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sábado. 10.12.2022

El cuarto Reich

Europa no reviste ningún propósito, ningún ideal, ningún empeño. Los festejos de Año Nuevo, las competiciones deportivas, o incluso el festival de Eurovisión sirven para hacer creer a los pueblos que forman parte de algún intangible. Desde su comienzo, el viejo sueño continental se concibió económicamente.

Europa no reviste ningún propósito, ningún ideal, ningún empeño. Los festejos de Año Nuevo, las competiciones deportivas, o incluso el festival de Eurovisión sirven para hacer creer a los pueblos que forman parte de algún intangible. Desde su comienzo, el viejo sueño continental se concibió económicamente. Europa es simplemente un gran mercado cuyo producto comienzan a ser las personas. Es también el objetivo y el alimento del Leviatán. Quién sabe si al igual que Orfeo, sus habitantes están abocados a mirar atrás y ser arrastrados al XIX.

El Banco Central Europeo tiene prohibido prestar dinero a sus Estados; nos referimos por supuesto, a los miembros que conforman la entelequia europea. ¿Cómo se entiende semejante despropósito? Fue una condición innegociable exigida por la propia Alemania. La consecuencia de una unión económica sin anhelo identitario alguno, concebida desde el primer momento, para optimizar el máximo beneficio de su Banca. Son los grandes bancos privados, los que compran al BCE al 1%, el dinero que luego prestan a los Estados al 5%, mediante la compra de su deuda soberana. Ello no es discutible. Una clase política clientelar y acomodada, ha permitido la edificación de un disparate, cuya praxis se realimenta prometeicamente, a costa del bienestar y el endeudamiento de los pueblos. La ecuación es sencilla: se suscriben nuevos préstamos para hacer frente a una deuda que se erige ya en la única lectura política: la cancelación imposible de la misma, se hace a costa de la desprotección y el desmantelamiento social de los Estados.

Hace tiempo que presentar a Angela Merkel como Canciller de Alemania resulta una broma. Verla hablar en nombre de Europa es ya una tomadura de pelo. Merkel atiende única y exclusivamente a los intereses de la Banca alemana y es sin duda, la principal prescriptora y consejera delegada del Deutsche Bank. No es que la economía alemana dicte a Merkel lo que ha de hacer, todo lo contrario; es Merkel quien encarna y representa los intereses de la economía alemana. No es Alemania la que tira del carro de Europa. Es la Banca alemana la que estudia cómo maximizar sus beneficios, sus préstamos y sus intereses, respecto al resto de clientes europeos de su entorno. En definitiva, no existen países cuyas relaciones bilaterales son buenas o malas. Existen bancos que prestan y países/clientes capaces o no de soportar un determinado tipo de endeudamiento.

Los grandes bancos siguen adquiriendo al 1% el dinero del BCE, para prestarlo a nuestros gobiernos/países al 5%. No se trata de una falla legislativa o pendiente de revisión. Se trata de un expolio perfectamente planificado, cuya codicia no tiene previsto saciarse, ni repararse. Ni una sola voz política se ha levantado apelando a una mínima intervención soberana por parte de los Estados miembros, que cuando menos, insinúe o sugiera una redefinición del BCE. Quién sabe si la bolquevique ocurrencia provocaría de inmediato la hilaridad. Subyugada bajo la usura tecnócrata, Europa sufre como el sentenciado boxeador, un castigo inmisericorde en el rincón. Lejos de las páginas salmón, el siniestro reajuste es ante todo, político. Sin él, ya no hay dinero ni financiación. La válvula de oxigeno se cierra si no se hipoteca todo activo, toda conquista, todo patrimonio. Es el asalto global al bienestar.  

El cuarto Reich
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