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domingo. 07.08.2022

Tres condiciones para aumentar la afiliación sindical

El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y dispuesta desde hace tiempo...

A propósito de la afiliación al sindicalismo vamos a revisitar a Antonio Gramsci. Nuestro amigo sardo dejó escrito lo siguiente: «El elemento decisivo de toda situación es la fuerza permanentemente organizada y dispuesta desde hace tiempo, que se puede hacer avanzar cuando se considera que una situación es favorable (y sólo es favorable en la medida que esa fuerza existe y está llena de ardor combativo)».  Aclaremos que Gramsci está reflexionando sobre el análisis de las situaciones y las correlaciones de fuerza en la segunda parte de sus Notas sobre la política de Maquiavelo. [Publicada en España con el título Política y sociedad, Ediciones Península, 1977, traducida por Jordi Solé Tura].

Resumiendo: para intervenir en los avatares de la correlación de fuerzas el elemento decisivo es «la fuerza permanentemente organizada». Sacar enseñanzas de esta lección es, pues, fundamental para toda organización y, desde luego, también para el sindicalismo. Ahora bien, lo que obviamente no podía añadir nuestro amigo sardo era de qué manera concreta se consigue esa «fuerza permanentemente organizada», aunque -a decir verdad-  toda su obra (y especialmente los Cuadernos de la Cárcel) contienen las indicaciones y propuestas necesarias para ello. Así pues, en nuestro caso y en las condiciones de hoy, nos toca a nosotros enhebrar esa aguja. Digo especialmente a nosotros porque la vocación del sindicalismo es ser una organización de masas, no un corpúsculo irrelevante. 

En ese ejercicio de redacción parto de dos premisas elementales: a) el nivel de fuerza permanentemente organizada que tenemos es necesaria, pero no suficiente para ser determinantes en los vaivenes de doña Correlación de Fuerzas; b) si esto es así, la pregunta es: ¿de qué manera se puede ir transformando la condición necesaria en suficiente? Se trata de una reflexión nunca acabada que debe ir revisándose a lo largo de todo el trayecto sindical.

¿Por dónde escudriñar el quid de la cuestión? ¿De qué manera se puede experimentar, a través del método ensayo y error o, si se prefiere, prueba y error? En principio, sugiero tres pistas: 1) el cambio del modelo de representación sindical, 2) la plataforma del convenio colectivo y del conjunto de las prácticas contractuales, y 3) la valoración y organización de todo lo que conquista el sindicalismo. Como mínimo, aunque con mucho gusto, si surgen otras pistas, lo ampliaré. 

1.- El modelo de representación

Reincido recordando lo que constatamos todos los días: el modelo actual de representación no sólo no facilita la afiliación –«la fuerza permanentemente organizada»--  sino que es un mecanismo de freno. Por ello entiendo que mientras el sindicalismo no encuentre un modelo que pueda representar la diversidad de los trabajadores de todas las tipologías desde el centro de trabajo, los que buscan empleo y los pensionistas será muy complicado que se incremente la cantidad y calidad de la afiliación, esto es, la «fuerza permanente».

Digo que será muy complicado, además, en esta fase de transformación del trabajo y de la aparición de multitud de subjetividades, también como expresión de tales transformaciones en el centro de trabajo. En resumidas cuentas, el augusto anciano del comité de empresa, que fue pensado y creado para otras épocas, es ya un sujeto inválido, lleno de achaques.

¿Por qué, entonces, se mantiene ese modelo de representación? Entiendo que por estos motivos: a) por la inercia a un instrumento que nos ha dado tantos beneficios y b) por la desazón que produce entrar en nuevas experiencias. Por la desazón o, tal vez, miedo. En esas condiciones no creo que aumente la fuerza permanente de la afiliación.

2.- La plataforma del convenio colectivo

Dice Juan Manuel Tapia, en clave apodíctica, que «la negociación colectiva es la centralidad del proyecto sindical». Claro que sí. Con la negociación colectiva se pretende defender los intereses del conjunto asalariado y, por ello, se les representa, no de manera abstracta sino con la fisicidad de un instrumento concreto. Y de la utilidad de lo conseguido se desprende la eficacia del instrumento en cuestión.

Ahora bien, el «conjunto asalariado» no es un segmento uniforme -¿lo fue alguna vez?-  como nos parecía a los sindicalistas de mi quinta en tiempos del fordismo. De aquella apreciación sacamos una conclusión práctica: la plataforma reivindicativa era un elenco homogéneo de reivindicaciones, deficitario de demandas de grupo. De ahí que defendiéramos una plataforma que no hacía distingos entre los grupos erarios, entre hombres y mujeres, entre los de «mono azul» y los de «bata blanca». Perdón por el casticismo: era algo así como café con leche para todos. Entendíamos, además, que de ir por otra camino corríamos el riesgo de meternos en la ciénaga corporativista. Pero el corporativismo no se conjuraba, ni se conjura tampoco hoy, con el café con leche para todos.

Comoquiera que hemos abordado estas cuestiones en otros momentos no abundo en la explicación. Tan sólo me falta decir, por ahora, que si  «la negociación colectiva es la centralidad del proyecto sindical» la plataforma reivindicativa ose corresponde con las diversidades que conforman el conjunto asalariado o estamos intentando defender y representar a un trabajador que ya no existe en la realidad efectiva. O, si se prefiere, nuestra representación y tutela es sólo de carácter paliativo. En estas condiciones no parece probable que se incremente considerablemente la fuerza permanente que constituye la afiliación.

3.- La valoración y organización de las conquistas

Desde los primeros andares del sindicalismo en la legalidad arrastramos un defecto estructural: la no valoración de las conquistas y, tal vez, por las características movimientistas de otrora la insuficiencia de organizar nuestras conquistas. La relación entre ambas parece evidente, y no se me caen los anillos en afirmar nuevamente que esta ha sido una herencia negativa que los de mi quinta hemos dejado a las generaciones sucesivas.

Hay dos ejemplos de estos últimos tiempos que expresan  aproximadamente lo que quiero decir: una, en La utilidad del sindicato en Seat, se relata una conquista relevante  de lo que se quiere decir; la victoria sindical y iuslaboralista con relación a la huelga de Panrico. ¿Quién lo ha valorado? Que me lo presenten y rectifico.

Por lo demás, las conquistas no se organizan solas. Cosa que sabemos, pero que su conclusión práctica la dejamos para el maestro armero. Con lo que, de esta manera, tampoco se incrementará la fuerza permanente del sindicalismo. Aclarémonos: una fuerza permanente y pensante.

Tres condiciones para aumentar la afiliación sindical