martes. 05.03.2024
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Saladino, obra de Cristofano dell'Altissimo, antes de 1568. (Wikipedia)

Saladino y la dinastía ayubí (I)

Fue un linaje de sultanes de Siria y Egipto que tenía un origen kurdo que gobernó la zona entre los años 1171 al 1250. La dinastía se inicia con Saladino, al ser proclamado sultán de Siria y Egipto, y termina con el sultán Turan Shah, depuesto y muerto por los mamelucos el dos de mayo del año 1250.

Se sitúa el inicio de la dinastía en el año 1171, fecha en el que Saladino se proclama sultán de Egipto, aunque en el periodo entre los años 1171 a 1181, Saladino dependía administrativamente del sultán de Siria, aun cuando este poder era más formal que real.

  1. Saladino y la dinastía ayubí (I)

El inicio de la dinastía

Saladino llegó a El Cairo el ocho de enero del año 1169. Los califas fatimíes de Egipto habían solicitado ayuda del sultán de Siria, Nur al-Din, para combatir a las tropas francas de Amalarico, que sitiaban El Cairo. Éste envió a su general kurdo Shirkuh a socorrer a los habitantes de la ciudad cercada. Shirkuh se hizo acompañar de su sobrino Saladino.

Al llegar a El Cairo, cuyo sitio había sido levantado por Amalrico seis días antes, ante el temor de verse atrapado en una tenaza entre la guarnición de El Cairo y las tropas de Shirkuh, éste ordenó ejecutar al visir Shawa, y el dieciocho de enero ocupó su puesto. Shirkuh falleció poco después.

Los consejeros del califa fatimí Al Adid, que gobernaba Egipto, le aconsejaron que nombrase a Saladino su consejero. Este les parecía a los fatimíes un joven inexperto y, por tanto, más fácil de manejar que su tío.

A Saladino aún no se le conocía con este nombre en esta época, sino con el de Yusuf. No fue hasta ser nombrado sultán de Siria cuando adoptó el sobrenombre de Salah Al-Din.

Esta situación suponía un grave conflicto de carácter religioso. Los fatimíes profesaban la variante chií del islam, mientras que el sultán de Siria era un fervoroso sunní. Nur al-Din no concebía que una dinastía herética gobernara Egipto y ordenó a Saladino que la derrocase.

Este, que contaba con la confianza del califa al-Adid, no quiso cumplir la orden, lo que le supuso un primer enfrentamiento con Nur al-Din, pero ayudado por la grave enfermedad y posterior muerte de al-Adid, en el año 1171 se proclamó sultán de Egipto.

El reinado de Saladino

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Ilustración de Saladino por Ismail al-Jazari (antes de 1185). (Wikipedia).

Tras la muerte de al–Adid se produce la retirada de la campaña contra Karak es normalmente vista como una muestra de independencia. Probablemente, Saladino temía que de ver a Nur al-Din, este le impediría regresar a Egipto, temeroso del control que ya tenía del país.

Un concilio familiar celebrado entre los años 1171 al 1172 muestra ya la independencia de Saladino. Aconsejado por sus emires, Saladino decidió enviar a su sobrino al Muzaffar al –Din Umar, a ocupar la región de Cirenaica, que era zona fronteriza, al mando de 500 jinetes.

Envió un ultimátum a las tribus bereberes de la zona y les exigía la devolución de bienes robados a viajeros y les sometía al pago de impuestos que se extraerían de su ganado.

Durante el verano del año 1172, un ejército nubio, acompañado de refugiados armenios y antiguos soldados fatimitas fue avistado en la frontera, preparando un sitio contra Asuán. El emir de la ciudad, Kanz al-Dawla, pidió refuerzos a Saladino, que envió a su hermano Turan Shah.

Las fuerzas egipcias se impusieron, pero los nubios regresaron en el año 1173. Esta vez los egipcios lanzaron un contraataque que llevó a la toma de Ibrim y la conquista del norte de Nubia. Desde Ibrim, Turan-Shah asoló la región obteniendo un armisticio.

La paz implicó el compromiso nubio de garantizar la seguridad de Asuán, rechazándose la idea de continuar más al sur por la pobreza de la zona.

Durante el viaje a Damasco a entregar los presentes, marchó por tierras cruzadas. No tomó los castillos en el desierto, pero atacó a los beduinos musulmanes.

Mientras la conquista de Libia continuaba. Sharaf al-Din Qaraqush tomó Tripolí en el año 1174, que había sido ocupada por los normandos al mando de una fuerza turco-beduina.

