viernes 17/9/21

La recuperación

nueva normalidad

El luto oficial por los muertos por COVID19 se produce cuando el recuento de muertos diarios está próximo a cero. Lo peor de la epidemia ya ha pasado y eso lo percibe claramente la gente. La vuelta al trabajo y la vuelta a las terrazas sin duda darán nuevos brotes que las autoridades sanitarias son capaces de detectar y de controlar. Todo ello a la espera de ver si en el otoño se presenta otra  oleada del virus. Ojalá se consiga una vacuna o un remedio a tiempo. Si no, ya hemos aprendido mucho y estamos mejor preparados para hacer frente a lo que venga. El debate sobre la pandemia debería estar enfocado a analizar, a la vista de la experiencia nacional e internacional, qué deberíamos hacer para que el próximo brote no pille mejor preparados. Tal y como está el vigente régimen de partidos, ese debate no se va a dar en las Cortes que es donde debería producirse. Me temo que, en parte, se produzca en los tribunales de justicia y de ahí saldrán  disparates como ya hemos visto en la crisis de 2008. Sería bueno que se diera en los medios de comunicación y que se produjera entre expertos. Pero a lo peorhabrá que conformarse con seguir el debate en otros países.

En la medida en que la pandemia remite en Europa Occidental, la mayoría de los países están reactivando sus economías. Nosotros tenemos que hacer lo mismo, sea cual sea el estado de la plaga. La tarea del momento es, pues, cómo se pone en marcha la actividad económica que se paró para frenar el contagio. El frenazo en seco de una buena parte de la economía ha producido una recesión catastrófica a escala planetaria, algo nunca visto antes y que traerá profundas consecuencias. Para empezar, algunas tendencias que ya se observaban antes de la pandemia se van a acentuar. En particular quisiera subrayar las tres que casi todo el mundo señala:

  • La globalización dará marcha atrás. Las cadenas de valor están demasiado extendidas y habrá que recuperar procesos y tareas que hasta aquí se realizaban en otros países. Para ello, los gobiernos europeos ya han puesto en marcha políticas industriales, es decir, los Estados están interviniendo activa y masivamente para apoyar sus industrias y fomentar el desarrollo de otras. Pionera en este camino ha sido Alemania, pero Francia no le va a la zaga. Muchas grandes y pequeñas empresas están siendo rescatadas por sus gobiernos, pero el rescate está condicionado a acelerar procesos como el coche eléctrico o la robotización. Nada que no estuviera ya presente antes que apareciera el COVID19 pero que éste ha acelerado. A donde voy a parar es a que no se trata solo de ayudar a reabrir empresas. Estas, además, van a cambiar de forma acelerada.
  • El confinamiento ha demostrado la utilidad del teletrabajo. En general, la digitalización va a acelerarse y con ella, hay que esperar cambios en todos los terrenos. La banca, por ejemplo, ya es en buena medida, una banca on line. Poco va a tardar en serlo del todo. La circulación de papel moneda va a declinar en favor de medios electrónicos de pago. La generalización de teleconferencias va a reducir el número de viajes, lo cual va a afectar al sector del transporte.
  • La adaptación de la economía al cambio climático es imparable. No se trata solo de reabrir empresas, se trata de que se adapten a los nuevos requerimientos medioambientales.

De todo ello deduzco que no regresaremos al pasado sino que nos adentramos en un terreno nuevo y desconocido. La reactivación no será solo levantar la persiana y volver al curro. Todo cambiará porque ya estaba cambiando antes de la pandemia. Hay algo más: la pandemia nos hará más pobres. En EE UU, la Oficina Presupuestaria del Congreso estima que la pandemia costará a la economía norteamericana unos 8 billones de dólares durante la próxima década. En España, uno de los países en que desplome económico es más pronunciado, no serán pocas las empresas que no soportarán la pandemia.

La buena noticia viene de Europa. El recién presentado Plan de Recuperación para la Economía Europea implica inyectar 750.000 m€ en los próximos años que, si se unen a los recursos del MEDE, el BEI, el BCE y, en resumen, de todas las instituciones europeas supone una movilización de recursos de uno u otro tipo de más de 3 Billones. Es una cifra descomunal, tanto como el problema que quiere resolver: la recesión inducida por la pandemia. Tan descomunal como las cifras que manejan las otras grandes economías del mundo, de Japón a EE UU. Hago esta comparación para subrayar la idea de que, esta vez, parece que la UE aborda la crisis como un área económica unificada. Y digo parece porque aún queda el rabo por desollar, vista la posición de algunos países. En realidad, el mensaje que Macron y Merkel transmiten es que apuesta por mantener la UE.  De otro modo, es decir, apostar por que cada país se las apañe como pueda, equivale a disolver la UE. Hasta ahora, las medidas sanitarias, económicas y sociales para hacer frente al COVID19 se han tomado país por país. Sin ir más lejos España ha gastado casi 140.000 m€ en cosa de tres meses. Ahora, hacer frente a la recesión será una tarea europea. Y ese es un gran cambio si, finalmente, se produce.

Dado que la pandemia es, como su mismo nombre indica, un problema mundial y como la recesión es su secuela en casi todos los países, sería de desear una cooperación al menos de las grandes economías y de estas hacia los países en desarrollo donde los efectos de la pandemia pueden ser mucho más graves. No está descartado, pero mucho me temo que con Trump en la Casa Blanca eso sea imposible. En lugar de cooperación parece que tendremos un enfrentamiento de las dos mayores economías del planeta. No es bueno para nadie. En los países en desarrollo la situación económica y social puede hacerse  muy grave. Es la hora de que las instituciones como el FMI y el BM acudan en su ayuda. Algunos han propuesto la condonación de la deuda a los países más pobres como la mejor y más rápida ayuda. En todo caso, habrá que ayudar para evitar la anunciada catástrofe humanitaria.

La recuperación