domingo. 21.07.2024

Fue el cuarto califato islámico, el único chií de toda la historia de la corriente ismailita [1], concretamente. Dominó el norte de África entre los años 909 al 1171.

Establecida inicialmente en Túnez, la dinastía controló la costa mediterránea de África y convirtió Egipto en el centro de su califato en la segunda mitad del siglo X. En su apogeo, el califato incluía, además de Egipto, parte del Magreb, Sudán, Sicilia, el Levante mediterráneo y la región de Hiyaz [2].

  1. Principales califas fatimíes
  2. Guerra civil y decadencia
  3. Decadencia y caída
  4. La administración Fatimí
  5. El ejercito Fatimí

El surgimiento de la dinastía chiita se debió al éxito de Abu Abd Allah a finales del siglo IX, en el pueblo de Ikchan, donde apenas se reconocía ya la autoridad de los aglabíes [3]. Al-Mahdi obtuvo el apoyo de Abu Abdallah al-Chií. Había conocido a los kutamas en La Meca.

Los kutama eran los montañeses de la Pequeña Cabilia y fueron el núcleo de las primeras fuerzas militares fatimíes, y el sostén de la dinastía hasta su desaparición.

Mezquita de Aqmar (acabada en 1125), El Cairo
Mezquita de Aqmar
(acabada en 1125), El Cairo

Los fatimíes afirmaban descender de la hija del profeta Mahoma, Fátima y de su primo, yerno y cuarto califa del islam, Alí. Tanto por su ascendencia como por gracia divina, proclamaban ser imanes, gobernantes infalibles guiados por Alá.

Su objetivo era acabar con la dinastía abasí, a la que tildaban de impostora y de querer imponer su autoridad al mundo entero. Eran enemigos de la dinastía omeya, que reinaban aún en la Península Ibérica.

Argelia produjo la dinastía nativa de los fatimíes, entre la tribu de los Kutama, en el año 899, Ubayd Allah al-Mahdi Billah, el undécimo imán, se convirtió en el caudillo del movimiento. Sus partidarios, comenzaron por debilitar el decadente emirato aglabí en el año 893.

El propagandista chií Abu Abd Allah se asentó entre los kutamas en el año 893. Los kutamas se jactaban de su país, situado en el oeste de Ifriqiya, de su hostilidad hacia los abasíes y de su total independencia de los emires aglabíes. Los campesinos bereberes, que habían sido oprimidos durante décadas por el corrupto gobierno aglabí, mostraron ser una base perfecta para la sedición.

El imperio fatimí
El imperio fatimí

Al-Chií alzó la Pequeña Cabilia contra los aglabíes a los pocos años de comenzar su predicación. Enseguida, comenzó la conquista de ciudades de la región, al derrotar a las fuerzas aglabíes, primero Mila, después en Sétif, Kairuán en marzo del año 909, y finalmente Raqqada, la capital aglabí.

Las antiguas fortalezas bizantinas de Tobna, Belezna, Bagay y Tebessa, que debían haber protegido la Ifriqiya del avance fatimí, no pudieron impedir la conquista.

Abu Abd Allah llamó a Ubaid Allah tras las primeras victorias sobre los aglabíes. Este abandonó el Oriente Próximo y cruzó Egipto, Libia e Ifriqiya y en vez de reunirse con Abu Abd Allah, fue a Siyilmasa, capital del señorío midrarí de los oasis de Tafilete.

Al-Chií envió un ejército hacia el oeste y conquistó la capital rustumí de Tiaret y luego Siyilmasa, donde se hallaba cautivo Ubayd Allah. El señor midrarí de Siyilmasa fue vencido ante las murallas de su ciudad. 

Después de obtener la libertad, Ubaid Allah se convirtió en el caudillo del nuevo Estado y asumió el cargo de imán y califa en Kairuán el cinco de enero del año 910 y se proclamó mahdi [4].

Mientras, la población de Siyilmasa asesinó a la guarnición kutama, que había quedado para guardar la ciudad y devolvió el poder a los midraríes.

Ubaidalah aplastó los conatos de revuelta de los kutamíes y, en enero del año 911, ajustició al mismísimo al-Chií al que debía su libertad. La ejecución de éste suscitó el disgusto de los kutamíes.

Ubayd Allah hubo de enviar en el año 912 un ejército contra los cenetes del Magreb central, que se habían revelado y recobrar Tahart, que había perdido temporalmente.

