sábado 5/12/20
PALACIOS REALES

El Palacio de Versalles, el poder real francés

Comienzo una nueva serie titulada “Palacios reales” y siempre tendrán dos partes. La primera haré una descripción de todos los aspectos arquitectónicos, pinturas esculturas y su historia. Siempre haré una segunda parte, que es la que habitualmente no cuentan en las visitas, que son los lados secretos del palacio, sus leyendas y sus aspectos prohibidos.

Comienzo la serie con el Palacio de Versalles y les recomiendo lleguen al final porque les permitirá conocer sus grandezas y sus numerosas miserias. Lo que vemos en la actualidad, no es lo que realmente era pues nos olvidamos de cómo era la vida diaria en él.


Comenzare con una sentencia del Eclesiastés, que creó que define perfectamente este palacio: "Vanitas vanitatum omnia vanitas". “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”.

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El escritor Louis Kronenberger decía: “Versalles era resplandeciente y grandiosa; Versalles era feo y asqueroso; Versalles también podría ser extraño y grotesco”.

El padre del Rey Sol, Luis XIII, fue quien llevó a la realeza a Versalles. El joven rey cazaba con su padre, Enrique IV, en esta zona forestal pantanosa. Más tarde. Luis XIII, que padecía agorafobia, quiso alejarse de su madre María de Médici, que ejercía la regencia después de que Ravillac asesinara al rey. Por ello, prefirió pasar más tiempo en Versalles. Se construyó entonces el primer palacio en el año 1623.

Es un edificio que desempeñó las funciones de una residencia real en siglos pasados. Su construcción fue ordenada por el rey Luis XIV, y constituye uno de los complejos arquitectónicos monárquicos más importantes de Europa.

Con sus tres palacios, sus jardines y su parque, Versalles es un dominio inmenso. Si bien, Luis XIII hizo edificar allí un pabellón de caza con un jardín, Luis XIV es su verdadero creador, ya que le dio su amplitud y determinó su destino.

Luis XIV decidió construir Versalles como una pequeña ciudad alejada de los problemas. Tendría varias etapas constructivas, marcadas por las amantes de Luis XIV.

  • Primera etapa que va del año 1661 al 1668. Sería un palacete de caza al que se añadieron dos alas laterales que, al cerrarse, conformaron la plaza de armas. Son fachadas de ladrillo y unifica la cubierta usando también la pizarra y las mansardas. 
  • Segunda etapa que data del año 1668 al año 1678. Luis XIV pretende trasladar definitivamente la corte a Versalles. Se añaden las dos alas laterales para dar prioridad visual al jardín. La fachada que da al jardín está construida siguiendo el modelo italiano. Un primer piso de sillares almohadillados.

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Un piso noble de doble altura con crujías retranqueadas, jugando con entrantes y salientes y alternando columnas y pilastras. Hay un tercer piso que sería el ático, rematado por una serie de figuras escultóricas que casi no dejan ver la caída de la cubierta, la cual no es muy inclinada. Llegaron a vivir en él hasta 20.000 personas.

  • Tercera y última etapa que se desarrolla desde el año 1678 al año 1692. En esta ampliación, se construyó la capilla real en el Ala Norte del Palacio, a doble altura y con acceso directo desde el exterior, estando la Tribuna Real situada en el piso principal, desde donde el rey y su familia asistían a la misa.

El jardín de Versalles es clasicista, ordenado, racionalizado. Crea una organización que relaciona todas las esculturas y fuentes y ensalza la monarquía. Las esculturas se señalan unas a otras. Progresiva civilización del jardín, estando muy ordenado, podado y cuidado en la zona próxima al palacio, y después se va asilvestrando.

Tres siglos después de su creación, el dominio sigue siendo considerable pues cuenta con 800 hectáreas, aunque originalmente eran unas 8 000 hectáreas Tiene veinte km de caminos, unos 200. 000 árboles, 35 km de canalizaciones.

El conjunto del palacio y parque de Versalles, incluyendo el Gran Trianón y el Pequeño Trianón, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1979.

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EL PROCESO CONSTRUCTIVO

Luis XIII hizo construir en medio del bosque, y al lado de una loma rodeada por dos pantanos insalubres, una modesta vivienda de ladrillo, piedra y pizarra en el 1623. Era su refugio de caza favorito y, por tanto, se construyó una vivienda rústica y utilitaria. La disposición de los pabellones y fosas se hizo a semejanza de algunas construcciones feudales.