La zona se convertiría desde entonces en un terreno de lucha intermitente en la zona entre el liberto de Saladino, Karakush y el naciente imperio almohade y los remanentes del imperio almorávides.

Su padre, Ayub, fue herido tras una caída del caballo el treinta y uno de julio del año 1173, causando su muerte el nueve de agosto. La pérdida de su fiel vasallo contribuyó a aumentar los recelos de Nur al-Din.

La conquista de Arabia

Saladino envió a Turan-Shah a conquistar Yemen en el año 1174, y las zonas circundantes del mar Rojo. Dichos territorios no reconocían al califa de Bagdad, siendo para la mayoría de musulmanes herejes.

Con la llegada de Saladino a Yemen, que por primera vez vio unidos sus hasta entonces independientes ciudades de Adén, Saná y Zabid. Adén fue el principal puerto del mar Índico del reino de Saladino, si bien el gobierno de la provincia se ejercía desde Taizz,

La llegada del gobierno de Saladino provocó un cambio en la ciudad, que vio mejoras en sus infraestructuras, la creación de nuevas instituciones y una ceca propia. La conquista, le proporcionó el dominio marítimo del mar Rojo, para lo que estableció una flota costera encargada de vigilar la piratería.

El mar era una rica zona comercial que incluía Yanbu y las ciudades santas de La Meca y Medina, de gran valor psicológico y propagandístico. Para favorecer el comercio se construyeron infraestructuras costeras. La conquista de Yemen ayudó a revitalizar el comercio egipcio.

Saladino tuvo que hacer frente a revueltas posteriores tras el regreso de Turan-Shah y no fue hasta el nombramiento de su otro hermano Tughtekin Sayf al-Islam como gobernador en el año 1182, cuando se consolidó la conquista del país.

Conquista de Damasco y el sur de Siria

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Estatua de Saladino en Damasco.

A comienzos del verano del año 1174, Nur al-Din se hallaba preparando un ataque a Egipto. La familia ayubí mantuvo una reunión para afrontar esta posible amenaza y Saladino concentro sus tropas a las afueras de El Cairo.

Sin embargo, el quince de mayo moría Nur al-Din, dejando el poder a su hijo de once años, as-Saloh Ismail al-Malik. Saladino obtenía de facto total independencia. La muerte de Nur al-Din dejó a Saladino una difícil decisión. Podía atacar a los cruzados desde Egipto o esperar hasta ser invitado por as-Salih en Siria para atacar desde ahí.

Podía también ocupar Siria antes de que cayera en manos de un rival, pero atacar las tierras del que había sido su señor, que era algo detestable por su moral islámica y que le invalidaba para encabezar la guerra contra los cruzados.

Para anexionarse Siria necesitaba una invitación de as-Salih o una excusa como el potencial peligro cruzado en un caso de desgobierno. Cuando as-Salih fue llevado a Alepo en agosto, Gumushtigin, emir de la ciudad y capitán de Nur al-Din asumió la regencia. El emir se preparó para desbancar a sus rivales, empezando con Damasco.

Ante estas perspectivas, el emir de la ciudad, acudió a Saif al-Din que era primo de Gumushtigin de Mosul en busca de apoyo, siendo rechazado y obligado a acudir a Saladino. Éste cruzó el desierto con 700 jinetes, pasando por Kerak y alcanzando Bosra.

El veintitrés de noviembre del año 1174, llegó a Damasco entre vítores y descansó en la antigua casa de su padre en la ciudad, hasta que se le abrieron las puertas de la Ciudadela de Damasco, donde se estableció y recibió el homenaje de los ciudadanos.

Alepo y el norte de Siria

Dejando a su hermano Tughtigin como gobernador de Damasco, Saladino avanzó hacia el norte con ánimo de someter otras ciudades que antaño pertenecieron al imperio de Nur al-Din, pero que tras su muerte se habían convertido en casi independientes. Tomó la ciudad de Hama sin muchos problemas, pero evitó la poderosa fortaleza de Homs.

Se movió luego hacia Alepo, que sitió el treinta de diciembre del año 1174, después de que Gumushtigin se negara a abandonar el trono. Pero as-Salih, que temía a Saladino, dejó el palacio y pidió a la población que no se rindiera.

Gumushtigin pidió ayuda a Rashid al Din Sinan, gran maestro de los asesinos, secta que estaba enemistada con Saladino. Se trata de una corriente fatimí, que había visto con gran enojo el fin del califato egipcio. Estos planearon asesinar a Saladino en su campamento.

Un grupo de trece asesinos entró fácilmente en el mismo, pero fueron detectados antes de haber cometido el crimen. Uno cayó ante un general de Saladino y los otros fueron reducidos mientras trataban de huir.