Una nueva capital se estableció en Mahdía en el año 916, pues Ubaidalah no se sentía muy seguro en Kairuán. Las obras de la nueva y estratégica ciudad, de gran importancia naval, habían comenzado tres años antes. Mahdía contaba con almacenes para la flota, heredada de los aglabíes y reforzada y astilleros, además de un castillo que la protegía.

El ajusticiamiento de Al-Chií generó un intenso descontento entre los kutama. Se desató una rebelión en Trípoli en el año 912, que contaba con su propia escuadra, que batió a los quince navíos enviados por Al-Mahdi para sofocar el alzamiento.

Un año más tarde, el grueso de la flota fue destruido por el gobernador de Sicilia, que también se había rebelado contra Al-Mahdi. El siciliano atacó por sorpresa las naves del califa en Lamta y las incendió. Posteriormente, sin embargo, los fatimíes lograron vencer a los sicilianos.

Estos reveses impidieron que la armada participase en la primera invasión de Egipto, acometida en el año 914, pese a la oposición del heredero Al-Qa'im. Éste creía la empresa precipitada dada la situación de crisis en la que se hallaba el califato.

Los intentos de expansión hacia el este comenzaron pronto. A finales de enero del año 914 partió hacia Egipto el primer ejército fatimí para conquistarlo. El jefe de la expedición, Habasa ibn Yúsuf, se apoderó de Sirte, Ajdabiya y Barca, en la Cirenaica.

Se derrotó a las fuerzas egipcias abasíes que acudieron a socorrer la plaza en marzo. Ese mismo año, antes de la llegada de nuevas fuerzas al mando del heredero y futuro califa, Al-Qa'im, Ibn Yúsuf conquistó Alejandría.

Este sufrió dos derrotas, en parte a causa de la temeridad de Ibn Yúsuf, que obligaron a poner fin a la campaña, abandonar los territorios egipcios conquistados, y regresar al Magreb. El revoltoso general fue ajusticiado por Al-Mahdi a su vuelta.

La autoridad fatimí se sumió en una grave crisis. La región de la Cirenaica se hallaba en rebelión al igual que Sicilia y Trípoli intentó también sublevarse. Los jariyíes continuaban agitando en contra del nuevo califa.

La segunda tentativa de conquista se emprendió en mayo del año 919, con varios grupos bereberes y beduinos. La vanguardia fatimí alcanzó Alejandría en los meses de julio-agosto, que había sido abandonada por su guarnición.

La campaña la mandaba nuevamente Al-Qa'im, que avanzó una vez más hacia Fayum. Pronto llegó un ejército de socorro abasí, y en marzo la flota de Al-Qa'im fue destruida por una escuadra abasí, que llegaba desde Tarso cerca de Rosetta. Recuperó Alejandría, amenazando la posición de Al-Qa'im.

Mezquita de al-Hâkim en El Cairo
Mezquita de al-Hâkim en El Cairo

Su ejército estaba debilitado por la peste, por lo que decidió retirarse al Magreb. El fracaso de esta segunda expedición determinó que no se intentase de nuevo la empresa hasta mucho después, allá por el año 969.

En el oeste magrebí, el lugarteniente miknasí de los fatimíes, Masala ibn Habus, fue el encargado de extender la autoridad del califa. Conquistó el Emirato de Nekor en el año 917, que sus señores salihíes recobraron dos años después.

Venció al idrisí Yahya IV en los años 922 y 923, privándolo de Fez y luego conquistó Siyilmasa. Entre los años 924 y 925, por el contrario, la suerte fue contraria a las armas fatimíes en la región, siendo derrotadas por el idrisí al-Hayam al-Hasan ben Muhammad ben al-Qasim y por un jefe Magrawa, lo que ocasionó la perdida de Fez y Tahart.

Su fortuna volvió a mejorar a partir del año 927, cuando recobraron Fez de manos de los idrisíes, a los que expulsaron, recobraron y arrasaron Nekor, vasalla de los omeyas cordobeses.

Dinar típico del cuarto califa, Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, con punto central
Dinar típico del cuarto califa, 
Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah,
con punto central

Cuando los omeyas se apoderaron de Ceuta en el año 931, Musa ibn Abi l-Afiya cambió de bando y se pasó a estos. El califa fatimí reaccionó enviando contra él al valí de Tahart, que lo venció y le arrebató Fez.