El primer palacio de Versalles se edificó detrás del actual edificio de mármol. La vivienda principal medía 24 m de longitud por 6 de profundidad y, a cada lado, se construyeron dos alas bajas. El departamento del rey constaba de una pequeña galería en la que colgaba un cuadro que representaba la batalla de la Rochelle.

Además, tenía cuatro salas, cuyas paredes estaban recubiertas de tapicerías. La habitación del rey ocupaba el cuerpo central del edificio.

El cardenal Richelieu fue a Versalles el once de noviembre del año 1639, en secreto, para informar al rey de una conspiración que se estaba fraguando y que fomentaba la reina madre

El cardenal Richelieu fue a Versalles el once de noviembre del año 1639, en secreto, para informar al rey de una conspiración que se estaba fraguando y que fomentaba la reina madre. Esta conspiración se conocería más tarde con el nombre del Día de los Engaños. Richelieu fue nombrado Primer ministro y la reina madre fue exiliada.

A partir de del año 1636, Luis XIII multiplicó sus estancias aprovechándose del confort de su nueva mansión, así como del encanto de sus jardines. Estos fueron estructurados a la francesa, con decoraciones arabescas y entrelazados.

Sintiéndose morir en el año 1643, Luis XIII confesó: “Si Dios me devuelve la salud, tan pronto como mi delfín tenga edad de montar a caballo y tenga la mayoría le pondré en mi lugar y yo me retiraré a Versalles con cuatro de nuestros frailes para que me entretengan con charlas divinas”. Versalles permaneció en silencio durante dieciocho años.

Al principio de su reinado, Luis XIV no encontraba ninguna mansión real que le complaciera plenamente. Vivía en París y tuvo diversas residencias como el Palacio Real, en el Louvre, en las Tullerías. El rey comparaba las ventajas y los inconvenientes de estos palacios y, para paliar sus incomodidades, realizó importantes reformas pero en ninguno de ellos llegó a sentirse cómodo.

Luis XIV efectuó su primera visita a Versalles en el año 1651. Fue entonces cuando le encanto este lugar. Luis XIV llevó a Versalles a su esposa, la reina María Teresa el veinticinco de octubre de 1660.

Empezaron en el año 1661 los nuevos trabajos de ampliación, tras el fallecimiento del cardenal Mazarinos. La decisión de Luis XIV de edificar en el lugar en que estaba el pequeño palacio de su padre uno de los más maravillosos palacios de Europa ocasionó duras críticas entre los cortesanos.

Se celebró la primera fiesta en el palacio en el mes de mayo del año 1664. Luis XIV tomó la decisión de reformar Versalles para poder pasar allí muchos días con su Consejo. Decidió conservar el palacio edificado por Luis XIII, más por razones financieras que sentimentales.

Se triplicó la superficie del palacio, que fue decorado con mucho lujo retomando el tema del Sol, omnipresente en Versalles. Los jardines, especialmente apreciados por Luis XIV, fueron ampliados y adornados con esculturas.

palacio versalles 4Se instalaron las primeras estatuas en el jardín y se construyó la gruta de Tethys en el año 1665. El primer Invernadero, el Zoológico y la Gruta de Téthys no resistieron la prueba del paso del tiempo. Solo el grupo de Apolo y las ninfas y Los caballos del Sol recuerdan la Gruta de Tethys.

Se diseñó la ampliación del ala central en el año 1667 y se hizo cargo de los jardines y las viviendas exteriores. Durante las fiestas de los años 1664 y 1668, los cortesanos se quejaron de la incomodidad del pequeño palacio porque no encontraron un lugar en el que dormir.

Se empezó la edificación del revestimiento entre los años 1668 y 1670, que consistía en una segunda construcción que rodearía el primer palacio. De una parte a otra del antiguo palacio, el Gran Departamento del rey, al norte, el de la reina, al sur, fueron emplazados simétricamente. Una amplia terraza, frente a los jardines, comunicaba ambas dependencias.

Momentáneamente, se conservó el palacio de ladrillo y piedra. Las fachadas se adornaron con columnas de mármol de Rance, balcones de hierro forjado y dorado y bustos sobre las balaustradas.

