¿Machismo o insumisión femenina por la igualdad?
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La figura de la madre sumisa es tan determinante como el machismo del padre para dar continuidad a esta división de roles. Y lo es, porque también las madres son machistas con una frecuencia aterradora. Aparte de haber sido educadas como dependientes y servidoras del varón, si no son machistas, a menudo actúan como tales porque dependen económicamente del marido o compañero, porque siguen la tradición que se pierde en el tiempo, o por miedo a ser abandonadas y verse perdidas en un mundo donde -según los países- hasta pueden ser socialmente rechazadas si el marido las repudia.
Es cierto que existen códigos penales y leyes contra los machistas violentos y criminales, pero no abundan precisamente los jueces que los aplican con justicia
Y se someten también frecuentemente porque cuando tienen hijos se sienten atadas de pies y manos para oponerse al jefe de la casa en caso de conflictos serios. Por estas razones y otras parecidas, son o se hacen machistas las mujeres, aunque sea un machismo aprendido o a la fuerza y en su interior no lo compartan tantas de ellas.
Aquí es de señalar el papel que juegan las religiones y hasta el Derecho dando apoyo a la preeminencia del varón, como sucede bajo regímenes fascistas, en democracias aparentes, o en el caso emblemático de la Iglesia católica, donde el desprecio real a la mujer solo es comparable al fanatismo infantil por la madre de Jesús.
Por tanto, tenemos un machismo estructural en el que ser varón significa tener más visibilidad social, mejores salarios, valoración, responsabilidades y poder que las mujeres, con excepción de algunas que actúan como si fuesen hombres, ocupan cargos políticos normalmente conservadores, y hasta visten uniformes y van armadas o marchan a la guerra. O sea: que ejercen un machismo de alto nivel. En cierto modo, traicionan su condición femenina y son un mal ejemplo para sus hermanas.Repugna ver a una mujer dispuesta a matar o a ordenar que otros-as lo hagan cuando son transmisoras de vida.
Mujeres como ellas que dicen verdades se oponen a los intereses de mentirosos, mangantes y supuestos representantes públicos que solo representan a su ego y a los ricos
Pero si queremos profundizar en el fenómeno machista, tan proclive a la violencia contra la mujer y que tantas veces lleva al asesinato, tenemos que mirar bajo la piel de este fenómeno mundial. Porque es bajo la piel donde encontramos las verdaderas razones de tan abominable actitud ante la vida ajena. Entonces nos encontramos con el egocentrismo, el placer de dominar a otros, el gusto por la comodidad, por el ser servidos, la auto importancia, el deseo de reconocimiento…
O sea: nos encontramos con elementos perturbadores de la personalidad, energías negativas de fuerte arraigo en la mayoría de los humanos -hombres y mujeres- y que aunque se expresen de diversas maneras, mientras no sean controlados por la una conciencia altruista movida por sentimientos fraternales facilitarán el machismo y los conflictos emocionales en las parejas y en lugares de trabajo.
Y por más leyes, y medidas de control del tipo que sean para evitar que el machismo se convierta en terrorismo doméstico y hasta sean asesinadas nuestras hermanas por sus parejas o exparejas, mientras no se consiga erradicar las causas profundas que lo producen y el amor altruista y cooperativo en base a la igualdad sea esencial en cada hogar y en cada centro de trabajo, seguiremos viendo cada día nuevas víctimas del machismo sin que nada ni nadie pueda impedirlo. Y esto, visto desde el lado femenino, es descorazonador.
Los varones de nuestras sociedades de un extremo a otro del mundo, independientemente de nuestro país, nuestra raza, religión, nivel de estudios, situación económica o ideas políticas, somos educados para ser machistas. Esto es tan viejo como la sociedad de clases basadas en la división social del trabajo, la explotación, el patriarcado y la guerra: Todo ese pack.