Para complicarlo todo aún más, Raimundo II de Trípoli congregó a sus fuerzas en Nahr al-Kabir cerca del territorio musulmán. Amagó un ataque contra Homs, pero se replegó después de oír que Saif al-Din enviaba refuerzos.

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Mapa con las diversas campañas de Saladino y su tío en Egipto.

Los enemigos de Saladino en Siria y Mesopotamia llevaron a cabo una guerra de propaganda, basándose en la idea de que había olvidado su condición de vasallo y no mostraba gratitud por su antiguo señor.

Saladino intentó contrarrestar esta propaganda levantando el sitio y afirmando que estaba defendiendo el islam contra los cruzados. Regresó con sus tropas a Hama paea enfrentarse a un ejército cruzado, que se retiró permitiendo a Saladino proclamar una victoria que abría las puertas de los corazones de los hombres.

Poco después, lograba entrar en Homs y tomar su ciudadela en marzo del año 1175 a pesar de una terca resistencia de los defensores.

Los éxitos de Saladino alarmaron a Saif al-Din. Que era cabeza de los zénguidas, incluyendo a Gumushtigin, veía Siria y Mesopotamia como sus tierras y se enojó ante la usurpación de Saladino. Saif al-Din reunió un gran ejército y marchó con él a Alepo, donde los defensores le esperaban ansiosamente.

Las fuerzas combinadas de Alepo y Mosul marcharon contra Saladino en Hama. Severamente sobrepasado en número, Saladino negoció abandonar las tierras al norte de Damasco, pero no se llegó a ningún acuerdo.

Los zénguidas querían su retorno a Egipto. Siendo inevitable la confrontación, Saladino tomó posiciones ventajosas en las colinas del río Orontes. El trece de abril del año 1175, los zénguidas marcharon contra él, pero pronto se vieron envueltos por tropas más veteranas y mejor posicionadas, que los aniquilaron.

La batalla fue una victoria decisiva para Saladino que persiguió al ejército en fuga hasta las puertas de Alepo, forzando a los consejeros de as-Salih a reconocerle su dominio no solo de Damasco, sino de Homs, Hama y ciudades más cercanas a Alepo.

Tras su victoria, Saladino se proclamó rey y eliminó el nombre de as-Salih de la oración del viernes y de las monedas. Desde entonces, se debía orar por él en todas las mezquitas de Egipto y Siria y acuñar moneda en El Cairo con su nombre, al-Malik an-Nasir Yusuf Ayyub, ala ghaya “el rey fuerte en la ayuda, José hijo de Job, alabado sea”. El califato abasí le reconoció la autoridad auto concedida y le declaró “Sultán de Egipto y Siria”.

La batalla de Hama no terminó, sin embargo, con las luchas de poder entre ayubíes y zénguidas. La confrontación final se prolongó hasta la primavera del año 1176. Saladino trajo tropas de Egipto mientras Saif al-Din realizaba levas entre los estados vasallos de Diyarbakir y al-Yazira.

Cuando Saladino cruzó el río Orontes, dejando Hama, hubo un eclipse de sol. A pesar de verlo como un presagio, continuó la marcha, alcanzando el Túmulo del Sultán, a 24 km de Alepo.

Aus fuerzas encontraron al ejército de Saif al-Din. Se inició, donde los zénguidas lograron sobrepasar el ala izquierda de Saladino antes de que él personalmente cargara contra la guardia zénguida.

Ante este ataque, los zénguidas rompieron en pánico, siendo muertos la mayoría de los oficiales y escapando por los pelos Saif al-Din. El campamento zénguida con sus caballos, bagaje, tiendas y provisiones fueron capturados. Saladino sin embargo liberó con regalos a sus prisioneros y repartió el botín entre su ejército sin quedarse nada para él.

Continuó contra Alepo, que le recibió con las puertas cerradas. Unos pocos días después, con Saladino descansando en una tienda, un asesino entró, golpeándole en la cabeza con un cuchillo.

El casco de su armadura le salvó y logró agarrar al asesino por la mano gracias a llevar su gambesón. El asesino fue ejecutado y Gumushtugin y los nizaríes acusados del atentado, reforzándose el sitio de la ciudad.

A'zaz se rindió el veintiuno de junio del año 1176, y Saladino se apresuró con sus tropas a Alepo para castigar a Gumushtigin. Sus asaltos fueron rechazados pero no solo logró firmar una tregua sino incluso un pacto de alianza con Gumushtigin y as-Salih que a cambio de mantener la ciudad reconocía a Saladino todo lo que había conquistado.

