sábado. 20.07.2024

@jgonzalezokA solo 25 días de la primera vuelta de las elecciones argentinas, y a 4 del primer debate presidencial televisado, la medición de la pobreza que este miércoles (27) divulgó el Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) de Argentina, da un nuevo golpe a las posibilidades electorales del candidato del gobierno, Sergio Massa, que casualmente es también el ministro de Economía en ejercicio. 

Los datos, correspondientes al primer semestre del año, indican que el 40,1 % de los argentinos son pobres (36,5 % lo eran en el mismo período del año anterior) y el 9,3 % indigentes (8,8 % el año anterior). El grupo más afectado es el de los menores de 14 años, donde los pobres llegan a ser el 56,2 % y los indigentes ascienden al 13,6 %. Estos datos corresponden al período anterior a la fuerte devaluación que decidió el gobierno el 14 de agosto pasado, de un 22%, medida que aceleró la inflación y, consecuentemente, también incidirá en la próxima medición de la pobreza. La inflación del mes de agosto fue del 12,4 % y hay analistas privados que consideran que el 2023 puede acabar con un 190 % de inflación. El próximo gobierno, que asumirá el próximo 10 de diciembre, se encontrará con un país devastado y con la previsible oposición feroz de un peronismo que todo indica que pasará a la oposición. 

Las cifras de pobreza son en sí una derrota política para el gobierno, encabezado nominalmente por un ausente Alberto Fernández

Estas cifras de pobreza son en sí una derrota política para el gobierno, encabezado nominalmente por un ausente Alberto Fernández, patrocinado por su vicepresidenta, Cristina Kirchner, y que en la práctica está conducido desde hace algo más de un año por el ministro de Economía y candidato presidencial Sergio Massa. Un candidato que actúa prometiendo que si es elegido sacará al país de la crisis. 

Con la crisis del 2001-2002, que acabó con el gobierno de Fernando De la Rúa, se llegó a un pico de pobreza del 54 %. A partir de ahí empezaron a mejorar los índices, pero en el 2007 -primer gobierno de Cristina Kirchner- comenzó la manipulación del Indec y se dejó de medir la pobreza, argumentando que era estigmatizante. Pero se calcula que al final de ese gobierno, en 2015, el país tenía un 30 % de pobreza, aunque Cristina dijo que era del 5 % y el entonces jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, aseguró que en Argentina había menos pobres que en Alemania (sic). Con el presidente Mauricio Macri (2015-2019) se recuperó el Indec y los índices de pobreza al finalizar su mandato fueron del 35%. 

Con los nuevos datos de la pobreza, la oposición no dejó pasar la oportunidad para socavar al candidato oficialista, Sergio Massa, que en poco más de un año de gestión añadió 1,7 millones de pobres a las estadísticas. Patricia Bullrich, candidata de Juntos por el Cambio (centroderecha), calificó a su rival de ministro récord: “Récord de pobreza, récord de inflación, récord de cinismo y mentiras”. 

La gestión de Sergio Massa como ministro de Economía, solo se ha destacado por poner parches, tratar de llegar de la mejor manera a las elecciones

Miriam Bregman, candidata de izquierda de la izquierda trotskista, consideró ofensivo el número de pobres: “Previo a la dictadura cívico-militar, nuestro país tenía un 4 % de pobreza. Con la espiral de endeudamiento que vivismos desde ese momento, con el FMI, la pobreza no para de crecer y supera el 40 %. Esto no se tapa con medidas coyunturales”. 

Hasta Florencio Randazzo, un peronista que fue ministro de Cristina Kirchner y que ahora es candidato a vicepresidente con Juan Schiaretti, se preguntó: “Te imaginás cuatro años más con los mismos”. 

Mario Negri, histórico dirigente de la opositora Unión Cívica Radical (UCR), afirmó que el kirchnerismo es una fábrica de generar inflación y desesperación. 

El candidato de la ultraderecha Javier Milei, que encabeza las encuestas, aludió al himno peronista que en una de sus estrofas habla de combatir al capital, afirmando: “Sigan combatiendo (destruyendo) al capital, por lo que no habrá ni puestos de trabajo nuevos y mucho menos una mayor productividad que permita una mejora de los salarios reales”. 

El presidente Alberto Fernández, que hace meses está totalmente ausente y ha sido marginado por su propia fuerza política, había prometido en su campaña “llenar la heladera de los argentinos” y que el suyo sería un “gobierno de científicos” (sic). La realidad es contundente. Y la gestión de Sergio Massa como ministro de Economía, solo se ha destacado por poner parches, tratar de llegar de la mejor manera a las elecciones, mediante medidas populistas y clientelistas -el “plan platita”, como se conoce en Argentina-, financiadas con una emisión descontrolada de dinero. 

La desesperación de la gente puede llevar a la elección del candidato de la ultraderecha -Javier Milei-, con propuestas delirantes 

Entretanto, la vicepresidenta Cristina Kirchner, la creadora de este gobierno al decidir en soledad la candidatura de Alberto Fernández, no se hace cargo del desastre y actúa como si estuviera en la oposición. Pero lo que la preocupa realmente, desde el primer momento, sigue siendo tratar de librarse de las causas judiciales por corrupción, que la desvelan hace años. Ya ha sido condenada a seis años en uno de los procesos, pero la lista es larga. La última batalla se libra en torno a una jueza que integraba la Cámara de Casación Penal, donde llegarán las causas pendientes, y que históricamente benefició a la vicepresidenta. El problema es que la magistrada, Ana María Figueroa, tuvo que dejar el tribunal por cumplir 75 años -así lo estableció la Corte Suprema-, aunque Cristina quiere forzar la ley y darle una ampliación de cuatro años. 

Esta Argentina arruinada y destruida que muestran todos los índices sociales y económicos, parece estar reaccionando como en la crisis del 2001, cuando se hizo común la demanda de que “se fueran todos”. Ahora, lo que indican las encuestas y lo que mostraron las elecciones primarias del pasado 13 de agosto, es que la desesperación de la gente puede llevar a la elección del candidato de la ultraderecha -Javier Milei-, con propuestas delirantes y cuya equilibrio emocional está seriamente en duda. 

No obstante, Benjamin Gedan, director del programa latinoamericano del Woodrow Wilson Center, afirmó a Latin American Advisor que el “voto bronca” que está beneficiando a Milei no debe ser mal interpretado: “Las multitudes en los mítines de Milei no están inspiradas por sus promesas de liberalizar la tenencia de armas, permitir la venta de órganos humanos, criminalizar el aborto, privatizar las empresas públicas y pasar una motosierra por el presupuesto del Estado”. Y advierte que si Milei gana las elecciones y pone en práctica las medidas drásticas de austeridad fiscal y reformas estructurales, “en vez de multitudes animadas en mítines políticos verá manifestaciones furiosas paralizando el centro de Buenos Aires”. 

Los últimos datos de pobreza muestran una Argentina devastada