Los tejados llevaban adornos y el patio fue enlosado con mármol. Las pequeñas viviendas adyacentes fueron elevadas y unidas al palacio de Luis XIII por medio de una serie de pabellones que formaban el patio de armas, que se cerraba con una cancela dorada. En las antiguas dependencias se construyó un peristilo de columnas coronadas por estatuas. Las nuevas construcciones triplicaron la superficie del palacio.

Luis XIV soñaba con hacer un palacio que dejara constancia de su época. Los palacios del Louvre y de las Tullerías ya tenían la impronta de sus antecesores. La creación de Versalles respondía a un deseo político y económico

Se distinguen, perfectamente,el Palacio Viejo” de Luis XIII y “el Palacio Nuevo” de Luis XIV. El Palacio Nuevo era un edificio hecho en piedra, de concepción italiana. Las largas fachadas fueron punteadas por un salidizo y divididas a lo alto. En la fachada oeste se construyó una gran terraza que unía el pabellón del rey con el de la reina. Todo ello a semejanza del palacio de Chambord.

Al construirlo se inspiraron en los modelos italianos, pero los volúmenes, las proporciones y la ornamentación fueron obra del espíritu francés.

La planta baja, constituida por un basamento realzado por las líneas horizontales de los tabiques, recibía la luz a través de unas ventanas ojivales abiertas sobre los arriates.

En el primer piso se pusieron columnas jónicas, hornacinas y altas ventanas rectangulares Se decoró con esculturas: estatuas en las hornacinas y bajorrelieves rectangulares sobre las ventanas. En el segundo piso, o ático, la decoración fue de estilo y se coronó con una balaustrada.

Se construyó el Trianón de porcelana en el año 1670. Durante ese período, los cortesanos hicieron edificar sus hotelitos cercanos a la residencia preferida del rey. Hasta catorce grandes mansiones se construyeron en esa época entre los años 1670 y 1671.

Luis XIV soñaba con hacer un palacio que dejara constancia de su época. Los palacios del Louvre y de las Tullerías ya tenían la impronta de sus antecesores. La creación de Versalles respondía a un deseo político y económico. Dirigiendo personalmente los asuntos del reino y centralizando la administración, el rey quería agrupar, en torno a él, a los ministros y sus servicios. Su majestad tenía intención de fijar su residencia en Versalles El palacio tendrá grandes dimensiones.

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La Galería de los Espejos, símbolo del poder del monarca absoluto, se levantó sobre la antigua terraza del palacio nuevo. La obra se concluyó en 1684. Más tarde el rey quiso construir en Versalles una de sus grandes galerías, muy de moda por entonces. Luis XIV apreciaba las largas galerías del Louvre y de Fontainebleau, por las que se podía pasar y comunicarse con los otros departamentos y se distinguían por sus valiosas decoraciones.

La Gran galería, limitada al norte por el salón de la Guerra y, al sur por el salón de la Paz. Tenía 73 m de largo, y es la sala más majestuosa, ocupando toda la fachada oeste del Palacio Nuevo, y servía de comunicación entre los departamentos del rey y de la reina. Uno de los lados da al jardín y el otro está cubierto por diecisiete espejos que dan el nombre a la galería. La creación de la Galería de los Espejos significó nuevas reformas.

El departamento del rey fue trasladado al Palacio Viejo, el departamento del Sol se convirtió en el Gran Departamento y fue utilizado para las grandes recepciones.

Se empezó la construcción del ala sur destinada a alojar a los cortesanos en el año 1678. Se proyectó la construcción de dos inmensos edificios que encuadrarían el palacio por el norte y por el sur y por detrás de este.

  • Se remodeló la fachada que daba a los jardines.
  • Fallece el arquitecto François d’Orbay, al que sucedió Mansart.
  • Un gran espejo con marco de bronce dorado se colocó en la sala de baños y se pusieron dos bañeras alargadas de mármol blanco decoradas con bronce dorado.
  • Se comenzaron los trabajos del Estanque de los Suizos y la Fuente de Neptuno, el aterrazamiento para el Arriate del Sur y la construcción del nuevo Invernadero.

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La Galería de los Espejos, el Salón de la Guerra y de la Paz reemplazaron la terraza y los gabinetes del rey y de la reina.

