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jueves 26/5/22

De la Realpolitik a la Zynikerpolitik

La realpolitik “política de la realidad” es la política basada en intereses prácticos y necesidades inmediatas y concretas, sin atender a la teoría o la ética como elementos “formadores de políticas”.

La realpolitik “política de la realidad” es la política basada en intereses prácticos y necesidades inmediatas y concretas, sin atender a la teoría o la ética como elementos “formadores de políticas”. La realpolitik aboga por el avance en los intereses nacionales de un país de acuerdo a las circunstancias de su entorno, en lugar de seguir principios éticos o teóricos

Con ese “realismo” actúa Alemania en la gestión de la crisis lo que significa imponer sus criterios de austeridad por interés propio mientras reeduca a los sureños hacia el calvinismo a la hora de asumir sacrificios. Alemania es así: casi nunca ha jugado al cinismo político, desde Hitler hasta Merkel siempre ha enseñado sus intenciones. Lo que he bautizado como zynikerpolitik “política del cinismo” es más propia, aunque no exclusiva, de los países católicos cuya moral condiciona las consecuencias trascendentes de los actos al arrepentimiento final.

En España a nadie se le caen los anillos por predicar unos compromisos en la campaña política y hacer lo diametralmente opuesto cuando se gobierna mientras se justifican diciendo  que no tienen otro remedio y se quedan tan anchos. La tendencia en el mundo occidentalizado es a la generalización del zynikerpolitik, al “cinismo político”, como la única forma de ejercer la política. En USA se enseña en los colegios, con la excusa pedagógica de la diversidad de puntos de vista, a que los jóvenes sean capaces de defender una idea y su opuesta con la misma convicción y vehemencia. Al forzar el debate entre dos polos se enseña a huir del matiz y se prepara para la simplificación y la confrontación, es decir, para una diversidad adaptada a la sociedad mediática, la del blanco y negro. Introducir la complejidad en los análisis sigue dando miedo.

El triunfo de la zynikerpolitik es la evidencia de que vivimos en la era de la ingeniería de la imagen pública gestada desde los gabinetes de Relaciones Públicas. Lo que llamamos política, o lo político, se enmascara y maquilla con estas técnicas en su versión comunicativa. Frederic Roda, un querido profesor de la Universidad, defendía que hacer relaciones publicas no es suficiente para presentar una buena imagen. Lo esencial, decía, pertenece a la ética y a la asunción de unos presupuestos claros del signo que sea. “Defender lo contrario es como el que no se lava y utiliza desodorante, al final acaba por notarse el mal olor”

La intoxicación, hoy amplificada por la infoxicación generalizada, parece convertirse en la regla del juego: la proliferación de confidenciales, la manipulación de instrumentos 2.0 son ejemplos claros de la zynikerpolitik al que se aboca el sistema. Pero, a veces, y con esta reflexión enlazo con el articulo de Ignacio Muro, “el cinismo social se instala en la Casa Real", se equivocan los ingenieros de la imagen: la del rey, símbolo fálico por excelencia, pidiendo perdón como un niño travieso que la ha dado un perdigonazo a un gato (gato grande como un elefante), es un claro ejemplo de cinismo político, aunque dudo si acertado pues evoca el cinismo con el que se gestó la transición de la que la Casa Real es, en sí misma, una clara metáfora. Cinismo, vestido de consenso, y asumido por las llamadas condiciones objetivas (¿objetivas para quién? y ¿para qué?) .

La zynikerpolitik no es exclusiva de la derecha o de la izquierda, es un mal cada vez más generalizado especialmente en los tiempos gaseosos que nos ha toca vivir. ¿O no es cinismo cuando los sindicatos y la oposición del PSOE a IU el único discurso que aportan contra las medidas del gobierno es que no fomentan el crecimiento? Evidenciar lo evidente sin añadir soluciones es un ejercicio de cinismo fácil.

Por desgracia el capitalismo gaseoso convierte en biodegradables todos los mensajes que parecen olvidarse con el transcurso del tiempo y esta es la baza con la que cuentan los políticos. Es tal la avalancha de mensajes contradictorios que recibe el electorado que al final olvida la letra y sólo le queda un vago recuerdo de la música. Todos los mensajes son biodegradables, tanto los más manipuladores como aquellos que pretenden transmitir cierta verdad, de ahí que la estrategia comunicativa más utilizada en política sea la del martillo pilón, un mensaje breve sin fisuras repetido machaconamente hasta la saciedad.

Puesto que estamos educados para ser cínicos, aboguemos al menos por el cinismo utópico, aquel  que reclama la profundización en la komplexepolitik “política de la complejidad” como salida de la situación,  una mezcla hecha cómo el amor,  de carne y de sueño.

Alberto Pérez Novell | POLI-TIC

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