viernes 10.07.2020
ELECCIONES PRESIDENCIALES

Argentina, en el túnel del tiempo

Los sectores más fundamentalistas del kirchnerismo intentan marcarle el rumbo al favorito en las encuestas, Alberto Fernández.

Alberto Fernández.
Alberto Fernández.

@jgonzalezok | Argentina está a un mes de primera vuelta de las elecciones presidenciales (27 de octubre) y la campaña está demostrando dos cosas fundamentales: el gobierno de Mauricio Macri sigue desorientado y golpeado por los resultados de las elecciones primarias, que le auguran una severa derrota en las urnas, víctima de su total fracaso económico; del otro lado, sobre el peronismo/kirchnerismo sigue planeando la enorme duda de qué papel ocupará la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que va como candidata a vicepresidente con Alberto Fernández.

La idea que se intenta instalar es que la exmandataria cambió y se moderó. Pero los sectores más radicales están poniendo en algunas dificultades a Alberto Fernández, que sabe que tiene que asegurar los votos de los propios y de sectores desilusionados con el gobierno de Macri, y que no quieren volver a los tiempos del populismo que representa Cristina Fernández. Sin embargo, algunos de los más conocidos personajes del kirchnerismo están poniendo en duda la imagen moderada del candidato, al hablar de temas como la reforma agraria o la necesidad de reivindicar la lucha armada de los 70.

Algunos de los más conocidos personajes del kirchnerismo están poniendo en duda la imagen moderada del candidato, al hablar de temas como la reforma agraria o la necesidad de reivindicar la lucha armada de los 70

“Cristina Kirchner no puede ser una mera vicepresidenta y esto Alberto Fernández no lo puede ignorar”, dijo Horacio González, que fuera director de la Biblioteca Nacional durante el kirchnerismo y cofundador de Carta Abierta, el grupo de intelectuales militantes que se formó en 2008 para apoyar a Cristina Fernández después del conflicto con el sector del campo. En este sentido, argumentó: “Fue ella quien abrió paso a esta nueva etapa”, aludiendo al hecho de que fue la exmandataria la que eligió a Alberto Fernández para encabezar la fórmula presidencial, reservándose ella el segundo puesto. Y le adjudicó a la expresidenta dos lugares en el eventual gobierno peronista: “el primero es simbólico y el segundo táctico-político”

González dijo algo más, que también provocó polémica. En una entrevista reciente exhortó a que se reelabore la historia con una “valoración positiva de la guerrilla de los 70 y que escape un poco a los estudios sociales que hoy la ven como una elección desviada, peligrosa e inaceptable”.

Entre los que salieron a responderle estuvo el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, subrayando que la propuesta del exdirector de la Biblioteca Nacional estaba en las antípodas de lo que propició Raúl Alfonsín, el primer presidente de la democracia (1983-1989), que fue desterrar la violencia de la política, hacer que los jóvenes se formen en valores republicanos y no busquen destruir al adversario político, sino dialogar y buscar convencer con ideas.

La guerrilla de los 70 en Argentina conoció varios grupos, pero los principales fueron Montoneros (peronistas) y ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo, trotskistas). Comenzaron su actividad en los 60, cuando el país era gobernado por sucesivos gobiernos militares. Pero siguieron, cada vez con más intensidad, durante los tres años de gobiernos peronistas elegidos democráticamente: los de Héctor J. Cámpora, Juan Perón e Isabel Martínez de Perón. El país vivía en democracia y tenía niveles ínfimos de pobreza, inferiores al 5%, lo que hacía incomprensible que se mantuviera la vía violenta.

El escritor y periodista Pablo Giussani, exiliado en Italia durante la dictadura, publicó en 1984 el libro Montoneros, la soberbia armada. En el prólogo que el editor agregó en 2011, se afirma que “Giussani imaginaba al concluir su libro que los Montoneros terminarían siendo olvidados y que nadie en el futuro se atrevería a reivindicarlos. En esto el autor se equivocó”.

También en los últimos días resurgió otro tema polémico, que subraya el inocultable problema que tuvo el kirchnerismo con la prensa independiente. Se volvió a reflotar la idea de establecer una Conadep para el periodismo. El término hace referencia a la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas que creó el presidente Alfonsín en 1983 y que investigó los crímenes de la dictadura. La primera idea la lanzó el actor Dady Brieva, argumentando: “Acá hay un periodismo totalmente responsable de lo que ha pasado. Acá esmerilaron el gobierno de Cristina durante tiempo, y tiempo, y tiempo (…) Acá hubo cierto periodismo que armó todo eso y me parece que no debería salir indemne”.

La idea la retomó el escritor Mempo Giardinelli, que también propuso eliminar el Poder Judicial, señalando que la nueva Conadep debería llamarse Comisión Nacional sobre la Desaparición del Periodismo Ético y que debería estar destinada a evaluar “la traición al siempre sagrado ejercicio de la información con verdad y objetividad”. Por cierto, que en su momento, el peronismo se negó a participar en la Conadep original, ya que apoyaban la autoamnistía de los militares.

Gisela Marziotta, periodista de profesión y candidata a vicealcalde de Buenos Aires por el peronismo estuvo de acuerdo con la idea de crear esta Conadep para el periodismo, aunque luego rectificó. De hecho, acabó diciendo que para ella, como periodista, el único periodismo posible era el libre de toda persecución y censura. Y consideró que la discusión apuntaba a banalizar el concepto de la Conadep, que fue utilizado para poner luz sobre el momento más oscuro de la Argentina.

Uno de los más prestigiosos periodistas argentinos, Daniel Santoro, parece ser la primera víctima del nuevo tiempo. Un fiscal de conocida militancia kirchnerista lo involucró en una supuesta maniobra de extorsión y decidió algo insólito: que su trabajo sea auditado por la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires, un organismo totalmente ajeno a la Justicia. Organizaciones profesionales de periodistas protestaron ante lo que consideran una vulneración a la libertad de prensa.

La fiscal Cristina Caamaño, titular del grupo kirchnerista Justicia Legítima, tuvo por su parte una intervención estos días sonada, que pone de manifiesto cuál es el esquema respecto a los medios independientes. Además de reivindicar una reforma constitucional, los acusó de invisibilizar algunos temas que afectan al actual gobierno, como la inflación. El periodista que la entrevistaba, Marcelo Longobardi, le hizo entonces una pregunta que se viralizó: “¿Usted vive en un frasco?”. Porque si de algo hablan todos los días todos los medios argentinos, sin excepción, es de la crisis económica. Pero ya durante el gobierno anterior se acusaba falsamente a los medios no alineados con el gobierno de ocultar determinados temas

Otra polémica llegó de la mano de Juan Grabois, un abogado amigo del papa Francisco que lidera una organización de trabajadores informales, que apoya al kirchnerismo y, especialmente, a Cristina Fernández. Grabois, que acompañó a la expresidente en algunas trámites ante la Justicia, propuso que el próximo gobierno haga una reforma agraria.

Todos estos temas afectan las posibilidades electorales de Alberto Fernández. En algunos casos, el candidato se despegó de las propuestas. El problema es que su compañera de fórmula, Cristina Fernández, no lo hizo, alentando los recelos sobre el futuro gobierno, si vencen en las urnas.  

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