sábado 19.10.2019

La izquierdita cobarde

Hay toda una generación de izquierdistas que lleva el logo del PSOE tatuado en el alma, como otros llevan el escudo del Madrid o del Barça. Sentarse a cenar con ellos es como rumiar varios kilos de eslóganes socialistas, aunque quien los pronuncie haya votado siempre a Izquierda Unida. Que si la política pragmática, que si Felipe antes no era sí, que si se hizo lo que se pudo, que si la Ley de Matrimonio homosexual o la de dependencia... Que sí, claro, el PSOE tiene cosas de las que presumir. El problema está en que la columna del debe es tan larga como la del haber, y eso siendo generoso.

Porque ese mismo PSOE es el que nos metió en la OTAN y en Maastricht; el que comenzó las privatizaciones con González y las siguió con Zapatero —que a si Pepiño le dan un poco más vende hasta Loterías del Estado—; es el que aprobó el régimen fiscal especialísimo para las SICAV —aprovechando, de hecho, que ese día se aprobaba también la Ley de Matrimonio Homosexual y nadie hablaría de lo otro— y el que aprobó la primera reforma laboral que recortaba derechos a los trabajadores. Es el de la abstención para que gobernara el PP de los recortes y la Gurtel y el del apoyo al 155 o a la reforma constitucional nocturna y alevosa. Y por supuesto, es y ha sido uno de los soportes fundamentales del neoliberalismo en España.

Ver ahora al partido de Sánchez bailando la conga, ahora pacto a izquierdas, ahora a derechas y si no repito elecciones; hace sospechar que, en el fondo, al PSOE le gustaría más volver a darse el abrazo con Rivera que otra cosa

Por eso, ver ahora al partido de Sánchez bailando la conga, ahora pacto a izquierdas, ahora a derechas y si no repito elecciones; verle buscar, como un cochino una trufa, la abstención de PP o de Ciudadanos para no depender de esos malvados de Podemos que a lo mejor, vaya usted a saber, se ponen a pedir mejoras para las clases trabajadoras y cosas radicales como el derecho a la vivienda o que los banco devuelvan la pasta que les prestamos; verle así, decía, da muy mal rollo y hace sospechar que, en el fondo, al PSOE le gustaría más volver a darse el abrazo con Rivera que otra cosa. Y vendérnoslo, como siempre, como algo inevitable: era necesario para la gobernabilidad, se hizo lo mejor que se pudo,... esas cosas de antaño.

Porque ya no es que el PSOE no quiera hacer la revolución —nadie se lo pide ni nació para eso— es que a estas alturas ahí sigue la reforma laboral del PP o la Ley Mordaza; y Franco en Cuelgamuros. Lo que parece, en resumen, es que el PSOE tiene miedo de que los editoriales de los medios de derechas (casi todos) le vuelvan a decir que pacta con populistas o que es rehén de los nacionalistas. Y ello mientras, sin complejos, Ciudadanos (Zentrum) y el PP pactan con Vox allí donde hace falta, blanqueando a la caverna y sus despropósitos. Porque estos partidos sí tienen claro que para beneficiar a los suyos lo principal es tener el poder, y ejercerlo.  

Por eso, en lo que a mí respecta, mientras el PSOE no decida de qué lado está en esta timba moderna en que se ha convertido la economía —si de quienes creemos que la justicia social y el reparto de riqueza es necesario para que no haya violencia y barbarie o de quienes prefieren vivir encastillados en urbanizaciones hipervigiladas pero con la cuenta corriente a rebosar— he tomado la decisión de llamar a ese partido la izquierdita cobarde. Si a Abascal le ha funcionado con Rivera, ¿por qué no nos va a funcionar a nosotros con el PSOE? Y así de paso, además, chincho a unos cuantos amigos de aquellos que hicieron la Transición y aún se sonrojan al pensar en Felipe cuando era joven. 

La izquierdita cobarde