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lunes. 08.08.2022

Buenas noticias en Europa y... no tan buenas en EEUU

En Europa este habrá sido el verano más tranquilo desde que empezó la crisis.Y al regreso de vacaciones nos encontramos con buenas noticias en el frente del euro.

En Europa este habrá sido el verano más tranquilo desde que empezó la crisis.Y al regreso de vacaciones nos encontramos con buenas noticias en el frente del euro. Los mercados estaban esperando que Draghi diese contenido a su promesa de hacer “lo suficiente” para salvar al euro y les ha tranquilizado que en la primera reunión de su Consejo el BCE haya decidido intervenir de forma “ilimitada” en el mercado de Deuda pública a corto plazo. Con el voto en contra del Bundesbank, como estaba previsto.

Pero para que el plan de Draghi pueda seguir adelante hacia falta que el Tribunal Constitucional alemán rechazase los recursos presentados contra el Tratado que instituye el MES (Mecanismo Europeo de Estabilidad). Y así ha sido, con un gran suspiro de alivio en toda Europa. Cierto que el Tribunal impone algunas condiciones, todas ellas razonables, como que el Bundestag tendrá que aprobar cualquier aumento de la contribución alemana al MES por encima de los 190.000 millones de euros ya aprobados. Pero ahora Alemania ya puede firmar y el horizonte para que el BCE y el MES actúen juntos parece despejado

Además, el mismo día que se pronunciaban los jueces constitucionales alemanes, los electores holandeses votaban mayoritariamente a los partidos pro-europeos y daban la espalda a los partidos euroescépticos que proponían salir del euro. Y Barroso presentaba sus proyectos para avanzar en la construcción de una “federación de Estados–nación”, la primera vez que se utiliza formalmente esta expresión, tan querida por Jacques Delors, en las altas instituciones europeas. Y proponía su plan para avanzar en la Unión Bancaria convirtiendo al BCE en el supervisor de todos los Bancos europeos. Aunque haya muchas dudas sobre cuándo y cómo van los de Frankfurt a asumir esa enorme tarea, aunque haya resistencias por parte de Alemania que quiere que la supervisión europea se aplique solo a los grandes Bancos transnacionales y aunque haya reservas, que comparto, sobre los poderes que acumula el BCE, se trata de un importante paso al frente.

Ahora, una vez que el Tribunal Constitucional alemán no nos ha aguado la fiesta, para que la ayuda del BCE/MES sea efectiva es necesario que el país afectado la pida formalmente. Es decir, le toca al Gobierno español mover ficha y decidir si pide o no el segundo rescate, sabiendo que gratis no va a ser desde el punto de vista de las condiciones que nos van a imponer.

Mientras Rajoy deshoja la margarita del rescate sí, rescate no, en Europa se están poniendo nerviosos y reclamando que España aproveche la tranquilidad que esas buenas noticias han provocado en los mercados bursátiles y de Deuda. Una tranquilidad que se ha visto aumentada por la decisión de la Reserva Federal de suministrar liquidez también de forma ilimitada mientras la crisis dure. Muchas voces se lamentan de que los gobiernos que mas han insistido para que el BCE se decida a actuar con su plan “salva Estados” ahora se hagan los remolones para pedir la ayuda que reclamaban. Me temo que tendrán que esperar a las elecciones gallegas, porque antes Rajoy no querrá verse en la tesitura de aceptar mas medidas restrictivas que podrían afectar a las pensiones. Pero en Bruselas se habla ya de un plan de rescate para España del orden de 300.000 millones con la participación del FMI. Y mientras el Gobierno debe estar negociando las condiciones, deseémosle suerte y acierto.

Pero mientras las cosas parecen ir mejor por Europa, otras cosas suceden en el mundo, algunas muy importantes, como las elecciones presidenciales americanas y la reciente escalada de violencia en el mundo árabe musulmán contra los EEUU. Debemos seguir con atención lo que ocurra en el otro lado del Atlántico porque en este mundo tan interdependiente, las decisiones que toma un Presidente de los EEUU afectan al mundo entero. Lo que decidan los americanos el próximo noviembre es tan importante para ellos como para nosotros.

A estas alturas de la campaña se confirma que Rommey no despierta entusiasmo ni siquiera entre los suyos. No son los republicanos quienes pueden ganar, son los demócratas quienes pueden perder según como la opinión publica valore el balance de Obama. Y también, está claro, que ese balance no satisface a muchos de los que le apoyaron en el 2008 con el entusiasmo que levanto su “yes, we can…”.No está claro que realmente haya podido conseguir lo que propuso y el desencanto es patente entre sus seguidores, como muestran los dramáticos mensajes de su equipo de campaña dirigidos a movilizar una opinión bastante renuente. Y los comentaristas opinan que su discurso de aceptación de investidura en la reciente Convención del Partido Demócrata no fue un éxito, muy lejos en todo caso del impulso entusiasta que levantó cuatro años atrás.

