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jueves. 18.08.2022

400 intérpretes para 629 refugiados

aquarius

Escucho en un telediario que se encuentran ya preparados los 400 intérpretes que atenderán a los 629 refugiados que están a punto de llegar al puerto de Valencia. También que “recibirán un tratamiento especial durante un mes, transcurrido el cual se les ofrecerá la misma atención que a cualquier inmigrante que llega a nuestro país”.

De inmediato, algo me ha hecho sospechar que este domingo 17 de junio, un circo mediático de varias pistas estrenará una función, con clones de Ferreras en distintos canales de televisión, disputándose la audiencia de un desembarco que tratarán con un efectista dramatismo.

Pero, ¿y después?, me he preguntado.

¿Quien se encargará de explicar a los niños que viajan en el Aquarius que ya no habrá juguetes como los que recibirán a su llegada? 

¿Quien le dirá a los 629 refugiados que se acabó la fiesta, que se agotó el plazo del “trato especial” y que se olviden de los abrazos de bienvenida cuando el mes de gracia se acabe?

Si bien aplaudo la actuación de nuestro gobierno al acoger a los inmigrantes del Aquarius, tanto como me opongo a la postura de Italia y Malta, no me parecería tan humanitario ni tampoco ético hacerlo a expensas de crear unas expectativas que nadie sabe hasta cuando se podrán mantener siendo que el “especial” tratamiento tiene fecha de caducidad.

Me preocupa que la euforia que manifiestan los pasajeros del Aquarius, les haga malentender que están a punto de tomar tierra en un Paraíso donde recibirán por siempre un trato preferencial.

Me preocupa el día después, los meses después y lo que ocurra a partir de entonces.

Me preocupa que haya tenido que ser un país (el nuestro) quien haya resuelto el problema puntual que supone Aquarius, mientras la UE se ha mostrado incompetente. 

Me preocupa, que algunos espabilados intenten obtener rédito de esta acción humanitaria, y es por ello que aplaudo que la vicepresidenta Carmen Calvo y el presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, hayan coincidido en que la recepción de los inmigrantes se haga de un modo respetuoso y eficiente, sin la presencia de políticos que acudan a hacerse la foto.

Y, ya por último, me preocupa qué pasará con quienes no obtengan su estatus de refugiados, circunstancia ante la que Calvo ha matizado que se actuará "con los protocolos establecidos" de acuerdo a la legislación española. 

La respuesta está en el viento.

400 intérpretes para 629 refugiados