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sábado. 01.10.2022

Contrarreforma global, regreso al pasado

Se ha dicho que la existencia del bloque socialista fue en gran parte la responsable del estado de bienestar en la Europa occidental. Que el peligro y el miedo al comunismo, a que las clases trabajadoras lo vieran como una posibilidad, potenció la economía social de mercado. Podemos decir que los grandes beneficiarios de la existencia del bloque socialista más que sus pueblos fueron las clases populares de los países del bloque capitalista antagónico.

Se ha dicho que la existencia del bloque socialista fue en gran parte la responsable del estado de bienestar en la Europa occidental. Que el peligro y el miedo al comunismo, a que las clases trabajadoras lo vieran como una posibilidad, potenció la economía social de mercado. Podemos decir que los grandes beneficiarios de la existencia del bloque socialista más que sus pueblos fueron las clases populares de los países del bloque capitalista antagónico.

La caída del bloque socialista dejó sin alternativa al mundo capitalista avanzado, en especial en los países del oeste de Europa, y eso también suponía que ya no había necesidad de mantener unas políticas sociales que habían parecido ser inherentes al propio modelo de desarrollo existente en estas sociedades a partir de la II Guerra Mundial. Este análisis también explicaría que la caída del "muro" no sólo afectara de forma negativa el futuro de los partidos comunistas occidentales, sino también a los partidos socialistas en gran medida padrinos del modelo social europeo.

Es evidente que hacía falta una causa para que la derecha pusiera en cuestión un modelo que aparecía en el ámbito mundial como un modelo de desarrollo más justo y socialmente avanzado.

La profundidad de la gran crisis actual, provocada en gran medida por la especulación financiera mundial derivada de la globalización, ha sido la excusa perfecta que la derecha utiliza, a nivel global, pero también en nuestro país, para efectuar una contrarreforma que pone en cuestión un modelo de sociedad que parecía que nunca sería puesto en cuestión.

En el caso español es evidente que esta contrarreforma es global, no sólo económica y social, sino que también afecta a derechos fundamentales de nuestra joven sociedad democrática. Las derechas están llevando cabo una profunda regresión en la sociedad derivada de un planteamiento claramente ideológico. Se trata de eliminar de una tacada todos los avances conseguidos en las tres últimas décadas de sociedad democrática.

Los gobiernos de la derecha española están llevando a cabo esta contrarreforma global con una profundidad tal que en muchos casos conlleva retroceder a las situaciones propias de las previas a la transición democrática.

La crisis, y los errores de los gobierno socio-liberal del PSOE, especialmente el "golpe de estado constitucional" que instauraba el déficit como prioridad, han puesto en bandeja a las derechas, y hablamos tanto del PP como de CiU, ante una ocasión única para aprovechar y efectuar esta regresión profunda de la sociedad tanto en lo referente a los derechos económicos y sociales como incluso a las libertades democráticas. Hay que remarcar la unidad de discurso entre la derecha españolista y la del nacionalismo conservador catalán y su apoyo mutuo.

En efecto, la contrarreforma se está aplicando con un carácter global a la sociedad española. No se limita a cuestionar aspectos aislados de la realidad social. Afecta tanto al campo de la estructura económica, con ataques a los derechos laborales y potenciando la hegemonía de los grandes sectores empresariales. Pero también actúa directamente sobre la superestructura social con un proceso de recorte radical de los derechos sociales básicos, educación, sanidad y servicios sociales que se recortan y privatizan con las repercusiones económicas y sociales que comportan para la ciudadanía. Pero no son los únicos aspectos que se cuestionan, vemos como se aplican contrarreformas en campos propios de las libertades civiles hace poco conquistadas, como son los de los derechos de género o temas como los de la justicia gratuita, o de otros como el respeto al medio ambiente. Y la contrarreforma llega incluso a campos propios de la superestructura política como son los inicios de recentralización política, la liquidación de la concertación social, las limitaciones de la pluralidad en los medios de comunicación públicos, la estructuración de la administración de la justicia e incluso el incremento de las políticas de represión policial para hacer frente a la disidencia social, o la criminalización de las protestas y el acoso y linchamiento mediático del movimiento sindical.

En Cataluña el Gobierno de CiU fue el primero en aplicar la contrareforma, con la connivencia del PP especialmente, en la liquidación de todo el legado del anterior gobierno tripartito. Con unas leyes "ómnibus" eliminó la práctica totalidad de la legislación de siete años de gobiernos de izquierdas. También ha sido pionero en los recortes sociales en derechos sociales básicos, en la privatización de servicios, en el recorte de las condiciones laborales de los trabajadores públicos y en la liquidación de la pluralidad en lo medios de comunicación públicos entre otras actuaciones.