Los emires de Mardin y Keyfa que eran aliados con Alepo, también reconocieron a Saladino como señor de Siria. Tras la firma del Tratado, la hermana pequeña de as-Salih acudió a Saladino reclamando el retorno de la fortaleza de A'zaz. Saladino accedió y la escoltó de vuelta a Alepo con numerosos regalos.

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Batalla entre Balduino IV y los egipcios de Saladino, 18 de noviembre de 1177 Charles-Philippe Larivièr.

La lucha contra el mundo cristiano

Tras dejar las montañas de al-Nusayri, Saladino regresó a Damasco y licenció a sus tropas sirias. Dejó a su hermano Turan Shah al cargo de Siria y marchó a Egipto con su corte personal, alcanzando El Cairo el veintidos de septiembre.

Tras dos años ausente, tenía mucho que supervisar en el país del Nilo, particularmente obras y proyectos que había dejado en El Cairo. Reparó y amplió las murallas de la ciudad y comenzó la construcción de la ciudadela de El Cairo.

También dio orden de construir un pozo de 85 metros de profundidad de Bir Yusuf que fue su mayor obra pública. Fuera de la ciudad fue un gran puente en Guiza, que pretendía facilitar la defensa contra invasiones moras.

Saladino permaneció en El Cairo supervisando su gobierno y construyendo la Madrasa de los Hacedores de Espadas. En noviembre del año 1177, lanzó una razzia sobre Palestina. Los cruzados habían penetrado en el territorio de Damasco y Saladino tomó la tregua como algo que ya no tenía valor preservar.

Los cristianos enviaron un gran ejército para sitiar Harim, al norte de Alepo, descuidando su frontera sur. Saladino creyó que la ocasión estaba madura y marchó contra Ascalón, a la que llamó la novia de Siria. 

Guillermo de Tiro habla que el ejército ayubí constaba de 18. 000 esclavos negros del Sudán y 8.000 soldados de élite turcomanos y kurdos. El ejército asoló la campiña y llegó a las puertas de Jerusalén.

El veinticinco de noviembre del año 1175, con el grueso de su ejército ausente, Saladino y sus tropas se vieron sorprendidos en Tell Jezer, cerca de Ramala. Antes de que pudieran formar en orden de batalla, los templarios rompieron sus líneas.

Saladino trató inicialmente de organizar a sus hombres, pero ante la muerte de su guardia vio inevitable la derrota y con las pocas tropas que le quedaban montó un camello hasta Egipto. En las crónicas cristianas es conocida como la batalla de Montgisard.

Sin desanimarse por su derrota en Tell Jezer, Saladino se preparó para luchar con los cruzados otra vez. En la primavera del año 1178, acampaba bajo los muros de Homs mientras tenían lugar escaramuzas entre sus generales y los cruzados.

Sus tropas en Hama ganaron una batalla y le trajeron los despojos del enemigo, con muchos prisioneros, Saladino ordenó su decapitación. Pasó el resto del año en Siria, sin luchar con sus enemigos.

Los espías de Saladino le informaron de que los cruzados planeaban una expedición en Siria. El sultán ordenó a su general Farrukh-Shah, patrullar la frontera de Damasco con mil soldados en espera de un ataque para retirarse sin presentar batalla y avisar con antorchas en las colinas para que Saladino marchara.

En abril del año 1179, los cruzados dirigidos por Balduino, que no esperaba resistencia a su ataque sorpresa al este de los Altos del Golán, iniciaron la expedición. Avanzaron demasiado aprisa en persecución de Farrukh-Shah, que concentraba a sus tropas al sudeste de Quneitra y se vieron derrotados por los ayubís en la conocida como la batalla de Marvavún. Con la victoria, Saladino trajo refuerzos y solicitó mil quinientos jinetes a su hermano al-Adil en Egipto.

Balduino había construido un puesto avanzado en el camino a Damasco en el verano de 1179, y pretendía fortificar un paso a través del río Jordán, que controlaba el acceso a la llanura de Banias, dividida entre musulmanes y cristianos.

Saladino ofreció cien mil piezas de oro a Balduino a cambio de abandonar el proyecto, particularmente ofensivo por ser un lugar santo para los musulmanes, pero no hubo trato. Decidió destruir la fortaleza y movió sus cuarteles a Banias. Como los cruzados se apresuraron a atacar sus fuerzas, perdieron la formación.

Tras un éxito inicial, persiguieron al enemigo hasta perder cualquier orden y fueron arrollados por las tropas de Saladino. Esta batalla del Vado de Jacobo y la toma de la fortaleza el treinta de agosto del año 1179 fue una victoria clave para Saladino.

