miércoles 16.10.2019

No ha habido acuerdo. ¿Será posible en septiembre?

Pendientes de que el día 25 de julio hubiera investidura, los progresistas nos hemos llevado una gran decepción. Seguro que ambos partidos, UP y PSOE, tienen sus propias razones, así lo hemos visto escuchando a ambos protagonistas en la tribuna. Personalmente, comparto el discurso duro y crítico de Adriana Lastra, aunque Pablo Iglesias dijera un “qué poca vergüenza”, mientras no ha hecho ningún gesto cuando la derecha, a tres bandas, sacaba pecho en sus discursos. Me cuesta entender las posiciones maximalistas de Podemos, pese a que han hecho el gran esfuerzo de renunciar a que su líder esté en el gobierno, pero deben reconocer que él no es solución sino problema, y no únicamente para el PSOE, sino para los socios de gobierno. Ahora mismo da la impresión de que no hay posibilidad de acuerdo de investidura, tal y como están las posiciones. También es cierto que no hay otra alternativa de gobierno que Pedro Sánchez como presidente.

Ir a unas elecciones no es solución. UP puede arriesgar una nueva pérdida de votos, ya que nada indica que no sigan en esa “caída libre” que iniciaron en 2016 y de la que no se recuperan.

Tampoco es solución para el PSOE que puede, lógicamente, obtener más diputados pero no suficientes para gobernar. Una victoria electoral puede resultar una pérdida real si la derecha suma para formar gobiernos.

Todos estamos de acuerdo y repetimos lo mismo. Pero, ¿cómo desbloquear la situación? Porque ahora mismo existe más desconfianza que confianza; existe desconfianza no solamente entre los líderes, Pedro y Pablo, no solamente entre sus diputados, sino también entre ambas organizaciones. Cada vez más se miran con recelo, se acusan con mayor frecuencia, el enfado es creciente, y se culpan del fracaso. Se atribuyen méritos, algunos ridículos y demagógicos, como la propuesta última hecha desde la tribuna por parte de Pablo Iglesias que sonaba a pandereta más que a voluntad real.

Si me permiten unos consejos:

Lo primero que todos callen. Inmediatamente acabada la votación solamente escucho reproches, tanto del PSOE como de UP, y estos últimos con un tono insolente y bastante duro. Disparar contra los socios no favorecerá la negociación sino todo lo contrario. Luego, habrá que tragarse lo dicho y a veces eso genera mucha bilis.

Lo segundo buscar interlocutores. El PNV es uno de ellos; también lo es Alberto Garzón. O también desde fuera del hemiciclo Íñigo Errejón. Porque los interlocutores facilitarán el diálogo, evitarán que surjan más reproches. Pero para ello, Podemos debe aceptar que esta negociación no es solo bilateral, porque solo entre dos no suman, y necesitan que otros voten favorablemente. Y debe también UP hablar con otras fuerzas políticas, dejar de dar miedo, dentro y fuera. No son la esencia. Y siguen actuando con cierto desprecio hacia el conjunto de fuerzas parlamentarias.

Hay tiempo. Todavía hay posibilidades de gobierno. Pero hay que tener cuidado porque en el camino que se inicia ahora, la pérdida de confianza puede ser decisiva para el fracaso de gestión de un posterior gobierno

En tercer lugar, partir de cero en la negociación. Que UP elimine sus exigencias de ministerios con las competencias que exigen, y que se configure primero entre los negociadores cuál será el gobierno a formar: número de ministerios y competencias. Sin olvidar que el único y primer responsable es Pedro Sánchez, y como presidente del equipo tiene derecho a sentirse mínimamente cómodo con sus ministros. El diseño de ministerios que plantea Iglesias no comprende al conjunto de los votantes progresistas, sino tan solo al círculo de Podemos.

Por último, creo que Pedro Sánchez ha dicho exactamente cuál es el problema de la negociación: no puede haber dos gobiernos, sino solo uno. UP quiere hacer su propia política, quiere su compartimento propio, quiere “hacienda” para llevar adelante sus medidas. Así no se gobierna. Sabe Pedro Sánchez que tener ministros que no son de su fuerza política, le conllevará muchas tensiones internas, posiciones divergentes, declaraciones altisonantes; sabe Pedro Sánchez que, en un gobierno de coalición con Podemos, no habrá tranquilidad y su papel como Presidente será realmente difícil, pero ese es el gran peaje que debe pagar para gobernar. Parece que eso no lo ha aceptado ni Iglesias ni UP, que todavía entienden que una coalición significa “dos gobiernos paralelos”. Mal entendimiento.

UP nació en 2014, y hoy está a punto de entrar en un gobierno, de escribir parte de la historia, de ser el primer gobierno progresista de coalición. No “asaltan los cielos” pero se encuentran en la primera línea política, para una formación que está perdiendo votos progresivamente, que cada vez resultan más incomprendidos.

Muchos nos hemos sentido perplejos y ofendidos con el rechazo y desprecios de la propuesta que Sánchez ha hecho. Ministerios como Sanidad, Cultura, Ciencia, Igualdad o Dependencia, han sido reivindicados como señas de identidad del Estado de Bienestar, de los derechos sociales y del progresismo. Pablo Iglesias debería pensar que no solo debe formar un gobierno para su propia formación, sino para todos los españoles progresistas que, por extensión, luego se aplicará a todos los españoles.

Hay tiempo. Todavía hay posibilidades de gobierno. Pero hay que tener cuidado porque en el camino que se inicia ahora, la pérdida de confianza puede ser decisiva para el fracaso de gestión de un posterior gobierno.

No ha habido acuerdo. ¿Será posible en septiembre?