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miércoles. 10.08.2022

González dice que Podemos es...

Felipe González está deformando la realidad en su mente, quizá porque está desconectado de los movimientos telúricos...

Felipe González no sólo no conoce ya el bosque sino que ni siquiera es capaz de identificar los árboles que lo componen

Felipe González ha comparado a "Podemos, formación liderada por Pablo Iglesias, con otros movimientos europeos liderados por Marine Le Pen en Francia, Beppe Grillo en Italia y con Syriza, el partido de la izquierda radical en Grecia», nos informa una agencia de noticias". Que nosotros trasladamos al pie de la letra.

Sin embargo, no ha sido González quien ha acuñado esta insensata formulación. Antes la pusieron en circulación -y siguen insistiendo en ello- conspicuos dirigentes de las derechas españolas. En todo caso, estas declaraciones del ex presidente del Gobierno adquieren mayor resonancia por venir de quien viene: una persona a la que se tiene por temperada y no directamente implicada, en estos momentos, en el juego político partidario. Es, sin duda, alguien que no ha dejado de tener una cierta influencia y una indudable auctoritas en determinados sectores de la ciudadanía española, que le sigue considerando eso tan intangible como un «hombre de Estado».

A mi entender, Felipe González está deformando la realidad en su mente, quizá porque está desconectado de los movimientos telúricos que vertiginosamente están zarandeando lo que pasa en la realidad efectiva desde los centros de trabajo hasta los espacios públicos de la ciudad. O, tal vez, ha agotado su capacidad de análisis. Quizá, además, en su mesita de trabajo no están abiertos los libros de reputados sociólogos y politólogos que, con mayor o menor aproximación, ofrecen pistas (en ocasiones valiosas) sobre lo que está sucediendo. De ahí que meta en el mismo zurrón a Podemos, Le Pen, Beppe Grillo y Syriza. El mismo error de Ernest Thaelmann que metió en el mismo saco a los socialdemócratas y a los nazis. Felipe González, pues, no sólo no conoce ya el bosque sino que ni siquiera es capaz de identificar los árboles que lo componen.

Nuestro «hombre de Estado» recurre chabacanamente y sin punto de vista fundamentado a una comparación porque no entiende el deslizamiento de una parte considerable de la sociedad hacia una desafección a los partidos tradicionales que se han repartido el poder en nuestro país y en Europa. Y si lo entiende, se lo calla.  No entiende -y si lo entiende da la callada por respuesta- que, desgraciadamente, la socialdemocracia europea (y española) no encuentra su lugar porque ha hecho conscientemente un cambio de metabolismo ante las gigantescas transformaciones que se aceleraron a partir de los años ochenta. Así las cosas, la culpa la tiene el maestro armero disfrazado de Podemos.

Ahora bien, comoquiera que buscar las raíces de esta desafección de masas hacia los partidos tradicionales que se han repartido el poder en España afectaría también a su biografía, Felipe González se disfraza de prestidigitador y, en vez de ofrecer una explicación sensata, sentencia su batiburrillo. Nos ofrece una variante del más garrulo sentido común, el que afirma que «todos los políticos son iguales».  Menos él, por supuesto. De manera que toma en préstamo un viejo constructo y lo transforma en que una serie de sus adversarios son iguales entre sí. Con lo que investigar qué es Podemos es perder el tiempo, cuestión de diletantes y pejigueras. Es, sobre todo, un flaco servicio que hace a la izquierda y, especialmente, a su propio partido. 

González dice que Podemos es...