Los fatimíes habían arrebatado a los bizantinos Regio en el año 918, mediante un asalto nocturno, si bien no prosiguieron la conquista de Calabria, sino que se concentraron en extenderse hacia el este, buscando Egipto.

Las incursiones por el sur de Italia se reanudaron tras el fracaso de la segunda expedición egipcia. Entre los años 922 y 923 conquistaron una fortaleza cercana a Reggio. Conquistaron la comarca de Tarento en Sicilia en abril del año 924.

Los acuerdos entre bizantinos y fatimíes, que incluyeron el pago de un tributo por parte de los segundos a los primeros a partir del año 917, sin embargo, no pusieron fin a los asaltos. Entre los años 927 y 928, hubo una nueva incursión fatimí en Calabria.

Una flota fatimí saqueó Tarento en mayo-junio del año 928, aunque no pudo conservarlo a causa de una epidemia, que se extendió entre las fuerzas invasoras. Pese a la tregua bizantino-fatimí, se continuó con el pillaje.

Otra flota fatimí recorrió el mar Tirreno en el año 928 y exigió rescate a Salerno y Nápoles. Se produjo la primera batalla naval de importancia en la zona en el año 929, que concluyó con la victoria del almirante fatimí sobre el gobernador militar bizantino de Calabria. No hubo más enfrentamientos entre los dos Estados en los años siguientes.

La siguiente expedición naval fatimí tuvo por objetivo Génova, que fue saqueada en el año 934, y Córcega y Cerdeña, cuyas costas recorrió la escuadra del califa.

Sus fuerzas recobraron Fez, perdida durante algunos meses, en el año 935. Otro ejército suyo recobró Nekor en septiembre del mismo año. Los idrisíes reconocieron su autoridad. Comenzó a atraerse el favor de los bereberes cenhegíes para contrarrestar el poder de los cenetes, cada vez más cercanos a su enemigo omeya.

Tras la revuelta de los kutama en el año 912, el segundo califa, Al-Qa'im, tuvo que enfrentarse a una nueva amenaza interna, la rebelión jariyí de Abu Yazid en el año 943, que recibió el apoyo de los enemigos occidentales de la dinastía, los omeyas cordobeses.

El levantamiento fue la mayor amenaza que afrontaron los fatimíes durante su etapa magrebí y perduró hasta el año 947. La contienda entre el califa y Abu Yazid se desarrolló en tierra, ya que éste carecía de barcos.

Los fatimíes sí que utilizaron su armada, principalmente para abastecer la capital desde Sicilia y Trípoli cuando los rebeldes la cercaron, aunque también para hostigar los puertos dominados por Abu Yazid.

Éste, que llevaba predicando desde los años 928 y 929. Se rebeló contra los fatimíes contando con un gran respaldo bereber en el año 943 y rápidamente se apoderó de las ciudades más importantes de Ifriqiya como Beja, Túnez, Raqqada y Kairuán. En enero del año 945 puso cerco a Mahdía, donde el califa había buscado refugio. Venció repetidamente a los ejércitos fatimíes.

Al tiempo que los fatimíes se hallaban enfrascados en aplastar el peligroso alzamiento de Abu Yazid, los bizantinos aprovecharon sus aprietos para fomentar otra rebelión en Sicilia. Esta fue sofocada después del fracaso del levantamiento de Abu Yazid. Al-Qa'im falleció antes de que esto ocurriera, en el año 946.

Principales califas fatimíes

Al-Mansur

Fue el tercer califa de la dinastía, que consiguió aplastar el alzamiento de Abu Yazid, hazaña por la que adoptó el título de el Victorioso por la Victoria de Dios”.

Ismaíl ascendió al trono en un momento de crisis, logró derrotar a Abu Yazid, en parte por la tardanza omeya en sostener a éste. Cuando la flota cordobesa llegó al Magreb oriental en el año 947, los fatimíes ya habían desbaratado la rebelión y puesto en fuga a Abu Yazid.

Las tribus bereberes que se habían unido al rebelde, lo abandonaron en gran medida al fracasar el asedio de Mahdía. El cabecilla fue apresado por las fuerzas fatimíes en marzo del año 947 y falleció pocos meses después.

Ismaíl se proclamó califa el día que mandó ejecutar y humillar a Abu Yazid, siendo desollado, y su pellejo relleno, siendo paseado para vejarlo en público y acosado por monos amaestrados.