  • Se elevó el edificio central. Un reloj, enmarcado por las estatuas de Marte y de Hércules, se colocaron en la nueva fachada.
  • Se empezó la construcción de una segunda escalera: la Escalera de la Reina. De la escalera de los Embajadores sólo quedaron las puertas por las que se accedía al Gran Departamento, con el busto de Luis XIV y la antigua ninfa.
  • Terminadas las dependencias de los ministros, se inició la construcción de las Grandes y Pequeñas caballerizas, se continuó con la confección de los jardines, que fueron enriquecidos con nuevas estatuas y bosquecillos.

Luis XIV, no esperó a la finalización de las obras en el año 1681. El 6 de mayo el rey dejó Saint Cloud y se instaló definitivamente en Versalles, que se convirtió, de esta forma, en la residencia oficial del rey de Francia.

palacio versalles 8Un contemporáneo describió las condiciones en las que se encontraban las instalaciones: “El dieciséis de mayo el Rey dejó Saint Cloud para instalarse en Versalles donde deseaba estar desde hacía tiempo, estaba lleno de albañiles y Madame la Delfina se vio obligada a cambiar de departamento porque el ruido le impedía dormir. El rey se instaló en una residencia en la que sólo faltaban los trabajos de decoración. La Galería de los Espejos estaba llena de andamios y para atravesarla era necesario utilizar un pasaje practicado entre las vigas”.

Uno de los grandes problemas de Versalles fue, siempre, el alojamiento de los cortesanos. Versalles fue el símbolo del poderío de Luis XIV, lugar en el que se instaló definitivamente a los cuarenta y cuatro años.

Versalles vivió entonces el apogeo de la sociedad cortesana. Luis XIV transformó una nobleza belicosa y potencialmente rebelde en un grupo mantenido por el Estado en la persona del rey. El rey, que había conocido durante la Fronda los peligros de una sublevación de la nobleza, quería proteger tanto a la persona real como al gobierno. Se encargó de reducir el poder de los nobles empleando, para ello, diversos medios:

  • Atraer a los grandes señores a su corte y distribuyendo o haciéndoles esperar honores, títulos y pensiones.
  • Ofreciendo, a los más importantes, vivienda en el palacio.
  • Inspirando a sus cortesanos respeto e impidiendo su promiscuidad.
  • Haciendo de sus cortesanos los espectadores asiduos de su grandeza.

El rey estableció unas reglas de protocolo rigurosas y complejas que transformaron todos sus actos, incluso los más cotidianos, en un ceremonial casi sagrado.

En el acto de levantarse o acostarse de los reyes podía estar presente un determinado número de personas, los más favoritos tenían el honor de rodear al rey por detrás de la balaustrada, que aislaba el lecho del resto del dormitorio, y prestarle ayuda cuando se vestía.

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Todos los actos de su vida estaban regulados de esta manera, desde el nacimiento de las princesas, que se había producido en público (lo que evitaba cualquier duda sobre su legitimidad), hasta los obsequios del rey que se regían por normas inmutables.

Las relaciones del rey con las personas que podían aproximarse a él tenían que realizarse con toda solemnidad, ya fueran recepciones a los embajadores, presentación de nobles y damas con título, o el recibo de felicitaciones y parabienes.

Para romper con este protocolo, Luis XIV instituyó los “Días para Departir” en los que, tres veces por semana, de las 19 a 22 horas, los cortesanos eran admitidos en el Gran Departamento.

En diferentes salones estaban repartidas mesas con manjares, había salones con mesas de juego y otros en los que se podía escuchar música o bailar. El rey se paseaba por ellos sin que los señores y las damas tuvieran que dejarlo todo para saludarle. Era este un gran honor, envidiado y disputado por aquellos que no eran admitidos.

Luis XIV se reservó, no obstante, unos pequeños departamentos para llevar una vida más íntima con sus allegados, como los compañeros de caza a los que invitaba regularmente a comer.

Para Europa, Versalles fue un testimonio del poderío de Francia y de Luis XIV.

Los arquitectos y los decoradores construyeron unos gabinetes y salones destinados a la conservación de las obras maestras y las colecciones del rey. En el Salón Oval, el gabinete de los Cuadros y el Salón de las Conchas en el que se exponían toda clase de objetos de arte y curiosidades, en las paredes colgaban los cuadros de la colección real.

luis xivEstas salas formaron parte de los departamentos de las Colecciones que terminaban en el Salón de las Medallas. Este último Salón estaba iluminado por medio de dos arañas de cristal de roca y en él se podían ver todo tipo de obras de artes, joyas, diamantes, vasos de jaspe etc. (En la imagen: Retrato de Luis XIV).