No hay que olvidar que el Obama del 2008 llevaba la triple promesa de la recuperación económica, de una nueva diplomacia y de la transición ecológica. Algunos párrafos de su discurso de investidura en enero del 2009 lo mostraban claramente: “demasiados americanos han sido expulsados de sus casas y demasiadas empresas han tenido que cerrar sus puertas.., nuestro sistema de salud es demasiado caro e injusto…, la manera en la que usamos la energía refuerza a nuestros adversarios y amenaza el planeta…”.

Con las expectativas así creadas, la opinión pública americana hará balance de la presidencia de Obama con brochazos gordos sobre algunos asuntos clave. El primero de ellos sin duda será el empleo. Con la mayor tasa de paro de su historia reciente, para los americanos lo que importa son los ‘jobs’. Y hay que reconocer que Obama no ha conseguido crear, o recuperar, los ‘jobs’ esperados. Probablemente su muy criticado plan de relanzamiento de 700 mil millones de dólares se quedo corto, como argumenta Krugman y otros economistas. Para los republicanos, en cambio, ha sido un despilfarro que no ha servido para nada. Nunca sabremos qué habría ocurrido sin ese plan, pero seguramente la situación sería peor. Claro que eso no sirve de consuelo al parado que confiaba en la creación de empleo que Obama prometió.

Hay que reconocer que Obama, un ex asistente social, ha luchado para reducir el foso creciente entre pobres y ricos. Pero en realidad ese foso se ha hecho más grande y las desigualdades han seguido creciendo. Un problema difícil de resolver porque sus buenas intenciones chocan con el individualismo de la sociedad americana en la que muchos tachan a Obama de “socialista a la europea”.

También hay que reconocer que ha conseguido democratizar la asistencia sanitaria. Le ha costado tres años de batalla contra los republicanos y parte de la opinión para convencer de la necesidad de una cobertura sanitaria organizada colectivamente. Pero está por ver que los beneficiados por esta reforma se lo agradezcan, entre otras cosas porque muchos de ellos no votan.

No ha culminado la reforma del sistema financiero para embridar sus excesos. Le ha faltado tiempo para profundizar en las reforma emprendidas y ha tenido que enfrentarse al obstruccionismo de los republicanos. Y Wall Street es mucho Wall Street. Con razón o sin ella, muchos de los afectados por la crisis inmobiliaria creen que Obama la ha dejado en segundo plano y que no ha ayudado a los propietarios expulsados ni exigido responsabilidades a los Bancos que causaron la catástrofe. Pero si ganan los republicanos la marcha atrás está asegurada.

Como Zapatero, Obama ha sido muy progresista en cuestiones de sociedad y reforzando los derechos de los homosexuales. Pero en material de seguridad y defensa lo ha sido menos de lo que prometió. No pudo cumplir con sus promesas de cerrar Guantánamo.

También en el frente ambiental se ha quedado corto. Ha tenido que remar a contracorriente de una opinión más preocupada por los problemas inmediatos que por el calentamiento de la atmosfera. No pudo aprobar leyes federales para luchar contra el cambio climático, pero ha impulsado acciones desde los Estados más sensibilizados por el medio ambiente. Al final la recesión ha hecho más para disminuir las emisiones de Co2 que sus políticas.

En materia de política internacional ha seguido los pasos de Bush en Afganistán, aumentando la presencia militar y apoyando al Gobierno corrupto de Karzai… antes de tocar retirada a plazo fijo dejando las cosas como estén cuando suene la campana del fin decretado de una guerra que el mundo occidental ha perdido. Pero, ¿podía hacer otra cosa?.

Obama recibió el Nobel de la Paz no tanto por lo que había hecho sino por lo que se esperaba que hiciera. Pero en el conflicto Israel Palestina ha hecho poco más que discursos. El proceso de paz está en punto muerto, los palestinos no tienen Estado e Israel sigue construyendo muros y colonias.

En su visión estratégica Obama ha mirado más al Pacifico que al Atlántico. Es normal que así sea, Europa ha pesado menos que Asia, pero ha jugado con pragmatismo sus cartas frente a la China emergente y los demás países de la región.

Aunque le llamen “europeo”, de una forma que no es precisamente un alago, Obama no le ha hecho mucho caso a Europa, quizá porque los vericuetos institucionales de la UE son cada vez mas prolijos y menos atractivos. En realidad, Obama se ha ocupado de Europa para evitar la caída del euro. Y en eso ha sido decisivo. Lo ha hecho por propio interés, porque un euro débil quiere decir un dólar fuerte y eso es malo para las exportaciones americanas. Y además, las turbulencias que habría producido el derrumbe del euro habrían liquidado sus posibilidades de ser reelegido.

Este peligro parece conjurado, el euro resiste y las instituciones europeas, tarde y a trompicones van poniendo las bases de una unión más sólida. Pero los malos datos de empleo hacen peligrar la reelección de Obama.


Buenas noticias en Europa y... no tan buenas en EEUU
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