miércoles 23.10.2019
ARGENTINA

El Leningrado de Alberto Fernández

El candidato kirchnerista del Frente de Todos, Alberto Fernández, puede sufrir una decepción similar a la de Adolfo Hitler cuyas fuerzas sitiaron la ciudad de Leningrado durante 872 días sin poder conquistarla.

El Leningrado de Alberto Fernández

En junio de 1941, la Wehrmarcht inició la Operación Barbarroja, la invasión de la Unión Soviética. En solo tres meses los alemanes arrollaron al Ejército Rojo y se situaron a las puertas de la antigua capital de los zares, la ciudad de San Petersburgo, que los bolcheviques habían rebautizado Leningrado. El 8 de septiembre las fuerzas nazis capturaron la última vía de acceso a la ciudad cuya suerte parecía echada.

Hitler estaba tan seguro de que Leningrado caería en sus manos que ordenó la organización de un gran banquete de celebración en el Hotel Astoria, el más lujoso y emblemático de ciudad.

Contra todos los pronósticos, Leningrado resistió 872 días de feroz combate que redujo a escombros sus maravillosos palacios y monumentos además de diezmar a su población por hambre y frío.

La historia es conocida, los rusos nunca se rindieron y Hitler se quedó sin su banquete, perdió la guerra y también la vida.

Hoy es posible ver enmarcado en el comedor del Hotel Astoria el diagrama original con la distribución de asientos entre los jerarcas nazis para la celebración proyectada. Las tropas del Ejército Rojo capturaron el escrito en manos de unos oficiales alemanes prisioneros.

Fernández trata de hacer creer al electorado de que es el virtual presidente electo y que no hay nada por hacer

Una frustración similar podría aguardar finalmente al candidato presidencial argentino Alberto Fernández. Después de imponerse por amplio margen en la elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias del pasado 11 de agosto, Fernández trata de hacer creer al electorado de que es el virtual presidente electo y que no hay nada por hacer.

Intenta crear la idea de que las elecciones generales del próximo 27 de octubre constituyen un mero formulismo y que no está de campaña sino dedicado a organizar el próximo gobierno kirchnerista que asumirá inexorablemente el 10 de diciembre. Incluso afirma que tiene definido el 70% de su futuro gabinete de ministros.

Al mismo tiempo, el candidato kirchnerista trata de enviar señales de calma y moderación al electorado de clase media que, aunque disconforme con el gobierno de Mauricio Macri, teme un retorno de Cristina Fernández de Kirchner y sus huestes de La Cámpora.

El 11 de septiembre llegó incluso a llamar a la calma a sus aliados de la izquierda que atronaban las céntricas calles de Buenos Aires con marchas de protesta. “Pido a todos los argentinos mantener la calma -dijo conciliador Fernández- todos sabemos de la justicia de los reclamos. Pero todos debemos intentar no complicar el escenario que tenemos. […] Lo que pido a todos los argentinos es serenidad. Lo peor que nos puede pasar es que los nervios abran paso a los violentos y que los violentos se lleven la salud y la vida de alguien”.

En la misma dirección, Alberto Fernández ha negado que el kirchnerismo se proponga reformar la Constitución Nacional, para habilitar la reelección presidencial y alterar el régimen de propiedad privada. “No hay ninguna posibilidad de que a mí me convenzan de que hay que reformar la Constitución”, declaró Fernández en entrevista con el periodista Joaquín Morales Solá.

También trata de calmar a los mercados financieros, a los inversores y gobiernos extranjeros asegurando que Argentina cumplirá con sus obligaciones con los organismos financieros internacionales.

Incluso recorre países y se entrevista con sus aliados ideológicos con actitudes de presidente electo cuando en verdad es tan sólo uno más de los candidatos en campaña.

A los futuros candidatos, Fernández les exige el más absoluto secreto y que no hagan ningún tipo de declaraciones. En las filas del “Albertismo” el único vocero es él

Mientras, Alberto Fernández adopta la estrategia de reunirse con dirigentes peronistas moderados, gobernadores de provincia, tecnócratas y sindicalistas haciendo todo tipo de promesas y ofrecimientos de cargos para ganar adhesiones y evitar que le recuerden sus dichos cuando era un quejoso disidente del kirchnerismo. A los futuros candidatos, Fernández les exige el más absoluto secreto y que no hagan ningún tipo de declaraciones. En las filas del “Albertismo” el único vocero es él.

Pero, no todos los integrantes del Frente de Todos apoyan esa estrategia. Incluso algunos hacen todo lo posible por sabotearla.