El departamento de las colecciones se amplió en el año 1684 con la anexión del departamento de Montespan, transformándose en una pequeña galería. El suelo era de madera de boj y las paredes estaban cubiertas de ricas tapicerías. Como la colección de obras maestras era considerable, los cuadros se iban exponiendo de forma rotatoria. En este lugar el rey pasaba muchos ratos contemplando el cuadro de la Giaconda

Entre los años 1685 y 1689 se amplió el palacio con un invernadero, que sustituyó al que había anteriormente. Se plantaron 3.000 arbustos y 150.000 plantas ornamentales cada año. Además, se añadieron las caballerizas, el Gran Común y el ala norte para los cortesanos

Vistos desde los jardines, los tres edificios distintos componían un conjunto armonioso. La fachada medía 670 m. Los dos nuevos edificios acogían a las Princesas y a los cortesanos, las caballerizas, las carrozas, los servicios generales y el alojamiento de los criados.

Dos años después de instalada la Corte, de 22.000 a 30.000 obreros y 6.000 caballos se sumaron a las diferentes obras de Versalles. Se levantó una colina para cimentar los 680 m de longitud del palacio. Se plantó un bosque entero.

La aldea de Versalles se transformó en una verdadera villa que se construyó alrededor del palacio y de los jardines. Los 5.000 cortesanos edificaron unos hotelitos en los que se alojaron sus servidores y sus pertenencias. Tabernas y posadas contribuyeron a darle vida a una población que no cesaba de crecer. Tenía 70.000 habitantes antes de la Revolución.

Los nuevos departamentos del rey se edificaron alrededor de la Corte de Mármol. Los departamentos oficiales llamados Departamentos del Rey ocupaban las alas sur y oeste del palacio de Luis XIII, y el Departamento interior se hallaba en el ala norte.

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El departamento del rey lo componían siete piezas, la última se unía con el Departamento Interior. En el centro del palacio se instaló el Salón del Rey, que será la futura cámara de Luis XIV, y terminaba con el Gabinete del Consejo y el Gabinete de las Thermes.

Tras la muerte de Luis XIV le sustituyó Luis XV, que ordenó que se respetaran las tradiciones de Versalles. El tiempo de las grandes construcciones había terminado y el palacio no encontró el brillo de los años Luis XIV.

Luis XV no sentía un especial interés por el palacio de Versalles. Cuando residía en él prefería refugiarse en los pequeños departamentos, en los áticos o debajo de los Grandes Departamentos. Pero la mayor parte del tiempo permanecía en el Trianón.

Hubo una segunda transformación del palacio en el año 1755, que consistió en unir el antiguo Gabinete el Rey con el Salón de las Thermes o de las Pelucas, para formar el salón del Consejo.

En el segundo piso se construyeron los gabinetes del rey. En esta parte del palacio no se doró ni coloreó la carpintería. Se emplearon colores vivos y alegres para las estatuas, pintadas según las técnicas elaboradas por Martín, el inventor del famoso “barniz Martín”. El elemento esencial de este departamento fue la pequeña galería levantada sobre el patio de mármol.

En los últimos años de Luis XV, se crearon la sala de Espectáculos o de la Ópera Real. La sala de espectáculos creada por Luis XIV en la Corte de las Princesas era pequeña e incómoda y no servía para las nuevas modas. Madame de Pompadour, para distraer al rey, reunió un pequeño grupo de comediantes escogidos entre sus amigos y en el que participaba ella misma.

Este pequeño grupo tenía dos teatros a su disposición, teatros provisionales y desmontables instalados en la pequeña galería y en el hueco de la escalera de los Embajadores, que resultaban demasiado pequeños para los espectadores e insuficientes para las necesidades de la Corte.

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Al construirse el ala norte, Luis XIV pensó en edificar un gran teatro para la ópera, pero las finanzas al fin de su reinado no se lo permitieron. Luis XV retomó su proyecto y la Ópera Real pudo inaugurarse con motivo de la boda de su nieto y Delfín, con la archiduquesa María Antonieta

Luis XV fue el responsable de la destrucción de muchos de los espléndidos edificios de la época de Luis XIV, pero en el interior del palacio se crearon unas magníficas decoraciones. Los jardines y, en particular el Trianón, se enriquecieron con la edificación del Pabellón Francés y el Pequeño Trianón.