La dinastía presentó esta victoria como prueba de legitimidad, tanto de la dinastía como de su doctrina religiosa. Abu Yazid fue presentado como el Anticristo, figura cuyas fechorías debían preceder a la aparición del mesías y que debía ser derrotado por éste. En su campaña de recuperación territorial primero conquistó Tiaret y en enero del año 948, retomó la ciudad de Kairuán.

Entre los años 950 y 951, los fatimíes realizaron una nueva incursión contra Reggio, quizá en represalia por las maquinaciones bizantinas en Sicilia de los años anteriores. Se apoderaron del jefe de la flota enemiga en el año 951, pero no pudieron explotar esta ventaja y poco después se volvió a firmar la paz entre las dos potencias.

Ismaíl comenzó además la construcción de una nueva capital Al-Mansuriya. Cambió además la acuñación de moneda que, a partir de entonces, se realizó dejando una inscripción central rodeada de tres bandas concéntricas.

Al-Muizz (etapa magrebí)

El cuarto califa, Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah reinó entre los años 953 y el 975, redujo la propaganda mesiánica en la que se había apoyado la dinastía en los primeros años. La llegada del mesías ya no se tenía por inminente. Este califa continuó la construcción de Al-Mansuriya, que había comenzado su padre entre los años 946 y 947.

Modificó una vez más la forma de las monedas que se acuñaban en el territorio fatimí, cambiando la inscripción central por un punto con una inscripción chiita alrededor, manteniendo las tres bandas concéntricas características.

Se produjo uno de los pocos enfrentamientos directos entre fatimíes y omeyas en el año 955. Siempre luchaban mediante el uso de sus reyezuelos vasallos respectivos.

Un barco fatimí que transportaba correspondencia desde Sicilia fue apresado por otro perteneciente a Abderramán III, lo que suscitó la rápida represalia de la escuadra fatimí, que arrasó por sorpresa la base naval en Almería. Los omeyas reaccionaron enviando una gran flota contra el puerto de La Cale y a Susa.

Los intentos de los bizantinos de aprovechar la rivalidad entre los dos califatos para debilitar a los fatimíes mediante una alianza con los omeyas, provocó una serie de escaramuzas navales en torno a Sicilia, que concluyeron con una nueva tregua acordada en el año 957.

La nueva tregua se mantuvo pese a la invasión bizantina de Creta en el año 960. Los cretenses solicitaron el socorro del califa fatimí y de los egipcios, esta se limitó a amenazar en vano al emperador y no envió fuerzas en auxilio de la isla, que cayó en manos de los bizantinos tras diez meses de campaña. Las hostilidades se reanudaron a causa de la invasión bizantina de Sicilia en el año 964.

A diferencia de los dos intentos anteriores de conquista a principios de siglo, esta vez los abasíes no pudieron intervenir para evitar que sus enemigos magrebíes se adueñasen del territorio. Los ejércitos fatimíes eran mucho más poderosos que a comienzos del siglo, merced al menos en parte al control del comercio transahariano de oro.

El cinco de julio del año 969, el general a cargo de la conquista, Chauhar al-Siqilí entró en Fustat. El traslado del califa al nuevo territorio conquistado, se verificó mucho más tarde. Al-Muizz llegó a Egipto el diez de junio del año 973.

Los navíos bizantinos fueron incendiados por buceadores y al año siguiente las tropas terrestres fueron vencidas por los fatimíes. Los bizantinos solicitaron la paz en el año 966, que el califa concedió para poder concentrarse en la conquista de Egipto.

Una gran campaña en el Magreb occidental realizada por varios de los vasallos de Al-Muizz y de uno de sus generales, concluyó en el año 959 con la conquista de todo el territorio a excepción de Ceuta y Tánger, que conservaron los omeyas.

A partir del año 965, previendo la muerte sin herederos del señor de Egipto, el ijshidí Kafur, eunuco negro, Al-Muizz emprendió los preparativos para adueñarse de la región. Al fallecer por fin Kafur en abril del año 968, se presentó la deseada oportunidad. Egipto fue conquistado con facilidad, con la colaboración de gran parte de sus notables.

Dos años antes, en el año 971, los ejércitos fatimíes habían emprendido ya la conquista del Levante, en el que los bizantinos estaban recobrando territorio reconquistaron Chipre y Tarso en el año 965 y poco después Antioquía.

Los principales choques entre las dos potencias mediterráneas acontecieron en el norte de la región en disputa. Las principales instalaciones de la flota fatimí no se encontraban en el Levante ni en la costa egipcia, sino cerca de Fustat, para evitar las incursiones bizantinas.

