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viernes. 12.08.2022

Los gitanos y la intolerancia española

NUEVATRIBUNA.ES - 26.8.2010 ...y que planeó el Marqués de la Ensenada en 1749: alrededor de 9.000 gitanos se sumaron a los 3.000 que ya estaban en prisión y si los hombres eran enviados a los arsenales de la marina, mujeres y niños --”sin excepción de sexo, estado ni edad”-- dieron con sus huesos en la cárcel.
NUEVATRIBUNA.ES - 26.8.2010
 
...y que planeó el Marqués de la Ensenada en 1749: alrededor de 9.000 gitanos se sumaron a los 3.000 que ya estaban en prisión y si los hombres eran enviados a los arsenales de la marina, mujeres y niños --”sin excepción de sexo, estado ni edad”-- dieron con sus huesos en la cárcel. Carlos II les indultó luego pero algunos no fueron puestos en libertad definitiva hasta 1783, tras 34 años de cautiverio. Cinco siglos de persecución, hasta la Constitución de 1978 cuando camelaban naquerar y les amordazaban con pragmáticas y ordenanzas especiales de la Guardia Civil. Pero que nadie vea la paja en el ojo ajeno: en el estado de Nueva Jersey este tipo de legislación discriminatoria estuvo vigente hasta 1998.

La muy democrática Francia de los ade-enes y de los inmigrantes obligados a cantar La Marsellesa, se suma al camino emprendido ya por Italia y decreta la caza y captura de los zíngaros con denominación de origen, los que proceden de Bulgaria y de Rumanía. Los progroms vuelven a la pasarela de moda de la barbarie. En el caso francés, se valen de una moratoria ampliable a 2014 por la que los nacionales de ambos países, fuere cual fuese su etnia, necesitan un permiso de trabajo o estar cursando estudios de manera regular para residir en el país de la Liberté, la Egalité y la Fraternité.

Así que ahora les endiñan una paguita y les ponen de patitas en la frontera: lo que pretendimos hacer aquí con los inmigrantes y el famoso plan de retorno que no constituyó un éxito de crítica ni de público. En el país vecino, han decidido estimularles con algunos golpes de efecto, como cuando la gendarmeríe de Loir-et-Cher se cargó a tiros, el pasado 16 de julio, a Luigi Duquenet, un gitano rumano y veinteañero. Las autoridades invierten la carga de la prueba y culpan a los Rom de la peligrosidad y la alevosía. Desde 2002, arrasan poblados y chabolas con la misma intensidad con que debimos desmantelar a algunos bancos culpables de la verdadera inseguridad que nos aflige.

Bonita forma de conmemorar la Década para la Inclusión Gitana. Estamos a punto de que las galeras y las minas del azogue se conviertan en deporte olímpico. Pero como en el caso de la tortilla francesa, no nos engañemos respecto a la patente de estas nuevas razzias: los Gobiernos de París y de Roma son impresentables, como lo es también el Gobierno rumano que mantiene a los gitanos como eternos ciudadanos de segunda sin que ello haya supuesto ningún obstáculo para la incorporación de dicho país a la Unión Europea.

¿Y qué decir de los gitanos portugueses, rumanos o búlgaros que se asientan en los suburbios de nuestro propio estado del bienestar? Hemos sido incapaces de gestionar su salida de la marginalidad y su incorporación a la realidad gitana española cuya verdadera imagen, más allá del tópico, es la de un pueblo que ya dejó de ser en gran medida andarríos, que conserva poderosamente sus costumbres desde Salamanca a Granada, desde Sevilla a Jerez, desde Madrid a Barcelona, pero que ya hace mucho que frecuenta la universidad y que no supone, en su mayoría, un hecho diferencial relacionado con la marginación y el hampa como el tópico, sin embargo, les sigue dibujando. A pesar del trabajo concienzudo que vienen realizando las asociaciones romaníes y algunas administraciones, en nuestro país, a los gitanos propios o ajenos les seguimos vigilando de cerca con la severa sospecha del prejuicio. Así que la mayor hipocresía de lo que viene ocurriendo respecto a la comunidad gitana en Europa es que a un sector de la opinión pública patria le gustaría que importásemos ese mismo modelo. Y es que en el mercado de la intolerancia somos plenamente competitivos. Quinientos años de experiencia lo acreditan.

Juan José Téllez es escritor y periodista, colaborador en distintos medios de comunicación (prensa, radio y televisión). Fundador de varias revistas y colectivos contraculturales, ha recibido distintos premios periodísticos y literarios. Fue director del diario Europa Sur y en la actualidad ejerce como periodista independiente para varios medios. En paralelo, prosigue su carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, al tiempo que ha firmado los libretos de varios espectáculos musicales relacionados en mayor o menor medida con el flamenco y la música étnica. También ha firmado guiones para numerosos documentales.

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