viernes. 12.07.2024
Vistas que acompañan a los fondos bibliográficos de Javier Muguerza en la biblioteca del campus de Guajara en La Laguna (foto de RRA)
Vistas que acompañan a los fondos bibliográficos de Javier Muguerza en la biblioteca del campus de Guajara en La Laguna (foto de RRA)

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Hace ahora cinco años que nos dejó una figura esencial del panorama filosófico español. Me refiero a Javier Muguerza, cuyo legado es pertinente recordar en el contexto del tricentenario de Kant, porque a su modo fue un intérprete del pensamiento kantiano tan perspicaz como Cassirer. Hay una fotografía tomada en Tenerife donde aparece Muguerza leyendo la segunda Crítica kantiana y es un acierto que ilustrara el cartel de las exposiciones organizadas por José Francisco Álvarez, quien fue discípulo directo de Muguerza en La Laguna y luego compañero suyo en la UNED.

Esta semana he asistido a la investidura como doctora honoris causa en La Laguna de mi compañera en el IFS-CSIC Eulalia Perez Sedeño. La ceremonia tuvo un desempeño ejemplar y los asistentes nos emocionamos con su broche musical. Esto me permitió visitar una vez más el Archivo Javier Muguerza que custodia la universidad lagunera, donde obtuvo Muguerza su primera cátedra. Conchita López Noguera e Icíar Muguerza donaron esos fondos a la ULL y acertaron plenamente al hacerlo así. El equipo que los custodia no puede hacerlo con mayor cariño y competencia, sacando tiempo de donde no lo hay.

Quien suele oficiar como portavoz del equipo técnico, Ana Gutiérrez, me permitió visitar una vez más el Archivo, cosa que hice acompañado de Antonio Pérez Quintana, mi otro mentor académico junto al propio Muguerza. Su biblioteca personal ya ocupa un lugar privilegiado donde se alojarán también los fondos del archivo. Unos luminosos ventanales regalan unas vistas magníficas con unos paisajes maravillosos. Amplios pasillos permiten recorrer unos anaqueles de acceso directo. Allí encontré mi propia tesis doctoral sobre Kant y el volumen colectivo titulado “Kant después de Kant”, dedicado a la segunda “Crítica” kantiana en su bicentenario. También está “La paz y el ideal cosmopolita de la Ilustración” que ambos coeditamos en esa ocasión junto a Concha Roldán.

Rendir cuentas de nuestros actos es lo que nos hace propiamente humanos y renunciar a hacerlo es tanto como dimitir moralmente de nuestra humana condición

Hacen falta recursos para procesar los tesoros almacenados en ese Archivo y ponerlos a disposición del público. Los manuscritos con sus enmiendas y anotaciones podrán servir para una futura edición de unas obras completas que pudieran estar disponibles en su centenario (2036). Pero antes, en un par de años, la efemérides de su nonagésimo aniversario podría propiciar una presentación oficial del trabajo realizado hasta ese momento. Las instituciones que le acompañaron en su itinerario intelectual deberían prestar apoyo a esta empresa y aunar esfuerzos con la ULL. Además de la UNED y el CSIC debieran participar también la UNAM o la Fundación Ferrater Mora, por no hablar de otras entidades públicas y privadas. Sería interesante convocar distintos premios iberoamericanos que llevarán el nombre de Javier Muguerza, como ya se dijo en el homenaje que le tributó la Residencia de Estudiantes hace ya un lustro.

Ojalá se configurase un consorcio interinstitucional que contara con egregios asesores académicos como Manuel Atienza, Manuel Cruz, Victoria Camps, Adela Cortina, Javier Echeverría, Manuel Fraijó, Miguel Giusti, Francisco Laporta o Carlos Pereda entre muchos otros. Un pensamiento que hace de la disidencia ética su eje central viene como anillo al dedo en una época como la nuestra, donde los prejuicios ahuyentan el discernimiento y la responsabilidad brilla por su ausencia. Rendir cuentas de nuestros actos es lo que nos hace propiamente humanos y renunciar a hacerlo es tanto como dimitir moralmente de nuestra humana condición, como no dejó de subrayar Javier Muguerza.

El Archivo Muguerza de La Laguna en el tricentenario kantiano