En la primavera del año 1180, mientras Saladino estaba en las proximidades de Safad, esperando comenzar una nueva campaña, Balduino envió mensajeros con propuestas de paz. Tras sequías y malas cosechas, andaba escaso de provisiones y aceptó. Raimundo III de Trípoli se opuso a la tregua, pero una incursión en sus tierras y la visión de la flota de Saladino en Tartus le convencieron.

Conquista de Mesopotamia

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El hijo de Nur al-Din y cabeza teórica de la familia as-Salih moría tras haber hecho a sus oficiales jurar lealtad a Izz al-Din, en un intento de crear un poder zénguida que pudiera compensar a Saladino.

El once de mayo del año 1182, Saladino con la mitad de su ejército y numerosos no combatientes marchó de El Cairo a Siria. Sabiendo que las fuerzas cruzadas se congregaban para interceptarlo, cruzó el desierto de la península del Sinaí hasta Eilat y el golfo de Aqaba.

Llegó a Damasco en junio para descubrir que Farrukh-Shah había atacado Galilea, saqueando Daburiyya y tomando Habis Jaldek, fortaleza de gran importancia.

Saladino le encomendó atacar Kawkab al-Hawa en el mes de julio, donde libró la batalla del castillo de Belvoir, que no se decantó hacia nungún bando. En agosto, lanzó un ataque terrestre y marítimo sobre Bairut para el que construyó treinta galeras, que estaba a punto de fracasar cuando Saladino se retiró para atacar en Mesopotamia.

Kukbary, que gobernaba en Harrán invitó a Saladino a ocupar la región de Yazira, en el norte de Mesopotamia. Saladino aceptó y dio por finalizada la tregua con los zénguidas en septiembre del año 1182.

Antes de su marcha a Yazira habían estallado luchas intestinas entre los zénguidas, muchos de los cuales no querían reconocer primacía alguna a Mosul. Antes de cruzar el río Éufrates, Saladino sitió durante tres días Alepo, declarando así el final de la tregua.

Una vez alcanzada Bira, en la ribera de dicho río, se le unieron Kukbary y Nur al-Din. Sus fuerzas combinadas tomaron primero Edesa, luego Saruj y luego Raqqa. Esta ciudad era una importante encrucijada de caminos defendida por Qutb al-Din Inal, que había perdido Manjib frente a Saladino en el año 1176 y ante el enorme ejército de Saladino, se rindió a cambio de conservar sus propiedades.

Saladino impresionó a los habitantes de la ciudad al publicar un decreto que eliminaba varios impuestos y los tachaba de los registros porque “los más miserables regentes son aquellos que están gordos mientras su gente está delgada”.

Saladino tomó Nusyabin sin encontrar resistencia. De tamaño mediano, no era muy importante, pero tenía una posición estratégica entre Mardin y Mosul y estaba cerca de Amid.

Saladino fue informado de que los cruzados saqueaban las aldeas de la comarca de Damasco. Su réplica fue “Dejadles... mientras destruyen aldeas estamos tomando ciudades, cuando volvamos tendremos más fuerzas para luchar con ellos”.

Mientras en Alepo, el emir zénguida de la ciudad saqueaba ciudades fieles a Saladino. También destruyó su propia ciudadela en A'zaz para evitar que los ayubís pudieran usarla contra él.

Problemas en el mar Rojo

Al-Adil escribió desde Egipto una carta a Saladino informándole de que los cruzados habían atacado el corazón del islam. Reinaldo de Chantillon que era un polémico y violento señor fronterizo, había enviado barcos desde el golfo de Aqaba a saquear la costa del mar Rojo.

No se trataba de un intento de conquista, sino de mera piratería. Fue un ataque que alarmó a los musulmanes, que no estaban acostumbrados a tales ataques en un mar que controlaban al completo y que los habitantes no tenían experiencia alguna con los cruzados, ni como enemigos ni como mercaderes.

Afortunadamente para Saladino, al-Adil había llevado su flota al mar Rojo bajo el mando de un mercenario armenio llamado Lu'lu. Los navíos de al-Adil rompieron el bloqueo cruzado, destruyendo la mayoría de sus barcos y persiguieron a los que echaron el ancla y huyeron al desierto.

Los supervivientes, ciento setenta en total, fueron ejecutados siguiendo órdenes de Saladino en varias ciudades musulmanas.