Tenemos un machismo estructural en el que ser varón significa tener más visibilidad social, mejores salarios, valoración, responsabilidades y poder que las mujeres
Si nacemos en familias donde hay niñas, son estas las primeras y casi siempre las únicas que lavan los platos, limpian o hacen las camas de sus hermanos y más tarde de sus maridos; las que juegan con muñecas y cocinitas preparándose para el rol de mujer sumisa y las que sirven la mesa del padre o de los hermanos varones.
Porque ser varón en este mundo es haber nacido con una suerte de privilegio de género no escrito en ninguna parte pero bien interiorizado por cada hombre ya desde la niñez. Un privilegio de poder, de dominio, y a la vez de sobre importancia simplemente por el hecho de ser varón que las sociedades patriarcales como las nuestras cuidan muy bien de conservar el machismo en todo el orbe, y con tendencia a ir a peor porque ya hay voces relevantes en el fascismo internacional que intentan eliominar el derecho al voto femenino ante el auge de los movimientos feministas a favor de más derechos sociales y de género. Y partimos de tal fragilidad en su defensa que la cosa pinta muy mal.
Es cierto que existen códigos penales y leyes contra los machistas violentos y criminales, pero no abundan precisamente los jueces que los aplican con justicia. Para muchos de estos jueces, las mujeres son culpables por definición desde la historieta de la manzana de Adán, representante por excelencia del varón ingenuo y bueno que debe tener cuidado con la mujer y protegerse de sus artimañas que llevan al mal.
Así que es un juego por el poder, que en la sociedad patriarca es de los ricos, los guerreros, y de los varones egoístas y violentos como los fascistas y los jovencitos que les imitan para parecer " más hombres" por controlar su móvil y darle algún sopapo a su novia. Algún día alguno de estos cafres puede llegar a repetir aquello de " le pego lo justo" como hemos oído tantas veces.
Y qué soledad tan grande la de las mujeres cuando se las tienen que ver con alguien de esa colección de mamarrachos carentes de moral y humanidad, que hasta pueden ser jueces benévolos y "comprensivos" con alguno de ellos cuando comete delitos flagrantes que a todos nos conmueven menos a ellos. Jueces machistas, escuadristas fascistas que persiguen a mujeres con cargos políticos o a periodistas libres para hacerles callar porque son de izquierdas.
Mujeres como ellas que dicen públicamente verdades se oponen a los intereses de mentirosos, mangantes y supuestos representantes públicos que solo representan a su ego y a los ricos y denuncian las artimañas de tantas de tantos de ellos sin principios éticos, violentos, facilitadores o patrocinadores de la violencia que desean acabar con la libertad de las mujeres para decir lo que piensan y defender su feminismo, y el valor de la democracia, y eso que esta democracia es la suya, la de explotadores, guerreros y machistas como los del "caso Epstein", y otros ejemplos de libro -negro- de lo fácil que resulta combinar riqueza, poder, explotación, machismo y perversión sexual que tantos se empeñan en imitar en la medida en que son capaces cuando tienen algo de todo eso que tan a menudo termina en feminicidio.
Como esto resulta intolerable en estos tiempos para cada vez más mujeres aumenta la respuesta feminista. Y el miedo del patriarcado machista a perder su papel social y sus privilegios ante esta inesperada revolución, que por su naturaleza apunta al corazón de la estructura misma del capitalismo explica las respuestas agresivas del sistema todo secundado por los peores humanos y lo que es más triste, a menudo con la complicidad mujeres machistas, incultas o miedosas en las que muchas carecen hasta de la seguridad de estar protegidas por su propia pareja, por su vecindario, o por la Ley.
Vamos, que están solas y eso sí debería darles miedo y animarlas a ponerse al día. Y como cada vez se animan más, aumentan los asesinatos y malos tratos y el acoso contra sus derechos más elementales, como es el del voto, pero la rueda de la Historia no cesa de moverse a su favor. El patriarcado agoniza al compás del capitalismo y por eso actúa como todas las bestias en sus últimos estertores: tira a matar con guerras, acoso legal o con crímenes machistas, pero ya no es posible una vuelta al pasado. Ya no, ya nunca más.