Versalles vivió el apogeo de la Francia de los Borbones, pero también su destrucción

Durante el reinado de Luis XVI, se llevaron a cabo varias edificaciones en el Pequeño Trianon. En la conocida como Granja de María Antonieta, durante los años 1777-78 se construyó el Belvedere y el Templo del Amor, siendo ambos decorados por Deschamps. El mismo Deschamps, decoraría de nuevo el Teatro de la Reina, construido en 1779.

Fuera del Pequeño Trianon, en el año 1778, se arreglan las fachadas del palacio que dan al lado del parque, embelleciéndolas con esculturas. En el año 1787, se decora el Pabellón de la Lanterne y en 1756 la Puerta de San Antonio.

Versalles vivió el apogeo de la Francia de los Borbones, pero también su destrucción: en Versalles se establecieron los Estados Generales el seis de octubre de 1789. El palacio fue tomado por el pueblo y el rey y su familia obligados a trasladarse e instalarse en París. Desde entonces Versalles quedó vacío. En el año 1792, tras la caída de la monarquía, fue saqueado.

La Revolución Francesa arrebató 7.000 hectáreas al dominio. Sin embargo, no lo abandonaron. Napoleón I se instaló en el Gran Trianón y quiso convertir el palacio en una residencia imperial, pero este proyecto desapareció con el fin del Imperio. Durante su restauración, Luis XVIII, hermano de Luis XVI tuvo la intención de convertir Versalles en su residencia de verano. Este proyecto fracasó, pero permitió comenzar los trabajos de restauración. Napoleón II, motivado por la emperatriz Eugenia, lo convirtió finalmente en un lugar de recepción.

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Napoleón Bonaparte acarició durante un tiempo la idea de convertirlo en su palacio imperial, pero Versalles ya no se utilizará hasta el retorno de la monarquía. Con la llegada al poder de Luis Felipe el palacio se convirtió en museo.

El palacio fue el cuartel general del ejército prusiano en el 1870 durante el asedio de París. El emperador alemán fue coronado el dieciocho de enero de 1871 en la Galería de los Espejos.

Después fue el centro de las elecciones presidenciales de la III y la IV República. Se decoró con grandes frescos que evocaban la guerra, la agricultura, el comercio, la industria y la paz. El Tratado de Versalles se firmó en el palacio el veintiocho de junio de 1919, que puso fin a la I Guerra Mundial.

Los museos del palacio de Versalles fueron creados en 1837, por orden de Luis Felipe y son conocidos como Museo de la historia de Francia.

Constituyen, con sus 18.000 m² el museo más grande de la historia del mundo. El museo contiene una colección de cuadros reunidos o encargados por Luis Felipe y están organizados por series históricas. Para su exposición, algunos departamentos fueron transformados en salas de museo.

Actualmente, el museo de la historia de Francia está situado en las alas, mientras que la parte central, los Grandes Departamentos, las estancias privadas y los departamentos de la familia real han sido restaurados y pueden verse tal como eran cuando estaban ocupados por los reyes.

Versalles comprende tres palacios: Versalles, Gran Trianón y Pequeño Trianón, además de infinidad de edificios situados en la villa: grandes y pequeñas caballerizas, hotel de los pequeños placeres, sala de Juego de la Palma, el Gran Común…

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El palacio de Versalles cuenta con 700 estancias, 2.513 ventanas, 352 chimeneas, tenía 1.252 durante el Antiguo Régimen, 67 escaleras, 483 espejos repartidos en la Gran Galería, Salón de la Guerra y Salón de la Paz, y 13 ha de chimeneas. La superficie total es de 67.121 m² de los cuales 50.000 están abiertos al público.

El parque abarca 800 ha, 300 ha de bosque y dos de jardines a la francesa: el Pequeño Parque, tiene 80 ha y el Trianón, 50 ha. y consta de 372 estatuas.

Entre los 55 estanques, los más grandes son el Gran Canal, de 24 ha, y el estanque de los Suizos, de 180.000 m². Hay 600 surtidores y 35 km² de canalización.

EL VERSALLES LUGUBRE

Hasta ahora hemos visto la grandeza del palacio, pero también es bueno conocer sus miserias y así nos podremos hacer una mejor idea de cómo era la vida en él.