Lucha por Mosul

A medida que Saladino se acercaba a Mosul, se enfrentó al problema de tomar una gran ciudad y justificar la conquista. Los zénguidas de Mosul apelaron al califa abasí de Bagdad cuyo visir les era favorable.

An-Nasir envió a Sheij al-Shuyuj para mediar. Saladino llegó ante los muros de la ciudad el diez de noviembre del año 1182. Izz al-Din no aceptó sus términos que veía desproporcionados y Saladino en seguida puso sitio a la ciudad, muy fortificada.

Tras varias escaramuzas menores se llegó a un punto muerto. Saladino trató de retirarse sin sufrir daños en su imagen y manteniendo presión sobre Izz al-Din. Decidió atacar Sinjar, defendida por el hermano de Izz al-Din, Sharaf al-Din. La ciudad cayó tras un sitio de quince quince días.

Las fuerzas ayubís perdieron el orden, saqueando la ciudad. Saladino solo logró proteger al gobernador y sus oficiales enviándolos a Mosul. Tras establecer una guarnición en la ciudad, esperó la llegada de una coalición de Alepo, Mardin y Armenia.

Saladino los esperó con su ejército en Harrán en febrero del año 1183, pero ante su avance enviaron mensajeros a Saladino solicitando la paz. Cada ejército regresó a sus ciudades y al-Fadil escribió “Avanzaron como hombres, se desvanecieron como mujeres” en referencia a las tropa de Izz al-Din.

Desde el punto de vista de Saladino la guerra marchaba bien. Había logrado conquistar amplios territorios, pero no había logrado el objetivo de tomar la ciudad. Su ejército, sin embargo, se iba reduciendo.

Esto animó a Izz al-Din y sus aliados que retomaron la ofensiva. La coalición se reunió en Harzam, al norte de Harran. A comienzos de abril, sin esperar a Nasir al-Din, Saladino y Taqi al-Din avanzaron contra ellos, marchando al Este, a Ras al-Ein sin dificultades.

A finales de abril, tras tres días de lucha los ayubís capturaron Diyarbakır. Entregó la ciudad a Nur al-Din Muhammad con sus provisiones 80.000 velas, una torre llena de flechas y 1.040.000 libros. A cambio de la ciudad, este le juró obediencia y le prometió seguirle en sus campañas así como restaurar la ciudad.

La caída de Amid también convenció a Il-Ghazi de Mardin de pasarse al lado de Saladino, debilitando más a Izz al-Din.

Saladino intentó justificar ante el califa an-Nasir sus campañas contra Izz al-Din y le solicitó justificación legal para ocupar Mosul. Saladino recordaba que mientras él había devuelto Egipto y Yemen a la autoridad del califato abasí, los zénguidas de Mosul se apoyaban en los selyúcidas rivales del califato y solo acudían a an-Nasir cuando le necesitaban.

También responsabilizaba a Izz al-Din de evitar la guerra santa contra los cruzados, afirmando que “no solo no luchan ellos, sino que previenen que lo hagan los que pueden”. Justificó su conquista de Siria por la lucha contra los cristianos y la herejía asesina.

Prometió que si Mosul le era entregado, tomaría para el islam Jerusalén, Constantinopla, Georgia y el imperio almohade, que tampoco reconocía al califa de Bagdad hasta que “la palabra de Dios sea suprema y el califato abasí haya limpiado el mundo, convirtiendo iglesias en mezquitas”

La batalla de Hattin

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Saladino y Guy de Lusignan después de la batalla de Hattin. (Wikipedia).

La guerra que acabaría con los cristianos de ultramar fue provocada por Reinaldo de Chantillon, noble que ha llegado hasta nuestros días con la imagen de señor de tierras en la frontera y famoso por practicar el bandidaje y el saqueo.

Había violado treguas anteriormente por atacar caravanas, capturando peregrinos en dirección a La Meca, tratando de profanar los lugares santos musulmanes y saqueando la isla cristiana de Chipre, amén de ser frecuente protagonista de las intrigas por el poder en la corte de Jerusalén.

Al atacarle en su propia tierra poniendo en peligro los lugares santos musulmanes, dañó su imagen de Sultán y líder moral de los musulmanes, resistió el asedio de Saladino en la fortaleza de Krak de los Caballeros y era veterano de la batalla de Montgisard. 

Reinaldo atacó en el año 1186, contraviniendo la tregua pactada, una gran caravana musulmana en la que se llegó a decir que viajaba la misma hermana de Saladino, cosa incierta.

