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jueves. 07.07.2022

Sánchez se presentará a la investidura

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En otras palabras, se analiza la situación con suficiente amplitud como para que los momentos que al principio parecieran ser psicológicos –como los deseos, motivos, recuerdos y asociaciones– se transformen en elementos de la situación (Karl Popper, En busca de un mundo mejor).


Las últimas encuestas del CIS avalan la opción de Sánchez como alternativa a Rajoy siempre que sea capaz de liderar -mal que le pese y con el traje hecho jirones por sus barones- los dos tercios que no quieren a Rajoy ni para coincidir en la consulta del médico

Desde la explosión de los medios y tecnologías de la información que ha llevado a los ciudadanos de buena parte del planeta a la posibilidad de leer y/o oír lo noticiable casi independientemente de sus recursos, un virus recorre toda esa información que la sesga, la deteriora o la mata: la mentira goebbeliana. Y eso es responsabilidad de los periodistas y de los medios de comunicación también, no sólo de los creadores de mentiras. Dos ejemplos hemos tenido en menos de un mes, uno doméstico y otro internacional. Este último, la mentira de que en Turquía el presidente Erdogán había parado el golpe de Estado cuando, en realidad, el golpe ha triunfado porque lo ha dado –o se ha aprovechado– el mismísimo presidente. La otra mentira – la doméstica– es la de que Rajoy había aceptado la investidura cuando es justamente lo contrario, que no la ha aceptado. Por sus obras les conoceréis. Es verdad que ha mentido al Jefe del Estado, a los votantes –especialmente a los suyos que para eso lo son– y a los periodistas, y eso ha hecho que estos se hayan devanado los sesos sobre qué ha aceptado en realidad este indolente e insípido gallego. Es comprensible que los periodistas, mayoritariamente e ideológicamente de derechas y que se deben a medios aún más de derechas, no hayan sido capaces de transmitir tal hecho, pero la Constitución no permite aceptar una investidura en modo depende. Y resulta inquietante e incomprensible que el resto de los líderes de los principales partidos no hayan advertido el hecho de la “no aceptación”, aunque sí la contradicción que supone aceptar el Gobierno –que nadie le ha otorgado ni en su fase de intentona– y la investidura condicionada.

Ya he expuesto en artículos anteriores que la lógica situacional popperiana viene determinada por la necesidad de que el Gobierno que surja en la Cámara represente a los dos tercios que han dicho que no quieren a los de Rajoy por dos veces en seis meses para unos mismos cargos. Y el segundo hecho determinante de la lógica política actual es la de que el PSOE y Ciudadanos no pueden moverse de su situación en relación a Rajoy y al PP porque correrían grave riesgo de caer en la irrelevancia antes de lo imaginable. Frente a ello están la mayoría de los medios de comunicación, los poderes fácticos empresariales, los barones del PSOE y los errores tácticos del mismo PSOE y de Podemos, que aún lastran o frenan la lógica de los dos tercios. El del PSOE, haber pactado con Ciudadanos para nada, y que ahora pone en evidencia el error la propuesta de abstención de este partido en la segunda vuelta de esa hipotética investidura; el de Podemos porque, si quería co-gobernar con el PSOE, lo primero era echar a Rajoy del Gobierno y no refocilarse en la piel del oso cuando aún se atraca a salmones. Y sólo hay una alternativa en presidencia de Gobierno a Rajoy que es Pedro Sánchez, les guste o no a Pablo Iglesias y sus allegados. Otra cosa ya es el Gobierno y la legislatura aún non-nata. Ahí es donde Podemos debió utilizar la carga de sus más de cinco millones de votos. Pasamos por alto lo de la cal viva y la vicepresidencia en modo prepotente si lo que se quería era compartir Gobierno y ministrabilidad con Sánchez.

Ciudadanos por su lado se va consumiendo encuesta tras encuesta, elección tras elección, porque quieren estar en todo, en misa y repicando, sacar los córners y rematarlos, ser de centro y dar la abstención a la derecha más corrupta de Europa, decir que facilitan la gobernabilidad y ser al mismo tiempo el campeón de los vetos: a Rajoy, a los nacionalistas independentistas, a Podemos. Rivera se presta de alcahueta para una misión imposible cuál es la de encontrar novio político a Rajoy en la persona de Sánchez. Si Rivera traspasa el umbral de la abstención, adiós a Ciudadanos, y eso lo sabe el campeón de los vetos.

Pedro Sánchez se la juega también, pero sobre todo se la juega el PSOE si oye los cantos de sirena varadas en los consejos de administración de sus barones. Si Sánchez diera el sí abstencionista a Rajoy al día siguiente en el Parlamento no podría abrir la boca, hacer la mínima crítica a Rajoy de la primera medida escatológica que nos lanzara el indolente gallego a los ciudadanos; no tendría Sánchez sitio en su escaño donde arrebujarse, disminiuirse en su más de uno ochenta de estatura. Y allí estaría sólo Pablo Iglesias convirtiendo su error ya señalado en imagen de acierto. Adiós al PSOE y sus ciento treinta y tantos años de historia. ¿Vendrían entonces los González, Rubalcaba, Zapatero o Borrell a rescatarlo? Pedro Sánchez no puede huir de la lógica situacional del momento político y no le queda más remedio que intentar la investidura. Sólo intentarlo de forma convincente. No es necesario que negocie con sus posibles apoyos, que son Podemos y Ciudadanos, sólo ha de presentarse. Tiene que agotar la bala que tiene en la recámara, la única que le queda tras el 26J, porque la otra que tenía además tras el 20D la han echado a perder entre Iglesias y Sánchez discutiendo si son galgos o podencos, cuando al final era el perro de Baskerville en un pantano de más de siete millones de votos. Las últimas encuestas del CIS avalan la opción de Sánchez como alternativa a Rajoy siempre que sea capaz de liderar -mal que le pese y con el traje hecho jirones por sus barones- los dos tercios que no quieren a Rajoy ni para coincidir en la consulta del médico.

Sánchez se presentará a la investidura