Versalles se distinguía por la aplicación de una estricta etiqueta, había un gran refinamiento pero también eran abundantes las intrigas palaciegas

El palacio de Versalles se distinguía por la aplicación de una estricta etiqueta, había un gran refinamiento pero también eran abundantes las intrigas palaciegas.

Al mismo tiempo se producían unos malos olores que era debidos a que el palacio estaba situado en medio de zonas pantanosas lo que provoca esos olores y además era un palacio que estaba en continua expansión lo que provoca suciedad y mucho polvo.

Una de las causas del mar olor era que en el palacio de Versalles disponía de pocos sanitarios pues la población era muy elevada pues llegaron a vivir en él unas 20. 000 personas. En muchos lugares del palacio como no había retretes, había sirvientes que traían orinales cuando se les reclamaba.

Como muchas veces estos criados llegaban tarde, algunos de los invitados hacían sus necesidades en el rincón más cercano. El escritor Horace Walpole que era un aristócrata del siglo XVIII decía: “Mendigos, sirvientes y visitantes aristocráticos utilizaban las escaleras, los pasillos y cualquier apartado para aliviarse”. Describió Versalles como un gran pozo negro, que impregnaba la ropa, las pelucas e incluso la ropa interior.

Los pocos sanitarios fijos que tenía el palacio y que eran sillas con agujeros y un recipiente de cerámica debajo, que se vaciaba tras llenarse, lo que muchas veces provocaba que se derramarse. El conocido filósofo Voltaire que se alojó en una habitación del palacio decía lo siguiente “el agujero de mierda con peor olor en todo Versalles”.

Louis_de_Rouvroy_duc_de_Saint-SimonUna de estas personas fue el aristócrata Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simón (en la imagen), quien relata su experiencia en el palacio de Versalles y decía:

“Los apartamentos reales tienen considerables inconvenientes como el muy mal olor en ellas. Cortesanos y sirvientes viven casi todos en estancias oscuras, insalubres y sin aire, muy similares a jaulas para conejos.

Las distancias son tan grandes, que se recorren kilómetros de pasillos en un solo día. Los baños son tan insuficientes que el pis de los aristócratas lo encontramos en las escaleras. Los comedores están tan lejos de las cocinas que los alimentos llegan a la mesa casi fríos, a pesar de los más de cuatrocientos sirvientes utilizados para el servicio”.

También tuvo palabras hacia los Jardines de Versalles y decía:

“Para llegar a las sombras frescas del jardín, estamos obligados a cruzar una amplia y soleada explanada, al final de la cual y desde cualquier punto, no hay otra alternativa subir o bajar escaleras.

El pavimento quema los pies, pero cuando no se camina en el pavimento estaríamos constantemente hundiéndonos en la arena o en un lodo negro.

En muchos cursos de agua, vemos que ésta es de color verde, que está embarrado y sucio y acompañado de mal olor. Además, por todas partes es fácil de ver violencia que se ejerce contra la naturaleza”.

El propio duque de Saint Simón decía que la princesa D’Harcourt a veces orinaba mientras caminaba, sin ninguna vergüenza dejando un rastro terrible detrás de ella que hacía que los sirvientes desearan mandarla al diablo.

Era una práctica frecuente que algunos sirvientes y visitantes orinaran en cortinas y tapices. Por ejemplo la reina María Antonieta, tenía dos perros de raza carlino a quienes se les permitía aliviarse en cualquier parte del palacio.

El invierno en el palacio de Versalles era muy incomodo debido a las chimeneas que eran muy deficientes, el humo y el hollín impregnaban las tapicerías, las alfombras y los tapices. El rey Luis XIV mando poner vaporizadores de esencia de azahar y cuencos de líquidos perfumados para tratar d ocultar los malos olores.

Se empleo una técnica parecida para combatir los olores corporales y de las prensas, en ese momento histórico la higiene era muy escasa. La nobleza se cambiaba la ropa interior a diario, igual que la ropa de cama, pero los vestidos no se podían lavar y en consecuencia acumulaban polvo y suciedad.

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La historiadora Helene Delalez en su documental Toute L’Histoire, decía que los aristócratas trataban de enmascarar los olores rancios con perfumes fuertes como el almizcle y el ámbar, tan potentes era sus olores que el rey Luis XIV les atribuía los fuertes dolores de cabeza que padecía.

También era una práctica habitual que se colocarán bolsitas perfumadas en los bolsillos de los vestidos, debajo de las axilas y en otros lugares, y se perfumaban y espolvoreaban las pelucas con harina para absorber cualquier grasa.