Ante las previsibles represalias del entonces principal líder de los musulmanes, el rey consorte de Jerusalén, Guido de Lusignan realizó levas reuniendo a todas las fuerzas del reino, con las que se dirigió contra Saladino, que contó con la ayuda de la ambigüedad de Raimundo III de Trípoli, que era miembro de una facción cortesana opuesta a Reinaldo, que inicialmente no se opuso a la marcha de Saladino por sus tierras, lo que le garantizó que sus fortalezas no fueran atacadas.

Sin embargo, terminó uniéndose al ejército real que Reinaldo lideró contra la marcha de Saladino en Galilea. El enfrentamiento final se produjo en el año 1187, junto a unas colinas llamadas los Cuernos de Hattin.

Los ataques de la caballería ligera y los arqueros sarracenos hicieron que el ejército cruzado se retrasara en su idea de llegar al lago Tiberiades y tuvo que acampar en la llanura de Maskana. Finalmente sedientos y sin fuerzas, fueron derrotados por Saladino.

La victoria fue total para Saladino pues había destruido casi la totalidad de las fuerzas enemigas, había capturado a los principales caudillos y había arrebatado a los cristianos la Vera Cruz, su más preciada reliquia.

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Miniatura del siglo XV que representa una carga de los defensores cristianos contra el ejército de Saladino. Sébastien Mamerot

Solo unos pocos barones pudieron escapar y encabezar una cierta resistencia a Saladino. El conde Raimundo II de Trípoli, que comandaba la vanguardia pudo escapar de la captura al abrir el cerco los musulmanes y sorpresivamente no importunarle en su carga.

Los prisioneros ilustres fueron bien tratados, de hecho se cuenta la anécdota de como Saladino ofreció una copa de nieve al rey de Jerusalén, sediento por la travesía en el desierto.

La única excepción fue Reinaldo que fue ejecutado por el mismo Saladino, según se cuenta, cuando trató de coger la copa que había dado a Guido de Lusignan como muestra de hospitalidad, ya que Saladino había prometido matarlo con sus propias manos por la crueldad que había mostrado en contra de civiles indefensos y a pesar de la tregua pactada.

La costumbre en la región era dar merced al enemigo una vez se hubiera comido y bebido con él y Saladino no quería que la hospitalidad que ofrecía al rey se extendiera a Reinaldo.

No es el deseo de reyes matar reyes, pero ese hombre había trasgredido todas las fronteras, y por eso le traté así dijo Saladino.

La conquista de Jerusalén

Tras su victoria en Hattin, Saladino ocupó el norte del reino de Jerusalén, conquistando Galilea y Samaria sin demasiada dificultad, aprovechándose tanto la falta de un ejército cristiano con casi todas las fuerzas militares cristianas eliminadas o capturadas en Hattin y la confusión y falta de un mando organizado con el rey, los principales gobernantes y los maestres de las órdenes religiosas prisioneros. 

Tiberíades que era la capital del principado de la mujer de Raimundo de Trípoli fue finalmente asediada y tomada.

Saladino marchó hacia la costa, reduciendo la defensa de Acre y tomando el próspero puerto costero. La vecina Arsuf cayó junto con ella y otras ciudades. La armada de Saladino barrió la armada cruzada y de esta forma redujo aún más las posibilidades de una defensa exitosa por parte cristiana.

La única excepción fue Tiro para Saladino, que era una plaza situada en un cabo de fácil defensa que comandada por el Marqués Conrado de Montferrato y que mostró un gran liderazgo, ofreció una resistencia ordenada.

Saladino dejó frente a Tiro a un ejército y marchó hacia el sur con el objetivo de conquistar Ascalón , plaza vital para la defensa de Egipto, a pesar de que sus emires le instaban a tomar Jerusalén.

Una vez aseguradas las comunicaciones con Egipto puso sitio a Jerusalén. En aquel momento, Balián de Ibelin que era miembro de una de las principales familias nobles, pidió a Saladino, poder ir de Tiro, donde estaba luchando, a Jerusalén, para sacar de ahí a su mujer e hijos a cambio de no colaborar en la defensa de esta ciudad.

Sin embargo, fue reconocido, y se le pidió que comandara la resistencia de la ciudad por lo que mandó a Saladino un mensaje pidiéndole que le eximiera de cumplir su palabra de no luchar contra él, a lo que Saladino accedió.

Inicialmente se rechazó toda propuesta de capitulación, pues ningún cristiano quería ceder la ciudad, que consideraban santa al igual que los musulmanes. Saladino se decidió, pues, a tomar la ciudad por la fuerza.

La situación de los defensores era ya desesperada en octubre del año 1187, y Balián trató de negociar la rendición. Saladino se negó pues había jurado tomar la ciudad por la fuerza al rechazarse sus ofrecimientos iniciales y ya no tenía razón para ceder en nada.

