domingo 15.09.2019

Nos jugamos una de huevo

Hay elecciones y elecciones y estas son de esas en las que te juegas avanzar para adelante o para atrás, es decir retroceder

La política significa un tanto por ciento muy pequeño en las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos. Muchos consideran indiferente quien gobierne. Un voto más o menos no cambia nada, suele pensarse. Votar a unos u otros es irrelevante, el resultado será el mismo. Esto estaría bien si fuera cierto. Una cosa es que no nos preocupe la política y otra muy distinta que no influya en nuestras vidas, incluso en lo más cotidiano. Hay elecciones y elecciones y estas son de esas en las que te juegas avanzar para adelante o para atrás, es decir retroceder.

A los ciudadanos con conciencia y compromiso político, la cuestión no les ofrece dudas. Saben que votaran y a quién. El rechazo al adversario y la adhesión al propio tiene la misma intensidad.

En un escalón inferior están los que tienen conciencia y compromiso cívico, también saben que irán a votar y su opción se moverá entre aquellos que respondan a sus coordenadas ideológicas.

Los trasvases de votos se producen, mayoritariamente,  entre partidos que se estiman del mismo bloque, más excepcional es cambiar de bloque ideológico, salvo que se produzca un voto de rechazo al sistema o existan entornos de crisis y el voto sea respuesta a esa causa (crisis económica, terrorismo, etc.).

Es significativo que, a pesar de la disolución de valores existente en la sociedad actual, en la política exista una mayor afección a auto situarnos en determinado espectro. El ciudadano con compromiso cívico “cabreado” con los suyos puede quedarse en casa pero no suele cruzar la frontera ideológica.  

Finalmente está un importante grupo de electores cuyo compromiso y conciencia es más lasa. Comprenden lo importante que es votar y seguro que habitualmente lo hacen, pero se acercan a la política con más prevención y distanciamiento. Ante un proceso de movilización de los bloques son los que terminan decidiendo quien se lleva el gato al agua de la victoria. ¿Indecisos o remisos? Es un voto que opera como negación a un posible ganador no deseado, votar a la izquierda para que no gane la derecha o a la inversa. La vinculación a un bloque ideológico sigue operando pero el voto es más una acción emocional de lo que no se desea que ilusión por lo que se espera.

En estas elecciones todo esto, que empíricamente puede ser demostrado, puede romperse. La razón: se están jugando muchas partidas al mismo tiempo y el elector puede despistarse.  Algunas cuestiones en liza no son las importantes que tiene España en este momento. Se están dilucidando cuestiones intestinas de la política, no de los ciudadanos. Son en definitiva guerras de poder. Por utilizar un dicho clásico y pertinente a estos efectos “es el fuero y no el huevo” (se atribuye a Francisco de Quevedo refiriéndose a la sublevación catalana de 1640) lo que se quiere ventilar el 28 de abril.  

Nos han querido hacer creer, durante la campaña, que es la unidad de España lo que estamos decidiendo. ¡Falso! Nadie ha discutido en estas elecciones esa cuestión. Lo único que se ha pretendido es hacer creer que unos son más nacionalistas que otros que, como diría Stefan Zweig, el nacionalismo es el peor de los venenos ideológicos

Un planteamiento ilógico que conduce al absurdo confunde y distorsiona el sentido del voto. Metiendo ese debate en el proceso electoral  se produce una negación de las esencias básicas del sistema político constitucional y del Estado de Derecho. Cosa distinta es que el tema catalán sigue pendiente y el gobierno que salga tenga la cuestión encima de la mesa.

Ahora bien, no se puede combatir un nacionalismo con otro y hacer creer que en los procesos electorales pueden resolverse cuestiones que están fuera de la agenda política para evitar contrastar realmente lo que si sería objeto de discusión en este momento.

La hidra del nacionalismo político ya se metió en Europa en los años 30 obviando la cuestión social del momento: el paro; la explotación laboral; la acumulación de capital por las grandes empresas….en definitiva lo que preocupa y afectaba a los trabajadores. El nacionalismo trajo a los reaccionarios y estos al fascismo. Con estas cosas no se juega, no es alarmismo electoralista de dobermans, es historia.   

El nacionalismo, ya sea español o de donde sea, está basado  en un pensamiento que con una lógica simplista pretende introducirse en los individuos creando una falsa identidad. Se genera una ilusión sobre un ideal de excelsos valores compartidos y diferenciados del resto necesitados de defensa por cualquier medio ante “traidores y agresores” internos y externos.

Lo más patético es que la derecha española debería conocer la historia y saber que a ella también se la puede llevar por delante. Por tanto si están jugando a avivar viejas pasiones con el único objetico de quedarse con la hegemonía en el bloque de la derecha, mal estamos.

El domingo nos jugamos una de huevo. De necesidad de que la democracia española se refuerce rechazando a los nacional-reaccionarios de hoy que pueden ser los nuevos camisas pardas de mañana. ¿Es miedo?, pues sí.

No sé si votaré por militancia, por compromiso cívico y hasta con un grado de remisión sobre lo que voto, pero muy convencido de que quiero avanzar siempre para adelante y siempre con más democracia y con más libertad.

¡Hoy las palabras tienen más sentido que otros días! Los votos también.

Nos jugamos una de huevo