Yo que cuando viajo por el mundo y siendo un observador siempre me fijo en las dentaduras de las personas pues denotan la clase social que son y nos da el nivel de vida de un país o ciudad. En el siglo XVII, las dentaduras eran un horror, William Renwick Riddell en un artículo publicado en The Public Health Journal decía que Luis XIV cuando tenía 47 años prácticamente no tenía dientes sino un absceso crónico que goteaba pus.

La estética era algo que las damas cuidaban mucho en esa época y la sonrisa era una potente arma de seducción que intentaban cuidar como les fuera posible. Ni el cepillo de dientes ni la pasta dental se habían inventado, sin embargo, las damas del Palacio sí se limpiaban la dentadura para mostrar una sonrisa blanca y cuidada.

¿Cómo lo hacían?

Históricamente, el ser humano ha empleado lo que le ofrecía la naturaleza para su cuidado, no sólo en cuestiones de salud, sino también en belleza. De hecho, actualmente encontramos miles de recetas naturales de todo tipo, incluso para la salud bucal.

Era impensable que una reina francesa pudiese bañarse completamente desnuda

Dentro de su higiene, la nobleza se frotaba los dientes con plantas astringentes como el romero o el ciprés, mezclados con aromáticas como el tomillo, la canela o la menta, para combatir la halitosis. Como curiosidad, una aristócrata francesa describió que usaba esencia de orina para los dientes.

Los baños calientes era una práctica nada habitual, pues resultaba muy dificultoso. Muchos médicos desaconsejaban bañarse en agua cálida, ya que creían que abriría los poros de la piel y provocaría el desarrollo de enfermedades.

maria_antonietaEl “vestido de baño” de María Antonieta

Como estamos viendo, en la Corte de Versalles, y casi en cualquier corte del mundo en ese momento histórico, la higiene personar era prácticamente desconocida, aunque no para la Reina María Antonieta. Se le creó un cuarto de baño decorado con espejos pintados y con una bañera que utilizaba casi todos los días para lavarse con esencias naturales.

Era impensable que una reina francesa pudiese bañarse completamente desnuda. Algo demasiado extravagante para el momento y que sólo aumentaría los célebres chismes del Palacio. Para evitar esta situación, la reina utilizaba un “vestido de baño”, una túnica o franela larga hasta los pies, el cual cubría su cuerpo mientras se bañaba.

Pasadizos secretos en el Palacio de Versalles

El rey Luis XIV creó una red de pasajes muy discretos a lo largo de todo el recinto que le permitían llegar a diferentes lugares sin apenas ser visto. A su vez, existían también pasadizos que conectaban sus aposentos con las habitaciones de sus amantes, para poder escabullirse sin que ni la reina ni sus sirvientes lo detectasen.

LOS VENENOS DEL PALACIO

En el palacio se celebraban continuas fiestas, bailes, cacerías, partidas de todo tipo y unido a los encuentros sexuales siempre ocupando camas ajenas. Junto a esto aparecieron una serie de muertes que no presentaban un móvil justificativo y en donde siempre aparecía el veneno. Esto dará lugar a numerosas obras literarias.

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Siempre aparecía el jefe de la Policía de París, Nicolás de la Reynie que investigaba esas muertes y revelo que: “Luego de una larga investigación, descubrí que ciertos prominente aristócratas y burgueses, a través de una red de supuestos adivinos y clarividentes, vendían drogas y venenos para matar a sus enemigos”.

En este tipo de actos aparece la figura de Madame de Montespan, que era amante del rey, y era acusada de asistir a misas negras y de intentar envenenar a su rival en la Corte, la joven Mademoiselle de Fontanges, Los cargos contra Madame de Montespan nunca fueron probados, pero acabaron en la horca treinta y seis personas.

Otro escándalo con los venenos fue el juicio contra la marquesa de Brinvillieres que junto a su amante Godin Sainte Croix habían envenenado a su padre y a sus dos hermanos para heredar la fortuna de la familia. La marquesa fue ejecutada.

A raíz de la aparición de los venenos en la corte del palacio de Versalles, Luis XIV volvió a retomar el uso del catador de venenos, donde él debía probar antes la comida y la bebida del rey. Esta figura del catador de venenos ya era muy usada en la Edad Media.


Fotos: Pixabay

El Palacio de Versalles, el poder real francés
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