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Batalla de Mansura.

Sin embargo, cuando Balián amenazó con destruir completamente la ciudad antes que entregarla sin condiciones, Saladino consultó con sus emires y decidió acceder a las negociaciones que incluían perdonar la vida a todos los habitantes a cambio de la rendición, aunque sus emires exigieron que pagaran un impuesto por cabeza.

Una vez en posesión de la ciudad entregó los lugares sagrados cristianos a sacerdotes ortodoxos. Aunque convirtió las iglesias en mezquitas, Saladino tomó medidas para evitar que sus soldados exaltaran los ánimos cristianos.

Balián y el patriarca Heraclio pagaron la compra de casi diez mil pobres y muchos que no pudieron pagar el impuesto para salir de Jerusalén aún tuvieron una relativa suerte: el hermano de Saladino, Saif ed-Din, pagó por un buen número de ellos, como limosna a Alá por la victoria.

El mismo Saladino, en un acto de generosidad, perdonó a todos los ancianos de la ciudad. Finalmente Saladino pudo entrar en la mezquita de Al-Aqsa , el tercer lugar sagrado para los musulmanes.

De vuelta a la costa, Saladino tuvo que enfrentarse a la obstinada resistencia de Tiro, que una vez pasada la sorpresa inicial resultaba casi inexpugnable.

La Tercera Cruzada

Las consecuencias de la caída de Jerusalén no se hicieron esperar. El papa Urbano III convocó una nueva cruzada, la tercera, a la que acudieron los principales reyes cristianos. Se organizaron dos expediciones cristianas a esta llamada.

La primera de ellas, liderada por el emperador del Sacro Imperio, Federico I Barbarroja, que atravesó a pie los Balcanes y Anatolia, donde murió ahogado al cruzar un río. Sin él, su ejército se disgregó, desapareciendo providencialmente la mayor amenaza para Saladino.

La otra, liderada por Felipe Augusto de Francia, Ricardo Corazón de León de Inglaterra y el duque Leopoldo de Austria que viajaron por mar. Tras desembarcar en marzo del año 1191, pusieron sitio a San Juan de Acre, que Saladino trató de socorrer. Sin embargo, no logró romper el sitio, recobrando los cristianos la ciudad.

Afortunadamente para Saladino, los cruzados pronto discutirían entre sí. El rey de Francia abandonó la cruzada después de que el orgulloso Ricardo se quedara con el mejor palacio y no lo tratara como igual, y el duque de Austria tras ver ofendido su estandarte por Ricardo, que lo arrojó de un baluarte.

Saladino emprendió entonces una intensa actividad diplomática para liberar a los cautivos que habían hecho los cristianos. Sin embargo, cuando tras arduas negociaciones se había llegado a un acuerdo, Ricardo los hizo ejecutar ante las continuas postergaciones del pago por Saladino.

En dicho acuerdo habían establecido que Saladino entregaría la Vera Cruz a cambio de los 3.000 musulmanes que Ricardo mantenía como rehenes pero ante el incumplimiento de Saladino, Ricardo creyó un gasto innecesario mantener a esos prisioneros. El acto fue un golpe para el prestigio de Saladino, que no pudo salvar a los que habían resistido en la ciudad.

Batalla de Arsuf
Batalla de Arsuf.

Ricardo se distinguió a lo largo de ese año en combate, venciendo en Arsuf a Saladino y recobrando algunas posiciones en la costa. Hubo contactos para concertar la boda de Saif ed-Din, el hermano de Saladino, con la hermana de Ricardo, que recibirían Jerusalén con la obligación de proteger a los peregrinos de todos los credos, pero fracasaron cuando la hermana de Ricardo se negó a casarse con un musulmán.

Saladino y Ricardo enfermaron, recuperándose ambos. Por fin, cuando el rey de Inglaterra oyó noticias de la turbulenta situación de su país, no tuvo más remedio que aceptar la paz y tres años de tregua, que, aunque no les devolvía Jerusalén a los cristianos, les aseguraba la costa entre Tiro y Jaffa.

Saladino murió en el año 1193, en Damasco y fue enterrado en un mausoleo en el exterior de la mezquita Omeya de Damasco. El emperador alemán Guillermo II donó un sarcófago en mármol, en el que sin embargo no descansa su cuerpo. En su tumba se exhiben el original, de madera, en el que está el cuerpo, y el de mármol, vacío.

Le sucedió su hijo Al-Afdal en el trono de Siria, dando comienzo así a la dinastía ayubí.


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Saladino