jueves. 25.07.2024

@Montagut | “No soy hombre que odie a nadie, pero creo que hay que luchar con firmeza cueste lo que cueste”.

Pablo Iglesias Posse estuvo en la cárcel en muchas ocasiones, por huelgas, por delito de coaligación, por intervenir en mítines, por injurias a alguna autoridad, etc. Del 25 de noviembre de 1904 al 23 de enero de 1905 cumplió pena de arresto mayor en la cárcel Modelo de Madrid por un delito de injurias a la Guardia Civil a consecuencia de un suelto que se publicó en El Socialista, y del que se hizo responsable, aunque no había sido su autor, pero sí en calidad de director.

Pues bien, al día siguiente de ingresar en prisión escribió un texto, que El Socialista publicó a primeros de diciembre donde hablaba sobre su indulto, toda una declaración de intenciones, que recuperamos en esta pieza.

Iglesias agradecía a todos los que sin ninguna segunda intención habían solicitado que se le indultase, pero también afirmaba que sentiría mucho que los deseos de esas personas se vieran atendidos por la autoridad.

Pedir un indulto dañaba la idea revolucionaria del defensor de la misma

El preso explicaba que luchaba, como el Partido Socialista, contra lo que representaba o defendía el régimen de privilegio en el que se vivía, molestándole todo los que por el Partido o el mismo pudieran hacer con carácter de gracia los defensores de dicho régimen.

Los indultos que con frecuencia se solicitaban no correspondían con los “arrestos” que debía tener todo luchador y conducían al compadrazgo. Pedir un indulto dañaba la idea revolucionaria del defensor de la misma.

Por eso, Iglesias era contundente, al afirmar que nunca pediría esa gracia, ni aún concedida sin pedirla la recibiría de buen grado. Iglesias recordaba que cumplía condena por haber opinado que debía juzgarse un atropello cometido por una pareja de la Guardia Civil, y confesaba que estaba dispuesto a hacer lo mismo en cuanto ocurriera un caso igual. Además, se le había procesado, y acaso se le condenase, porque había llamado “protectores de asesinos” al Gobierno por indultar a un expresidiario que había matado a un socialista en Bilbao en las penúltimas elecciones legislativas. El texto terminaba con la frase que encabeza esta pieza, añadiendo que esa lucha era por desterrar bárbaras costumbres y por acabar con escándalos, recordando que de ambos las víctimas eran, en primer término, los trabajadores.

En el número siguiente de El Socialista se publicó la instancia que dirigió, firmada el 2 de diciembre de 1904, al ministro de Gracia y Justicia donde se oponía a la concesión de dicha gracia, permitiéndonos profundizar en sus razones y en su compromiso.

Iglesias escribió al ministro porque Alejandro Lerroux, a la sazón diputado en ese momento, había solicitado en el Congreso de los Diputados el indulto para Pablo Iglesias. Pero, como ya sabemos, él no quería esa concesión, manifestando que estaba decidido a permanecer en la Cárcel todo el tiempo de la condena que le había impuesto la Audiencia Provincial.

Pablo Iglesias fue un hombre de intensas y profundas convicciones, de una gran fortaleza, a pesar de los avatares que padeció

Aceptar esa merced era, en su opinión, cohibir su libertad de crítica de los actos que las autoridades realizasen.

Pero, además, explicaba que la censura, es decir, la crítica de esos actos no podía constituir un delito, como habían conceptuado los jueces al dictar la sentencia condenatoria. Su crítica se había referido, además, a abusos cometidos por agentes de la autoridad contra trabajadores.

Era necesario seguir manteniendo la diferencia entre los que dirigían una sociedad cimentada en privilegios, que Iglesias consideraba odiosos, y los que luchaban por su abolición. Si aceptaba el indulto esa diferencia desaparecía porque era una merced o gracia otorgada por esos directores de la sociedad como si fueran consideraciones que el poder público no podía considerar como justas pues de serlo, los Tribunales de Justicia no habrían dictado un fallo condenatorio.

Sin lugar a dudas, Pablo Iglesias fue un hombre de intensas y profundas convicciones, de una gran fortaleza, a pesar de los avatares que padeció, y muy firme. 

Hemos trabajado con los números 978 y 979 de El Socialista.

Cuando Pablo Iglesias se negó a ser indultado en 1904