Durante los cuatro reinados siguientes, las operaciones navales se limitaron principalmente al apoyo de las tropas de tierra en el Levante y el norte de Mesopotamia. El dominio del Mediterráneo occidental pasó, en la segunda mitad del siglo X, a los bizantinos.

El califato fatimí creció al conquistar Sicilia y extenderse a través del Norte de África desde el océano Atlánticoa Libia. El control de Abdullah al-Mahdi se extendió sobre todo el centro del Magreb, un área que consiste en los actuales países de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, que gobernó desde Mahdía, su capital de nueva construcción en Túnez.

Túnez, fue la capital del califato fatimí durante los reinados de los imanes Isma'il al-Mansur Bi-Nasrillah y Ma'ad al-Muizz Li-Dinillahdesde el año 946 al 975.

En su expansión hacia el oeste, los fatimíes amenazaban las rutas comerciales que desde el centro del Sáhara traían oro y esclavos a al-Ándalus, una de las razones, además de la diferencia religiosa que les hizo enfrentarse a los omeyas andalusíes.

Conquista de Egipto

Bajo Ma'ad al-Muizz Li-Dinillah, Chauhar al-Siqilí conquistó Egipto a la dinastía ijshidí, y fundó una nueva capital al norte de Fustat, el actual El Cairo, en el año 969. 

El nombre era una referencia al planeta Marte, pues se veía en el cielo en el momento en el que comenzó la construcción de la ciudad. El Cairo fue concebido como un recinto real para el califa fatimí y su ejército, aunque la capital administrativa y económica real de Egipto fue la ciudad de Fustat hasta el año 1169. 

Después de Egipto, los fatimíes siguieron la conquista de los alrededores hasta que gobernaron desde Túnez a Siria, así como Sicilia. Una vez fundado El Cairo, el interés político de los fatimíes se trasladó al Oriente Próximo, donde fueron la potencia musulmana dominante hasta la llegada a la región de los turcos selyúcidas un siglo más tarde. 

La conquista, preparada durante años, había sido facilitada por la actividad de los propagandistas fatimíes, que se habían infiltrado en el país. Con la conquista del año 969, comenzó el largo gobierno fatimí de Egipto, que duró doscientos dos años. 

Los fatimíes impusieron su ismailismo como religión del Estado, pero no lograron convertir al grueso de la población egipcia, que siguió fiel a la variante suní del islam. La fe oficial influyó especialmente en la aplicación de la justicia y en las fiestas públicas.

Bajo los fatimíes, Egipto se convirtió en el centro de un imperio que incluía en su apogeo el norte de África, Sicilia, Palestina, Jordania, Líbano, Siria, la costa africana del mar Rojo, Tihamah, Heyaz y Yemen.

Egipto floreció, y los fatimíes desarrollaron una extensa red comercial en el Mediterráneo y el océano Índico. Su comercio y relaciones diplomáticas se extendieron hasta China y su dinastía Song, y finalmente determinaron el rumbo económico de Egipto durante la Alta Edad Media.

El enfoque fatimí en el comercio a larga distancia fue acompañado por una falta de interés en la agricultura y un abandono del sistema de riego del Nilo.

Al-Muizz

Después de adueñarse de Egipto, los fatimíes comenzaron a extender su autoridad también por la costa levantina. Entre los años 970 y el 975, se apoderaron de Ascalón, Jaffa, Acre, Tiro, Sidón, Beirut y Trípoli.

Al mismo tiempo, trataron de adueñarse de las principales ciudades del interior, como Damasco. Los bizantinos a su vez invadieron la región en el año 975 y, les arrebataron temporalmente Beirut, aunque no pudieron hacer lo mismo con Trípoli.

Al poco de adueñarse de Egipto, un emisario fatimí viajó al sur para reclamar para su señor los beneficios del Bakt a los soberanos nubios.

Al-Aziz

Durante su reinado entre los años 975 al 996, se reformó el ejército, que comenzó a integrar a soldados turcos, tanto libres como esclavos. Combatían como arqueros y jinetes, a diferencia de los bereberes que habían compuesto hasta entonces parte del ejército.

El aumento de los soldados turcos en los ejércitos fatimíes se debe a la victoria de estos sobre Alptakin en el año 978, que anteriormente habían colaborado en la rebelión de Damasco contra el califa.15

Murallas de El Cairo
Murallas de El Cairo

Al-Aziz, fue el encargado de introducir a los nuevos soldados de origen oriental n sólo turcos sino también persas en las fuerzas de su nuevo señor. Estos eran tanto hombres libres como esclavos.