En el ámbito del estado el Gobierno Rajoy, bajo la excusa de la crisis económica ha efectuado una ofensiva constante de decretos-leyes que afectan de forma regresiva todos los ámbitos de la vida social y económica del país. Casualmente el último ámbito en entrar, y de forma forzada, ha sido lo que siempre ha estado en el "tuétano" de la crisis económica del país, el relativo a un sistema financiero infectado por el sobreendeudamiento y unos balances gravemente afectados por los activos tóxicos inmobiliarios.

Todos los aspectos de esta contrarreforma global de las derechas parten de liquidar derechos a la ciudadanía mientras se mantienen los privilegios de los sectores más poderosos de la sociedad. La mayoría ciudadana sufre una fuerte agresión que liquida o reduce de forma sustancial sus condiciones de vida y sus derechos, mientras los sectores más acomodados no pagan ningún precio e incluso salen más beneficiados. Estamos ante un ataque a fondo y programado no sólo contra nuestro aún débil estado de bienestar sino que va más allá y parece dibujar un panorama de retorno al pasado. Como dijo con total impudicia Dolores de Cospedal, secretaria general del PP a los sindicatos "Considero que estamos en una situación de derechos sociales y hay que pasar a otra de beneficios sociales". Es decir hay que pasar de una sociedad basada en derechos sociales a otra donde predomine la beneficencia en el mejor de los casos. O dicho de otro modo hay que pasar de una sociedad de ciudadanos a otra de súbditos.

La derecha parece tener como referente políticas del pasado basadas en: recortes de derechos sociales, control de la información para tener a la sociedad dormida y represión a los discrepantes. Es decir un tipo de sociedad que recuerda la etapa pre-democrática.

Nos enfrentamos a un reto que va mucho más allá de la lucha contra la crisis. No nos enfrentamos sólo ante unas políticas de derechas, que se pueden compartir o no, para hacer frente a la grave crisis económica. No es esto sino una ofensiva política ideológica, tanto en el ámbito nacional como del conjunto de la UE, para acabar con un modelo de sociedad cohesionada en torno a un modelo de derechos sociales y libertades políticas. La derecha sabe que sólo aprovechando una ocasión como la derivada de una grave crisis como ésta, sembrando un gran miedo en la sociedad, pueden llevar a cabo una fuerte actuación económica y social que comporte una regresión de la que costará, en el mejor de los casos, décadas para volver a salir.

La situación de falta de alternativas, de una única política posible basada en el ajuste duro, imperante en toda la UE, bajo la dirección de la canciller Merkel, ha sufrido a pesar de todo un primer contratiempo el primer domingo de mayo. La elección de Hollande en Francia, los resultados de Grecia con la subida de SYRIZA, son demostrativos que todavía hay posibilidad de hacer frente a la actual situación. Que a pesar de las dificultades aún no se ha dicho la última palabra y hay lugar para la esperanza de que otras políticas sean posibles.

La situación en España es más complicada y difícil con signos contradictorios. Por una parte es evidente que las políticas del PP han comportado un fuerte rechazo social, encabezado por el movimiento más organizado de la izquierda social, el sindical, y que esto le está comportando al gobierno un fuerte desgaste político en muy poco tiempo. Pero por otro lado hay una falta de alternativa política que pueda aglutinar el malestar social existente. El principal partido de la oposición está todavía, y parece que por mucho tiempo, "noqueado" y fuera de juego, pagando aún el coste de unas políticas que han sido sin duda el preámbulo de las que han profundizado posteriormente las derechas, en una situación similar a la del PASOK en Grecia. Es decir, no se ve la posibilidad de una alternativa socialdemócrata como la de Francia para que el PSOE, que todavía está sumergido en su deriva socio-liberal de la que tiene difícil salida.

Y más a la izquierda falta imaginación para aglutinar una alternativa amplia de progreso. Parece como si objetivos de corto vuelo no permitan aglutinar un amplio y plural espectro político de izquierda existente en la sociedad. Como si desde la política no se sepa estructurar lo que a nivel social ha logrado estructurar el movimiento sindical. Hoy más que nunca es necesaria una alternativa política potente y estimulante que sea capaz de movilizar políticamente la izquierda del conjunto del estado y permita hacer frente políticamente a la contrarreforma global de la derecha y su intento de devolver a nuestro pasado más negro. En nuestro caso la realidad de una coalición amplia como la de SYRIZA en Grecia es lo que nos haría falta para movilizar a la ciudadanía progresista e incluso para reubicar al propio centro-izquierda que representa el PSOE

Contrarreforma global, regreso al pasado
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