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jueves. 11.08.2022
HOMENAJE EN ESPACIO FUNDACIÓN TELEFÓNICA

Sampedro: Querido maestro

El homenaje a José Luis Sampedro que tuvo lugar anoche en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid se convirtió en una aproximación a una de sus facetas menos conocidas, pero que explica en gran medida su pensamiento vital: su interés por el sufismo, la vertiente mística del islam.

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"La vida perenne" reúne notas de Sampedro que explican su pensamiento vital, muy conectado con el sufismo

@FernandoOlmeda | “Querido maestro. Te lo puedo decir porque nunca me permitiste decírtelo en vida”. Olga Lucas habló mirando hacia el techo de la sala, como si Sampedro estuviese siguiendo el acto desde algún ignoto lugar cósmico. Su viuda le habló de tú, y todo se hizo extrañamente real, como si en cualquier momento aquel fuese a tomar la palabra. De hecho ocurrió. Fueron intercalándose archivos de sonido con su voz, que sonaron a música celestial en el Espacio de la Gran Vía madrileña. Sus reivindicaciones de la vida, la libertad y la fraternidad (“si (la vida) no es libre, no es nuestra; para ser vida propia, tenemos el derecho y el deber de vivirla”) y su propuesta constante de dar sentido a todo lo que nos sucede, concluyeron con una autodefinición repleta de humildad y relativismo: “Una chispa de una hoguera extraordinaria, una chispa suelta que cae, y se acabó”. Puro Sampedro.

El acto, organizado por Zara Fernández de Moya -de la Asociación Cultural del Mediterráneo Occidental- y José Manuel Lucía, Vicedecano de la Facultad de Filología de la Universidad Complutense- tomaba como punto de partida La vida perenne (Plaza&Janés), su segundo libro póstumo, organizado por su viuda y por su editor y amigo Ángel Lucía a partir de notas inéditas, y acompañado de fotografías de Chema Madoz. El maestro de la fotografía no ha colocado imágenes para ilustrar los textos, sino que ha construido, como él mismo señaló, “hilos invisibles que pusiesen en comunicación texto e imagen, entendido como un universo más ambiguo”. Un encuentro en el que desembocaba el “viaje giratorio de amigos” -en palabras de Fernández de Moya- y que tuvo un envoltorio escénico de aroma oriental: un montaje de fotos y voces con textos sufíes en español y farsi, una coreografía interpretada por la bailarina Lubna Shakti -inspirada en los movimientos de los derviches giróvagos turcos- y la interpretación de piezas de música persa a cargo de Yaran Ensemble.

"La búsqueda de la autorrealización no debe abandonar la lucha social” (Sampedro)

El interés de Sampedro por el sufismo quedó evidenciado en su momento en Octubre, octubre, cuyo protagonista realiza un viaje para visitar la tumba de Rumi, el gran poeta místico musulmán, al que el humanista, economista y escritor fallecido hace dos años profesaba una gran admiración. Ángel Lucía destacó la autenticidad de Sampedro, “su idea romántica de entrar en uno mismo, escuchar las voces interiores y desarrollar nuestras potencialidades”, y explicó algunas claves de su pensamiento, de la necesidad de “sudar vida”: “Siento, luego existo”, “la búsqueda de la autorrealización no debe abandonar la lucha social” o “deja de moverte y quédate quieto, la tranquilidad te moverá”.

Hubo también una lectura dramatizada de notas de La vida perenne: “No interesa que desarrollemos todas nuestra potencialidades”, “el sentido del límite se ha perdido”; “degradada la persona, convertida en mercancía o en mercader”, escribió Sampedro. El final de un acto tan entrañable como inspirador lo puso Olga Lucas: “El error es pensar que esto es el ocaso, cuando en realidad es la aurora”.

Sampedro: Querido maestro
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