Sus ejércitos se apoderaron de Damasco en el año 991, que conservaron pese a la derrota sufrida a manos de los bizantinos a finales del año 995 durante el sitio de la ciudad siria de Alepo.

Al final de su reinado, en el año 996, envió una flota para ayudar al gobernador de Damasco, al que los bizantinos habían vencido en los inicios del mes de octubre del año anterior.

Al-Hákim

Sucedió a su padre muy joven, con poco más de once años, por lo que quedó a cargo de un notable kutamí, que trató de restablecer la preeminencia de sus compatriotas bereberes, lo que desencadenó la reacción de las nuevas tropas turcas, que lograron apartarlo del poder.

El gobierno pasó a un eunuco blanco de Al-Aziz, hasta que este fue asesinado en el año 1000, momento en el que el califa tomó las riendas del poder. El reinado de este califa estuvo caracterizado por las luchas intestinas y el terror. Los jefes kutamíes fueron ajusticiados y la represión a la que se sometió a los bereberes originó una rebelión entre los años 1005 al 1006.

El resurgimiento bereber de los primeros años de su reinado originó la rebelión de Damasco, que estaba gobernaba por un turco. El ejército enviado desde Egipto para aplastar el levantamiento lo derrotó cerca de Ascalón en el año 997 y pocos meses después entraron en Damasco.

Mientras, estalló una nueva rebelión en Tiro, que los fatimíes sofocaron en los inicios de junio del año 998, antes de vencer cerca del río Orontes a un ejército bizantino que había penetrado en la región. Este mismo ejército recuperó Damasco y eliminó a los rebeldes, aunque a partir de entonces el control califal de la ciudad fue precario.

El poderío militar fatimí en el Levante decayó a principios del siglo XI y una rebelión que se extendió por la zona entre los años 1010 al 1014, hizo que Palestina estuviera a merced de las ataques de los beduinos.

Un caudillo libio se rebeló contra el califa en el año 1005, y tras derrotar a varios ejércitos que se enviaron contra él, sitió El Cairo durante algún tiempo, hasta que pudo ser vencido al año siguiente.

Al-Hákim perdió finalmente el poder a raíz de una conspiración de su hermana Sitt al-Mulk, en la que esta gozó de la colaboración de algunos bereberes, enemistados con el califa. El soberano desapareció entre enero y febrero del año 1021.

Al-Mustánsir

Al-Mustánsir, cuya madre era una esclava negra, obtuvo el trono en el año 1036, gracias a la habilidad del que fue su visir durante dieciocho años, que sobornó a los soldados. 

La rivalidad entre el mercader que había vendido a su madre a Az-Zahir, su progenitora y su tercer visir, en teoría criatura de los dos primeros, pero empeñado en reducir el poder de sus protectores, desató una grave crisis político-militar en el califato, que el débil Al-Mustánsir fue incapaz de resolver.

Los rivales por el poder emplearon las tensiones entre soldados bereberes y turcos para acaparar el poder, desencadenando choques entre ellos. El califato perdió definitivamente el control de Ifriqiya en los inicios del año 1049.

Uno de los jefes militares de Bagdad proclamó su sumisión al califa fatimí en el año 1059. Ante la imposibilidad de ayudarlo mediante el envío de un ejército para imponer por fin la ansiada autoridad en Mesopotamia, se mandó a un predicador fatimí con una suma fabulosa, que menguó notablemente el tesoro califal.

Esa misma década, se repelió las incursiones beduinas en Behera en los inicios del año 1053 y el país había sufrido varios años de hambrunas entre los años 1052 al 1055 a causa de las exiguas crecidas del Nilo.

La crisis produjo copiosas muertes y redujo los ingresos por impuestos. Los apuros del califa culminaron con la destitución del visir, que llevaba en el puesto unos ocho años y fue acusado de tratar con Tugrïl Beg, lo cual sumió a la Administración Pública en el caos. El Gobierno central comenzó a perder el control de las provincias y parte de sus ingresos.

A partir de entonces, hubo un relevo frecuente y continuo en el cargo de visir y se multiplicaron los enfrentamientos entre tropas negras y turcas entre los años 1062 al 1067.

