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jueves. 02.02.2023

La disputa por el dinero de la TV

NUEVATRIBUNA.ES - 16.5.2010Es anormal que en una liga profesional de futbol competitiva, como es la española, los dos equipos que encabezan la tabla de posiciones (Barcelona y Real Madrid, con 96 y 95 puntos, respectivamente, en la jornada 37) obtengan una ventaja en puntos de un 40% sobre el tercer lugar (el Valencia, con 68 unidades).
NUEVATRIBUNA.ES - 16.5.2010

Es anormal que en una liga profesional de futbol competitiva, como es la española, los dos equipos que encabezan la tabla de posiciones (Barcelona y Real Madrid, con 96 y 95 puntos, respectivamente, en la jornada 37) obtengan una ventaja en puntos de un 40% sobre el tercer lugar (el Valencia, con 68 unidades). De hecho, puede hablarse de varias ligas dentro de la misma división profesional: a) la particular del Barsa y los merengues, para ver quién de los dos es el campeón en turno; b) la de los equipos con destellos de grandeza, pero lejos de los dos hegemónicos, que buscan colarse a las competiciones europeas (que suelen ser el Valencia, Atlético de Madrid, el Deportivo y alguno más ocasional —Villarreal, Sevilla, Athletic de Bilbao, según el año—) y, c) los que tienen a sus aficiones al borde del banquillo en la lucha por no descender, que con frecuencia bajan a segunda y pelean el ascenso (ahí habitan el Zaragoza, el Espanyol, Osasuna, Tenerife, Almería, Racing, etcétera).

Pero el océano futbolístico que empieza a ser permanente entre un selecto grupo de equipos y todos los demás, también tiene su correlato en los ingresos de los equipos, es decir, en el desempeño de las empresas (los clubes de futbol) en una industria (el futbol profesional) con una típica estructura de competencia monopolística. Un ejemplo es el abismo en los montos que perciben los equipos por las retransmisiones televisivas, que se ha vuelto la principal fuente de ingresos de las ligas profesionales. Esta semana el diario El País (11-05-10, p. 46) daba cuenta de una disputa entre un grupo de empresas (equipos: Barcelona, Real Madrid, Valencia, Atlético, Deportivo, Athletic, Sevilla, Getafe y Villarreal) con fuerte poder de mercado, que hasta ahora han negociado de forma individual la venta de derechos a las televisoras por transmitir sus encuentros, frente a otro colectivo constituido por 32 empresas de menor tamaño (10 equipos de primera división: Osasuna, Xerez, Zaragoza, Málaga, Tenerife, Sporting, Almería, Espanyol, Valladolid y Mallorca, a los que se suman los 22 equipos de la segunda división) que acordó solicitar al gobierno una ley que estipule que la venta de derechos a la televisión sea centralizada, para todos los partidos de primera y segunda.

La controversia entre los equipos deportivos es, por supuesto, económica aunque puede tener correlato en el desempeño estrictamente futbolístico: las diferencias en los recursos de los clubes hacen que las adquisiciones de jugadores de excelencia, o la capacidad de retener a los más talentosos, vaya en contra de las escuadras que de por sí parten de una posición desfavorable.

Los equipos grandes españoles se inclinan por “el modelo inglés”, de la liga Premier británica: ahí los equipos de primera dividen el 50% del dinero recibido de las televisoras a partes iguales; un 25% se distribuye en función de la clasificación en el torneo —el primer lugar gana hasta 20 veces más que el último lugar—, y el 25% restante se otorga en proporción a las audiencias televisivas de cada equipo. Así cada club cobra en promedio 52 millones de euros (unos tres mil millones de pesos). Del total de dinero recaudado, un 7.5% se otorga a los equipos de segunda división y algo similar ocurre en Italia donde los de segunda reciben el 10% de los de primera (Ibíd.).

La idea de los equipos pequeños españoles es, por el contrario, más que recibir un porcentaje que podría llamarse “de ayuda al desarrollo”, ser parte del reparto inicial para reducir sus diferencias económicas —y, se esperaría, deportivas— con las multinacionales del futbol que una vez al año pisan sus estadios.

El único modelo de organización deportiva que por transmisión de partidos por televisión genera más dinero que la liga Premier de Inglaterra se encuentra de este lado del Atlántico, en Estados Unidos. Ahí la NFL, la NBA y las Grandes Ligas de Béisbol negocian como un todo la venta de derechos. Es más, aunque se trate del capitalismo norteamericano —o precisamente por ello, por el momento en que se diseñó el modelo que fue a mediados del siglo pasado—, hay un sentido que busca primar la competencia y los ingresos para todos, pues incluso las camisetas, gorras y demás productos de mercadotecnia de cualquier equipo —Yankees de Nueva York, Cowboys de Dallas o Bulls de Chicago— representan ingresos a repartir entre todos los participantes en la liga. De hecho, los equipos no son sino franquicias de un gran negocio. De ahí que los llamados “drafts”, la selección de los jugadores que emergen cada año de las ligas colegiales, estén diseñados para que los equipos profesionales que tuvieron el menor rendimiento en la competencia que finalizó, tengan la opción inicial de compra de las nuevas estrellas. Lo dicho: la idea es que el espectáculo y la competencia estén asegurados en todos los partidos, los protagonice quien los protagonice.

En el caso de nuestro futbol, la situación dista de ser la de las ligas norteamericanas —donde, por cierto, también hay que incluir a la de soccer, que crece gracias a la afición que representan los inmigrantes latinos, los cuales han hecho más redituable la contratación en Chicago de Cuauhtémoc Blanco que la de David Beckham en Los Ángeles, porque el de Tepito vendió decenas de miles de camisetas más que el inglés—, e incluso nos encontramos lejos de los modelos británico y eventualmente español. Nuestro problema no es sólo que los clubes negocien solos con las televisoras —ahondando las diferencias económicas— sino que las propias televisoras son dueñas de equipos. En vez de ser contraparte para negociar, llegan a ser parte de las decisiones de equipos importantes —América, en su tiempo Necaxa, San Luis y Morelia— y de la liga. De ahí que lo último que se ponga en la agenda del futbol mexicano es un modelo de venta e ingresos televisivos que tenga como objetivo conseguir un torneo competitivo, digno de verse cada ocho días.

Ciro Murayama - Economista, es profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es editor de la revista “Nexos” y en la actualidad escribe semanalmente en “La Crónica”.


ciromurayama@yahoo.com

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