viernes 19.07.2019
MÚSICA

Volar, quieren volar, todos los flamencos en libertad

Fotografía: Sergio Rubio
Fotografía: Sergio Rubio

Estival Cuenca es un festival mestizo donde las etiquetas se difuminan hasta perder su eficacia. Hay que dejarse llevar. Esos estrechos cajoncitos con los que los humanos tratamos de poner orden al universo se bambolearon anoche en plena tormenta musical. Antonio Lizana (San Fernando, Cádiz, 1983) y Chico Pérez (Jaén, 1994) en programa doble conformaban un cartel de tronío. Dos maneras distintas y heterodoxas de vivir y sentir el flamenco. 

El primero con escalafón en la pirámide del jazz y miembro de la Afro-latin-jazz Orchestra de Arturo O’Farril con la que obtuvo un Grammy al mejor disco de latin-jazz instrumental en 2015. Palabras mayores. El segundo, perteneciente a la generación de músicos de conservatorio, trata de regresar con su primer disco a los ritmos de la tierra. Dos maneras de ver el flamenco complementarias que reunidas en el mismo cartel nos muestran, por si teníamos alguna duda, que vivimos un gran momento para el flamenco. 

Flamenco y jazz se fusionaron ayer sobre el escenario del Museo Paleontológico de Castilla-la Mancha. Flamenco y jazz, estilos que tendrán fechas propias en la próxima semana con la presencia de Rocío Márquez el martes y Pedro Iturralde el miércoles.

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En plena ola de calor en toda España, la ubicación del MUPA se convierte en un lugar privilegiado, porque hasta este cerro llega la corriente de aire fresco que trae el río Huécar desde la Serranía

Abrió el programa, aún de día, el piano de Chico Pérez al frente de un sexteto de músicos con ganas de agradar y de hacerse un hueco en la música. Una sección rítmica conquense compuesta por el bajista Carlos Bueno, conocido por formar parte de bandas como Fizzy Soup o Zarandea, y por el baterista Guillermo Hernansaiz. El flautista Jesús Zájara, el percusionista Alberto Garrido y la cantaora Ángeles Toledano completaron la formación con la que presentó ayer Chico Pérez su álbum de debut ‘Gruserías’ que ha contado con la producción de Paco Ortega. Palos flamencos que van y vienen del jazz y que la cantaora Ángeles Toledano sujeta en el quejío con las intervenciones justas. Un concierto por momentos brillante que nos permite vislumbrar una interesante carrera que habrá que seguir con atención y que le ha llevado a lugares tan emblemáticos como ‘The World’s Music at Oxford” celebrado recientemente.

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Ya con la noche y el calor caídos, llegó el turno del saxofonista Antonio Lizana que en esta ocasión mezcló su faceta como instrumentista con la de cantaor. “Que vengo de San Fernando, que es donde se funden los bancos con las nubes y el mar”, letra que sirvió de presentación de un programa cargado de fundamento y pasión, en el que Lizana estuvo acompañado por el bajo de Jesús Caparrós, por el piano de Daniel García y la batería de Shayan Fathi. Cita propia merece el baile descarado y desgarrado de José María Castaño, que además aportó cante sentido, palmas profundas y, sobre todo, un zapateado que se convertía en la base flamenca sobre la que acoplar de manera natural el resto de elementos. 

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Para finalizar, Lizana y el público cantando juntos, demostrando los poderes terapéuticos de la música, que saca los males del pecho y que consiguió que camino abajo, al finalizar el concierto, se oyera al público cantar de vuelta a casa, ‘Volar, quieren volar, todos los sueños en la madrugá'. Es sólo el primer día.

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