domingo 31.05.2020

La derrota de la derecha en Andalucía

El gran perdedor en Andalucía ha sido el PP. Una derrota que marca el principio del fin de la hegemonía de la derecha.

El gran perdedor en Andalucía ha sido el PP. Una derrota que marca el principio del fin de la hegemonía de la derecha

El resultado electoral andaluz ofrece muchas lecturas, todas ellas de gran interés. Para mí, la más importante, sin duda alguna, es la derrota que el PP ha experimentado en Andalucía.

Hace cuatro años, el tsunami político que se puso en marcha en Mayo de 2010 y que se expresó socialmente en el 15M tuvo su traducción política en las mayorías del PP en la casi totalidad de las instituciones. La conquista de la hegemonía política del PP se inició en las municipales y autonómicas de 2011 y concluyó con su arrolladora victoria en las generales. La primera lectura de las recientes elecciones andaluzas es que la hegemonía política de la derecha toca a su fin. El PP ha perdido casi 14 puntos respecto de las anteriores autonómicas. Un resultado que ya estaba anticipado en las pasadas europeas. Un resultado que confirma lo que están diciendo las encuetas en toda España. De ser así, la derecha habrá tenido un ciclo breve, pero que deja tras de sí una crisis social de envergadura y de muy difícil arreglo. Tras las autonómicas andaluzas vendrán las municipales y autonómicas. Los resultados andaluces por municipios hacen probable que el PP pierda una gran parte de su poder local, lo cual le sitúa un escenario bastante malo de cara a las generales.

Para el PSOE el resultado electoral es, sencillamente, un éxito: ha recuperado el primer puesto en Andalucía y va a poder seguir gobernando otros cuatro años y, además, con un Parlamento más favorable. El PSOE de Andalucía ha conseguido culminar con éxito un relevo generacional tan necesario como difícil. En el PSOE los liderazgos se consolidan y se reconocen en la medida en que se ganan elecciones. Y eso es lo que ha hecho Susana Díaz en éstas elecciones. Para el conjunto del PSOE la victoria en Andalucía es una magnífica señal de cara al resto de las elecciones que están ya a la vuelta de la esquina. El PSOE tiene pendiente el acomodarse a un mapa político distinto del que ha venido siendo la regla en los últimos 30 años, empezando por elaborar un discurso político que aborde la triple crisis (económica, social y política) y una política de alianzas coherente con éste. Yendo un poco más lejos, la crisis de la social democracia no está superada ni en el plano político ni en el plano electoral.  En relación a esto último, no hay que olvidar que, en Andalucía, el PSOE sigue manifestando una tendencia a la baja.

La entrada en el Parlamento de Andalucía de Podemos y de Ciudadanos confirma la tendencia a un nuevo mapa político más plural que pone encima de la mesa la cuestión de las alianzas. Quienes han estado clamando por debilitar el bipartidismo deberían tomar nota del corolario: la necesidad de pactos. No puede ser que saluden el fin del bipartidismo como algo saludable para la democracia, pero  se nieguen a pactos postelectorales para construir mayorías de gobierno. Sin  pactos, debilitar el bipartidismo se traducirá en inestabilidad y crisis política.

Es razonable que, ahora, con las elecciones que tenemos por delante nadie quiera plantearse alianzas porque eso dejaría flancos abiertos a la crítica de otros competidores. Pero se escuchan verdaderas sandeces sobre acuerdos, como si la formación de alianzas fuese un pecado nefasto que los recién llegados no están dispuestos a cometer. Susana Díaz puede gobernar en solitario en Andalucía. Pero cuando pasen las municipales y llegue la constitución de los ayuntamientos no se podrá pasar de acuerdos. Otra cosa es qué acuerdos y para qué.

Podemos ha confirmado su fuerza en estas elecciones. Es un resultado excepcionalmente bueno para una fuerza que debuta. Sin embargo, resulta decepcionante para quien piense en términos de “ventana de oportunidad”. El grupo dirigente de Podemos ha definido una estrategia que se basa en la idea de que es posible llegar a La Moncloa de un solo salto. Para ellos la oportunidad es ahora o nunca. Con un 15 % en la región más poblada de España no parece probable que habiten La Moncloa este año. Si, además, sus expectativas están bajando por el ascenso de Ciudadanos (que parece estar captando parte de los votos de la derecha que habían recalado en Podemos)  la ventana no parece estar ya tan abierta. Pero, aunque no alcancen La Moncloa a corto plazo, el peso de Podemos podría ser suficiente para impulsar cambios en las políticas que se apliquen desde gobiernos donde ellos participen o que, simplemente, apoyen. Cierto que es un objetivo más modesto que asaltar el cielo, pero, desde luego, es más realista.

Preocupados por el destino del bipartidismo casi nadie parece echar cuentas de que, en Andalucía, la izquierda ha crecido: la suma de PSOE, IU y Podemos es seis puntos mayor que hace tres años. Sin embargo, la fragmentación de la izquierda es mucho mayor que nunca y las posiciones adoptadas por los distintos partidos de la izquierda hacen muy improbables los acuerdos. Las elecciones municipales, sin embargo, van a poner sobre la mesa esta cuestión.

En el campo de la izquierda, no es baladí que IU haya resistido el avance de Podemos. IU se equivoca si achaca sus malos resultados a su participación en el Gobierno de Andalucía. Es el enorme impulso de Podemos lo que se ha llevado por delante la mitad de sus votos. Pero sea cual sea la explicación que se le quiera dar,  los resultados les abocan a un debate sobre su propia existencia. Grosso modo o bien IU se enroca en ser un partido comunista a la vieja usanza y admite ser marginal o bien encuentra la forma de entrar en órbita de Podemos. Ironías de la historia, IU nació para atraer en torno al PCE a los grupos “a la izquierda del PSOE” y ha resultado que son éstos los que ahora pueden atraer al PCE.

Ciudadanos ha sido la sorpresa en estas elecciones. No es la primera vez que se intenta crear una especie de partido de centro. Lo intentaron Roca y Suárez. La oportunidad aparece ahora por el desgaste del PP. Para este partido Ciudadanos se ha convertido en una pesadilla inesperada ya que compiten por el mismo electorado. Para UPyD, la irrupción de Ciudadanos es mortal. En el fondo, ambos partidos buscan lo mismo: ser la bisagra necesaria para completar mayorías sean de un signo o de otro. Por el motivo que sea, Ciudadanos parece ser el candidato con mayores posibilidades y no hay sitio para dos en ese espacio.

En conclusión, el gran perdedor en Andalucía ha sido el PP. Una derrota que marca el principio del fin de la hegemonía de la derecha. Otra cosa es lo que vendrá después, cuando todo este ciclo electoral culmine con las generales. Para despejar esta incógnita habrá que esperar a que se celebren las municipales y autonómicas de Mayo. Seguirá.

La derrota de la derecha en Andalucía