que en los resultados reales. Tal parece como si lo que contara es subrayar la gestualidad de nuestro Presidente y llenar de imágenes los telediarios. Después del bochorno de la entrevista concedida por Moncloa a la cadena Bloomberg, con intento incluido de eliminar preguntas molestas, tras la triste experiencia de Ana Botella en su intento fallido de Buenos Aires, los asesores de Mariano Rajoy prepararon su entrevista con un canal de Tokio tan concienzudamente que le forzaron a aprenderse de memoria tres palabras en japonés para dar las gracias. Ahí queríamos ver a los periodistas palaciegos…los teléfonos de todas las centralitas, que diría Anson, quedaron bloqueadas y el índice Nikkei se disparó.¡ Rajoy dijo gracias en japonés sin equivocarse!. No exagero…hay crónicas firmadas.

Luego a Rajoy le colocaron una rosa roja, descomunal, en la solapa. ¡Y no se la quitó aunque le hicieran bromas sobre su simbolismo político en España! El protocolo falló un poco cuando le recibió el Emperador. Rajoy, más republicano que Zapatero, Obama o Evo Morales, no inclinó ni levemente su cabeza, a pesar de la diferencia de altura con su anfitrión. Lógico, cuando acababa de anunciar que el único tema que nos preocupa ya es saber cuán grande será nuestro crecimiento, y anticipar, contra todo lo establecido, el resultado de los datos del paro. Tan magníficos, que ya hemos conseguido sumar casi un millón más que cuando se marchó el infausto Zapatero.

No contento con lo conseguido hasta ese momento, nuestro Presidente ha querido concluir su viaje rindiendo tributo al gesto del fundador de su partido e ilustre paisano, Manuel Fraga, desafiando los riesgos nucleares en Fukushima. A cambio de la rosa, ¿¡qué menos que una frase para la historia!? El creador de los “hilillos” dictaminó que ya no había ningún riesgo de contaminación. Y no se metió en el agua porque su séquito no había previsto llevarle unos calzones de baño. Lástima de foto que hubiera dado la vuelta al mundo, mientras la responsable de la Central Nuclear, una insensata ignorante, estaba alertando de que se había producido una nueva fuga de agua radioactiva hacia el mar como consecuencia de la ruptura de un tanque. No se preocupen, señores del Gobierno, ya taparemos esa metedura de pata en los telediarios… No se puede pedir a un hombre que haga el esfuerzo de aprender a decir gracias en japonés y simultáneamente informarse de la realidad de un riesgo de contaminación nuclear. No se puede bajar una escalera y mascar un chicle. Ni algún presidente de los Estados Unidos era capaz de hacerlo. Bastante esfuerzo supone bajar las pensiones subiéndolas o crear puestos de trabajo destruyendo el empleo…Ni Rajoy da para tanto. Hombre, tal vez, lo que pudiera pedirse a él y a sus asesores, es que se limite a hacer el ridículo en casa y no avergonzarnos a nivel universal. Aquí ya estamos acostumbrados. Arigato.

No nos ponga en ridículo, Presidente