Recientemente, el dirigente social Juan Grabois, un mimado del papa Francisco y de Cristina Kirchner, grabó un vídeo, donde planteó: “nadie puede tener más de 5 mil hectáreas” y para ello propuso “la expropiación” de 50 mil parcelas para entregárselas “en propiedad a los pequeños productores y pagarles a los propietarios el precio de mercado de la tierra en un proceso de pago de 20 años".

Además, el piquetero propuso la confiscación de terrenos y viviendas urbanas no ocupadas por sus propietarios para ser entregada a pobladores sin techo.

Pero, Grabois no se quedó en las palabras, pocos días después envió a sus militantes de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular a generar incidentes en el lujoso shopping Patio Bullrich, donde tienen sus locales las principales marcas internacionales. Los piqueteros hostigaron a los clientes del shopping acusándolos de oligarcas que compran productos de lujo mientras “el pueblo” pasa hambre.

También desde el Instituto Patria, la base de operaciones de Cristina Fernández de Kirchner y cuna del más radical kirchnerismo, se difunde una versión muy distinta del discurso de campaña de Alberto Fernández. La web del Instituto difunde cursos para sus militantes de “Formación Política en tiempos de Lawfare”, es decir, “guerra judicial”, tal como denominan  los kirchnerista al accionar de la justicia federal de Argentina investigando la corrupción durante los doce años de gobierno de Néstor y Cristina Kirchner.

La web del Instituto Patria incluso ha llegado a publicar el borrador de un preámbulo para una nueva Constitución de Argentina donde dice: “La Nación Argentina surgida de las luchas por la independencia nacional y del continente suramericano, reconociendo y valorando a los pueblos originarios que poblaron su territorio y el continente que integra, adopta la forma republicana, representativa, participativa y federal para su gobierno, en base al principio de soberanía del pueblo de la Nación, fuente de toda legitimidad política y su derecho a la autodeterminación y a la independencia económica”.

“La Nación Argentina es multiétnica, respetuosa del pluralismo cultural y de creencias, con igualdad para todos sus habitantes, fundada en una justa distribución de la riqueza y de la capacidad para el acceso y satisfacción de los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales”.

Los kirchneristas postulan una nueva Constitución donde se modifique el régimen de propiedad privada, del capital, la democratización del Poder Judicial con jueces votados por el pueblo, la responsabilidad social de los medios de comunicación y otros cambios radicales

Los kirchneristas postulan una nueva Constitución donde se modifique el régimen de propiedad privada, del capital, la democratización del Poder Judicial con jueces votados por el pueblo, la responsabilidad social de los medios de comunicación y otros cambios radicales.

Este doble discurso no es casual. Indica la existencia de una sórdida competencia entre dos sectores del Frente para Todos. El constituido por el peronismo histórico que cierra filas en torno de Alberto Fernández y esta formado por gobernadores de provincias, políticos moderados y los sindicalistas que controlan la central obrera de la CGT, por un lado.

En la otra vereda está sin duda Cristina Fernández de Kirchner quien se considera la auténtica dueña de los votos y que proyecta otro tipo de gobierno recostándose en sus aliados y financistas internacionales, en especial, Nicolás Maduro y los gobiernos de Cuba y Rusia.

Este panorama no deja de inquietar a una buena parte del electorado argentino incluso de aquellos sectores moderados que votaron al Frente de Todos cansados del severo ajuste económico llevado a cabo por el presidente Macri.

No son pocos los argentinos que están realizando averiguaciones en las embajadas de España e Italia para obtener una ciudadanía comunitaria con vistas a una posible inmigración. Lo ocurrido en Venezuela con el éxodo de población podría repetirse en Argentina incluso con buena parte de los 40.000 venezolanos que llegaron al Río de la Plata en los últimos años.

El temor e incertidumbre que viven algunos argentinos también podría cambiar los resultados electorales de agosto, dándole al presidente Macri la posibilidad de llegar a una segunda vuelta electoral. Por el momento, la posibilidad parece aún muy remota pero falta más de un mes de campaña electoral y eso en Argentina es mucho tiempo.

Alberto Fernández y el kirchnerismo podrían, al igual que Hitler, quedarse a las puertas de Leningrado y su futuro gabinete solo sería un garabato en un papel inútil.


Adalberto C. Agozino | Doctor en Ciencia Política y Profesor de la Universidad de la Defensa Nacional y del Instituto Universitario de la Gendarmería Nacional de Argentina

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