sábado 28.03.2020
HISTORIA | EDUARDO MONTAGUT

El surgimiento y desarrollo del socialismo ruso

Para Lenin la revolución solamente podría producirse en un país atrasado pero ya con cierto nivel de industrialización, es decir, en Rusia.

Surgimiento y desarrollo del socialismo ruso

Sin lugar a dudas, en la Rusia zarista del siglo XIX destacó entre la oposición radical la corriente del populismo ruso que defendía el protagonismo del campesinado ruso en el proceso de transformación del sistema, en una suerte de vía rusa hacia el socialismo. Para ello había que educar y concienciar a los campesinos, aunque otra tendencia del populismo derivaría hacia el terrorismo, terminando por conducir al fracaso a este movimiento. En este contexto apareció la figura de Plejanov, que estaba vinculado al grupo populista Reparto Negro, defensor de la estrategia de desarrollo de la conciencia y movilización de los campesinos, y contrario a la tendencia mayoritaria terrorista, asumida desde el grupo de Voluntad del Pueblo. Cuando el populismo se dividió en estas dos facciones en 1879, Plejanov defendió la idea de que la transformación política y social no podía derivarse de acciones individuales como las terroristas, sino del desarrollo de las relaciones económicas. Al año siguiente, abandonó Rusia. En 1883 creó en el seno del exilio ruso de Suiza la organización Emancipación del Trabajo, que se calificó como socialdemócrata. Había nacido el primer grupo marxista ruso con claro protagonismo de Plejanov pero también de Axelrod. El grupo se dedicó en un primer momento a traducir al ruso las obras de Marx y Engels, y a influir en círculos intelectuales. Pero no podemos olvidar que era un grupo en el exilio, no en Rusia. Había que formar un partido netamente marxista en el país. En esta tarea adquirió un claro protagonismo un personaje clave en la historia, Lenin, aunque el pionero fue, sin lugar a dudas, Plejanov, que partiendo del movimiento de los narodniki o populistas, evolucionó y consiguió crear unas claras diferencias teóricas y prácticas con los mismos. Lenin entró en contacto en el país alpino con el grupo de Emancipación del Trabajo. Por fin, en 1890 se creó el Partido Socialista Revolucionario.

En Rusia se planteó el problema de las relaciones entre el naciente proletariado industrial, generado en las fábricas e industrias nacidas al calor de la fuerte inversión extranjera, y el mayoritario campesinado, en torno a la cuestión vital de quién sería el protagonista del cambio revolucionario. En 1881, la revolucionaria Vera Zasulich planteó al propio Marx una disyuntiva: o la comunidad campesina evolucionaba hacia el socialismo, en cuyo caso los socialistas revolucionarios deberían contribuir a esa liberación, o, en el caso de que dicha comunidad estuviera destinada a desaparecer, a los socialistas solamente les quedaba dedicarse a reflexionar sobre los siglos que tardaría el capitalismo en alcanzar el desarrollo que había logrado en Europa occidental. Al año siguiente, Marx trató la cuestión en el prefacio de la edición rusa del Manifiesto Comunista, hablando de la importancia de la propiedad común de la tierra en Rusia como punto de partida en la evolución comunista. Aunque, también hay que recordar que Marx consideraba que los campesinos eran propensos a la reacción. Por su parte, Plejanov seguía enfrentándose a la teoría populista sobre el papel revolucionario campesino. Consideraba que el estadio capitalista era inevitable para Rusia. Las únicas fuerzas revolucionarias rusas serían la burguesía y el naciente proletariado. Había que favorecer la revolución liberal-burguesa que al desarrollar el capitalismo ruso con su competencia provocaría la crisis del capitalismo occidental y el estallido de la revolución proletaria, que se extendería desde Europa occidental hacia Rusia. En 1894, Lenin publicaba ¿Quiénes son los amigos del pueblo?, profundizando y corrigiendo las ideas de Plejanov. Lenin no creía en la inevitabilidad de la revolución o fase liberal-burguesa. La burguesía rusa era muy débil y la experiencia histórica del proletariado occidental, que seguía dominado por sus respectivas burguesías, a las que habría ayudado a auparse al poder, le hacían desistir de la idea de que había que pasar por la fase liberal-burguesa. Lenin era muy crítico con el proletariado occidental y consideraba que ya no era el agente revolucionario porque su nivel de vida le había hecho abandonar la lucha. Pero tampoco compartía la idea del populismo ruso de la transformación basada en la comuna o comunidad campesina. Lenin pensaba que el desarrollo del capitalismo en Rusia había conseguido transformar la tradicional comunidad rural, generando una diferenciación social clara entre los campesinos ricos y el proletariado rural. La revolución en Rusia debía dirigirse contra el zar y contra la burguesía, a la vez. El protagonismo en esa revolución tendrían que desempeñarlo los obreros o proletarios rusos con el concurso del resto de las fuerzas populares, de esos campesinados pobres. El campo ayudaría a la revolución, la alianza entre los obreros y los campesinos era necesaria. Trotski, por su parte, no lo tendría tan claro y prefería el protagonismo obrero casi exclusivamente. En conclusión, la revolución solamente podría producirse, para Lenin, en un país atrasado pero ya con cierto nivel de industrialización, es decir, en Rusia.

Lenin siguió desarrollando sus teorías en el destierro de Siberia, especialmente en la obra El desarrollo del capitalismo en Rusia. En ella se insistía en la unión revolucionaria de obreros y campesinos sin esperar a ninguna revolución burguesa. Pero, además, expuso su famosa teoría sobre la necesidad de crear un partido formado por revolucionarios profesionales, que dirigiría el proceso.

Lenin pasó a vivir en Alemania donde con el grupo de Plejanov comenzó a publicar el periódico Iskra, que se difundía clandestinamente en Rusia, para propagar la revolución y criticar los planteamientos populistas, liberales, burgueses o los estrictamente económicos, es decir aquellos que solamente planteaban reivindicaciones sindicales y laborales. Esta última cuestión es abordada de forma sistemática por Lenin en su opúsculo “¿Qué hacer?”, donde exponía que los trabajadores por sí solos únicamente planteaban luchas sindicales. Por eso se hacía imprescindible el trabajo teórico y político de la vanguardia de revolucionarios profesionales, que ya había planteado anteriormente.

Sin lugar a dudas, estas ideas tuvieron un fuerte impacto en el seno de los socialdemócratas rusos y generaron un intensísimo debate, además de enfrentamientos. En 1898, los defensores de las ideas de Lenin crearon la Unió por la Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, que muy pronto pasaría a denominarse Partido Obrero Social Demócrata Ruso. La formación sufrirá una escisión en 1903. Por un lado, estarían los bolcheviques o mayoritarios que defendían las tesis de Lenin, especialmente sobre la necesidad de crear un partido revolucionario de élite, férreamente organizado y que funcionaría como vanguardia de la clase obrera para hacer la revolución y establecer la dictadura del proletariado, etapa previa para la eliminación del Estado, otro punto que Lenin desarrolló frente a la mayor ambigüedad de Marx. Por otro lado, se encontrarían los mencheviques o minoritarios, partidarios del modelo de partido socialdemócrata occidental y de la lucha política electoral.

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