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miércoles. 01.02.2023

El año europeo

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Tras las victorias de Trump en EE UU y tras el Brexit, la existencia misma de la UE ha estado amenazada por lo que se anunciaba como una avalancha de nacional – populismo, distinto en cada país, pero con un rasgo común: ser euroescépticos

Ocupados con el lío de Cataluña, corremos el riesgo de perder de vista lo que se cuece en Europa. 2018 va ser, con bastante probabilidad, un año decisivo para la construcción europea y, por eso mismo, para el futuro de España.

Tras las victorias de Trump en EE UU y tras el Brexit, la existencia misma de la UE ha estado amenazada por lo que se anunciaba como una avalancha de nacional – populismo, distinto en cada país, pero con un rasgo común: ser euroescépticos. Afortunadamente, en ningún país de la eurozona han ganado las elecciones si bien han mostrado una fuerza inquietante. No me cansaré de repetir que hoy, el nacionalismo es el principal enemigo de Europa, pero el nacionalismo no ha ganado en ninguna parte de la eurozona aunque su influencia crezca en algunos países.

Las perspectivas económicas para la UE en 2018 son buenas, aunque no exentas de riesgos. Para la mayor parte de los países de la UE la crisis comienza a ser cosa del pasado, aunque no todos podamos dar por superada la crisis. La bonanza económica es un buen momento para hacer las reformas que elimine los defectos de las instituciones del euro. Existe un consenso amplio en que la crisis de 2008 ha mostrado importantes fallos y carencias institucionales de modo que se debe completar la arquitectura institucional del euro, empezando por completar la unión bancaria si queremos evitar que la próxima crisis, cuando quiera que se produzca, haga saltar por los aires al euro y, probablemente a la propia UE. Y mediados de 2018 es la fecha señalada para abordar esta tarea.

El primer año de la presidencia de Trump se cierra sin que haya desatado la tan temida guerra comercial. En el Reino Unido la cuestión a debate es qué tipo de Brexit se va a producir. El primer round de las negociaciones entre el RU y la UE  ha mostrado la debilidad de la posición británica que, en la práctica, ha terminado aceptando las condiciones de la UE. En el RU no son pocos los que opinan que hay que volver a hacer un referéndum para que el RU siga en la UE porque están llegando a la conclusión de que el mejor Brexit es que no haya Brexit. Paradojas de la vida.

En resumen, en una coyuntura económica favorable, con los nacionalismos fuera de cualquier gobierno de la eurozona, sin guerra comercial (por el momento) y con los partidarios del Brexit divididos y en plena retirada, la ocasión para reformar la UE es ahora.

Claro que para ello hace falta que haya gobierno en Berlín. Lo que mejor vendría desde el punto de vista de la construcción europea sería la gran coalición. Dado que el SPD es un partido claramente europeísta y partidario de “más Europa” ese sería el punto principal de un eventual acuerdo con Merkel. En contra de la gran coalición pesa la negativa experiencia electoral de la anterior, pero el electorado alemán creo que entendería mejor esta edición de la gran coalición si se alcanza un programa de gobierno uno de cuyos puntos principales sea, precisamente, poner a Alemania, junto con Francia, a liderar el proceso europeo, algo a lo que Makrón parece más que dispuesto.

Es una pena que nada de esto forme parte del debate público en España, puesto que nos jugamos las habichuelas en esta operación. También es una pena que el peso de España en la UE hay disminuido desde la llegada de Rajoy a La Moncloa. Seguramente, ahora seguiremos perdiendo influencia a consecuencia de la crisis catalana. Me parece que si hay un asunto de Estado, en la que convendría que hubiese una posición común de los principales partidos,  la posición que España debe defender en las negociaciones para reformar la institución del euro es una de ella.

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