martes. 16.07.2024

¿La peor campaña de la historia?

NUEVATRIBUNA.ES - 26.5.2009Van pasando los días y los mítines, y seguimos sin ver comenzada una verdadera campaña de cara a unas elecciones europeas. Unos comicios que, por definición, determinan la composición de la denominada Eurocámara, en un momento crucial para el destino de miles de millones de ciudadanos de todo el mundo.Que las izquierdas predominen sobre las derechas en el Parlamento Europeo no es baladí, ni mucho menos.
NUEVATRIBUNA.ES - 26.5.2009

Van pasando los días y los mítines, y seguimos sin ver comenzada una verdadera campaña de cara a unas elecciones europeas. Unos comicios que, por definición, determinan la composición de la denominada Eurocámara, en un momento crucial para el destino de miles de millones de ciudadanos de todo el mundo.

Que las izquierdas predominen sobre las derechas en el Parlamento Europeo no es baladí, ni mucho menos. En las actuales circunstancias, podemos decir que solo con una coalición progresista –formada por izquierdas de distinta tendencia y programa- podríamos restaurar el edificio capitalista para afrontar con garantías la gravísima recesión y, más allá de ello, caminar hacia un modelo de crecimiento sólido y con garantías de permanencia.

Nadie lo ha dicho por ahora, pero está en los libros: la izquierda es la que más capacidad ha mostrado en el pasado para proteger el capitalismo: lo llevó a la Edad de Oro (1945-1973) mediante la elevación de la protección social y los derechos de los trabajadores –con la amenaza de fondo de la URSS, ésta promotora del capitalismo de Estado- y aspira, en estos difíciles momentos, a reparar las auténticas grietas que la bacanal del ultraliberalismo armado provocó durante los últimos cuarenta años. Ni comunistas ni socialistas se proponen, por tanto, cuestionar la lógica del sistema: el crecimiento, mediante el fomento del consumo y la inversión, constituyen los principios de un “capitalismo sano” que, en vez de transacciones opacas, ha de destilar nuevas vías ferroviarias, camillas de hospital y hasta buenos colegios públicos. Y gracias.

Pero poco de esto se está mencionando en este discreto espectáculo propagandístico y de cruce de acusaciones. Por lo menos, en España. Los contendientes hablan fundamentalmente en clave nacional y se miran el ombligo. Una especie de primarias, con un 35% de participación, para ver si Rajoy ha conseguido erosionar en alguna medida a un liberal Rodríguez Zapatero, empeñado en aplicar medicina suave, sin receta médica (como la píldora del día después, por cierto), a la especialmente maltrecha economía nacional.

Da toda la sensación de que, terminada la campaña y derrochado todo el dinero para esta, los ciudadanos seguiremos como al principio: sin saber qué votar, por qué votar y qué relevancia tienen estos comicios. Y algunos terminaremos por no querer hacer ni el esfuerzo. ¿Para qué?

En Europa no nos jugamos que Rajoy vuelva a tener problemas con Esperanza Aguirre, Cospedal o con su amigo Aznar. No esperamos ver a un Zapatero magistral confirmando su ventaja sobre el gallego y prometiendo más ladrillos para España. En la Eurocámara se dirime la estrategia que seguirá Europa frente a la crisis y, por tanto, nuestro destino a corto, medio y largo plazo. Decidimos, en gran parte, con qué cara vamos a mirar a los imperios americano, ruso, chino e indio durante los próximos años; si, de una vez por todas, vamos a proceder a una verdadera integración política; si existirá, por fin, un ente común desde el que hacer propuestas para construir un nuevo escenario, o al menos, para hablar de este…

No debería ser el Parlamento Europeo un lugar de reposo al que se destina a muchos políticos. Nuestros dirigentes, y su bajo nivel, nos lanzan continuamente y sin querer, el siguiente mensaje: Europa no nos importa, pero vota.

Que no sea porque no les hemos avisado.

Andrés Villena es economista e Investigador en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Málaga (UMA).

villenaoliver@gmail.com

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