En estas luchas intestinas, los turcos llevaron la mejor parte y comenzaron a favorecer claramente sus intereses. Los intentos de los soldados de color por impedirlo fracasaron y finalmente, tras ser derrotados, huyeron al Alto Egipto.

Lugar de enterramiento de los fatimíes, Mukhallafāt al-Rasul, El Cairo, Egipto
Lugar de enterramiento de
los fatimíes, Mukhallafāt
al-Rasul, El Cairo, Egipto

Los turcos comenzaron a apoderarse directamente de los ingresos estatales y a dedicarse a eliminar definitivamente a sus rivales. En Alejandría lo lograron, pero no así en el Alto Egipto, donde las fuerzas negras resistieron las acometidas.

Las rencillas entre distintos grupos turcos permitieron al califa coligarse con algunos de ellos y expulsar a la principal facción de la capital. Tras nuevos combates, el califa quedó sometido a su rival en los inicios del año 1072.

Surgen nuevas disensiones entre los vencedores, que temían una intervención extranjera en el califato, le permitieron deshacerse del principal enemigo, que fue asesinado en abril del año 1073 por sus antiguos socios.

Al-Mustánsir llamó en su ayuda a Badr al-Jamali, el más poderoso gobernador fatimí del Levante, que en el año 1074, que acudió en su socorro y restableció el orden gracias a su propio ejército y a la colaboración de parte de la población, harta del desorden en el que se había sumido Egipto.

Fragmento de un cuenco que representa a un guerrero montado, siglo XI. Dinastía fatimí, encontrada en Fustat, Egipto. Museo de Brooklyn
Fragmento de un cuenco que
representa a un guerrero montado,
siglo XI. Dinastía fatimí,
encontrada en Fustat, Egipto.
Museo de Brooklyn

Al-Jamali impuso la autoridad califal por la fuerza y logró desbaratar a los diversos adversarios de Al-Mustánsir: a los beduinos, las tropas negras del Alto Egipto y a los distintos grupos turcos que se disputaban el poder.

Aplastó a un ejército selyúcida en el año 1077, que había invadido el país en diciembre del año anterior por instigación de los exiliados que habían huido de sus purgas. Las tropas negras, que habían pactado con Al-Jamali, participaron en el desbaratamiento de la invasión selyúcida.

Guerra civil y decadencia

A pesar de que el ejército resultaba victorioso en el campo de batalla, sus divisiones internas en torno a la cultura de sus componentes comenzaron a tener efectos negativos en la política interna fatimí.

El elemento bereber del ejército había disfrutado de la supremacía en los asuntos políticos del califato pero, cada vez el elemento turco se hacía más poderoso, empezó a cuestionar esta situación.

Hacia el año 1020, hubo graves disturbios que ya habían comenzado a estallar entre las tropas africanas negras, que se enfrentaban a una alianza bereber-turca en el seno de las fuerzas armadas fatimíes. 

Mezquita Juyushi renovada, El Cairo
Mezquita Juyushi renovada, El Cairo

El califa Al-Hákim había propiciado el ascenso de los soldados negros para acabar con los desmanes de los turcos. En el siguiente reinado, el de Al-Zahir, se multiplicaron los motines de las tropas negras, debido a las dificultades que pasaban en un momento de crisis interna del Estado.

El hambre hizo su aparición en Egipto entre los años 1065 al 1072. En el año 1062 y otra vez en el año 1067, la lucha entre la tropa turca y sudanesa término en una guerra abierta, concluyendo en victoria para los turcos y sus aliados bereberes.

Los bereberes en Egipto agravaron los problemas del país, destruyendo los terraplenes y los canales, y buscando la manera de reducir las capitales y los distritos vecinos por el hambre.

El califa fatimí Al-Mustánsir, en un intento desesperado por salvar a Egipto, convocó al general Badr al-Jamali en el año 1072, que era en ese momento gobernador de Acre. Badr al-Jamali condujo a sus tropas a Egipto y fue capaz de reprimir con éxito a los diferentes grupos de los ejércitos rebeldes.

Aunque el Califato se salvó de la destrucción inmediata, la larga década de rebelión devastó Egipto y nunca fue capaz de recuperar su antiguo poder. Badr al-Jamali fue nombrado visir del califa fatimí, convirtiéndose en uno de los primeros visires militares, que dominarían más tarde la política fatimí.

Los visires militares se convirtieron en jefes de Estado y el propio califa se redujo al papel de una figura decorativa. El hijo de Badr al-Jamali, Al-Afdal Shahanshah, le sucedió en el poder como visir.

