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En el imaginario masculino se hacen conquistas femeninas, como si se tratara de tomar una plaza fuerte que luego puede señorearse. Acostarse con una mujer equivale a poseerla en términos coloquiales y lo malo es que algunos acaban tomándolo al pie de la letra. La novia es asimilada con una propiedad que debe controlarse, para que no sea invadida por otras personas, y utilizarse por mera inercia. En este modelo poco importa la voluntad femenina, sojuzgada por completo al amo y señor.
Este tipo de comportamientos y creencias nos deshumaniza. Su tolerancia nos envilece y configura sociedades poco habitables
El problema es que muchas chicas parecen dar por buena esta perversión. Por de pronto, la relación sexual toma como paradigma el porno duro donde las fantasías masculinas ejercen una inusitada violencia. Las relaciones erotico afectivas quedan escoradas por ese ficticio paradigma que circula por las redes y al que se accede a una edad cada vez más temprana. Una chica de catorce años ha sido asesinada por su novio adolescente por dejarle.
Muchos varones no soportan que sus mujeres les den la espalda y deciden acabar con sus vidas en lugar de suicidarse. También se llevan por delante a la progenie propia o ajena. Hace falta una educación sentimental que ponga las cosas en su sitio y erradique una mentalidad enferma que causa tanto daño social. Nos alarman las violaciones grupales y la comprensión que parecen tener en ciertos colectivos. Pero también hay una violencia mucho más extendida y cotidiana que denuncia con toda sutileza la serie ‘Querer’.
Es lamentable que una de las cosas más bellas pueda vivirse como el infierno descrito en la película ‘Te doy mis ojos’
Las relaciones afectivas deben ser igualitarias y no padecer el yugo de cualquier asimetría profesional o de otro tipo. Todo lo demás es indiferente, mal que les pese a quienes defienden ideas tan retrógradas como reaccionarias en todos los ámbitos de la vida. Es lamentable que una de las cosas más bellas pueda vivirse como el infierno descrito en la película ‘Te doy mis ojos’. No es una cuestión exclusiva del feminismo. Este tipo de comportamientos y creencias nos deshumaniza. Su tolerancia nos envilece y configura sociedades poco habitables.