Después de que el califa Al-Mustánsir muriera, la secta Nizari hace de su hijo Nizar su sucesor, mientras que otra rama ismailí conocida como el Mustaali apoya a su otro hijo, Al-Musta'li.

Decadencia y caída

Los bereberes ziríes [5] que eran los gobernadores del norte de África dentro del Estado fatimí, abandonaron la confesión chií en el año 1042 y reconocieron al califa abasí de Bagdad, lo que llevó a que los fatimíes enviaran a los Banu Hilal a castigarlos.

Los fatimíes solo mantenían la costa del Levante y partes de Siria en el año 1060, pero su dominio de esos territorios finalizó con las invasiones de los turcos selyúcidas en el año 1073 y los cruzados durante la Primera Cruzada en el año 1099. El territorio fatimí fue encogiéndose hasta que apenas lo componía Egipto.

Los fatimíes perdieron gradualmente el Emirato de Sicilia bajo el ítalo-normando Roger I, que ya tenía control total sobre la isla en el año1091.

La dependencia del sistema iqta [6] también debilito a la autoridad central fatimí, a medida que más y más oficiales militares recibían tierras en los extremos más alejados del imperio y que se hacían semiindependientes, y eran a menudo una fuente de problemas.

Después de la decadencia del sistema político fatimí en la década de los años 1160, el gobernante zanguí Nur al-Din envió a su general Shirkuh a apoderarse de Egipto, objetivo que logró mediante el derrocamiento del visir Shawar en el año 1169.

Shirkuh murió dos meses después de asumir el poder, y el Estado eligió sucesor a su sobrino, Saladino. Esto dio comienzo al Sultanato ayubí de Egipto y Siria.

La administración Fatimí

A diferencia de otros gobiernos, el ascenso fatimí en cargos de Estado dependía más del mérito que del linaje, los cohechos y las intrigas. Los miembros de otras ramas del islam, como los sunníes, tenían tantas probabilidades de ser nombrados a puestos de gobierno como los chiíes.

La tolerancia se extendía hasta los no musulmanes, como los cristianos y judíos que ocupaban los niveles más encumbrados del gobierno únicamente gracias a su capacidad.

La tolerancia facilitó asimismo las contribuciones monetarias que servían para financiar el gran ejército califal, en el que abundaban los mamelucos, traídos de Circasia por comerciantes genoveses.

Hubo excepciones a esta actitud general de tolerancia, entre las que destacó la actitud de al-Hákim bi-Amrillah, que fue una figura controvertida.

Los califas de esta dinastía adquirieron fama de bibliófilos, protectores del saber y, algunos autores de escritos. Su patrocinio de los estudios incluía la filosofía y la historia preislámica de los territorios que regían.

Los fatimíes también eran conocidos por sus exquisitas artes. Un tipo de cerámica, la loza dorada, fue frecuente durante la época fatimí. La Cristalería metalmecánica también era popular. La arquitectura fatimí utilizaba sillares de piedra y diferentes tipos de columnas, bóvedas de arista, mocárabes y multitud de nichos.

Muchos vestigios de la arquitectura fatimí existen hoy en El Cairo. Sus modelso más destacados incluyen la Universidad de Al-Azhar y la Mezquita Al-Hakim. La Universidad Al-Azhar fue la primera universidad en el este y tal vez la más antigua de la historia.

La madrasa es una de las reliquias de la dinastía en la época fatimí de Egipto, los descendientes de Fátima, hija de Mahoma. Fátima se llamaba Az-Zahra “La Luminosa”, y la madrasa fue nombrada en su honor.

Vista de la puerta de Bab al-Nasr en 1830, construida por Badr al-Jamali en 1087
Vista de la puerta de Bab al-Nasr en 1830, construida por Badr al-Jamali en 1087

Fue fundada como una mezquita por el comandante fatimí Jawhar a las órdenes del califa Al-Muizz cuando fundó la ciudad de El Cairo. Su construcción fue terminada en el año 361 AH.

Fue reparada, renovada y ampliada por Al-Mustánsir y Al-Hafiz li-Din Illah. Los Califas fatimíes siempre alentaron a estudiosos y juristas a tener sus círculos de estudio y reuniones en esta mezquita y así se convirtió en una universidad que tiene el derecho a ser considerada como la Universidad más antigua que aún funciona.

Los Califas fatimíes dieron posiciones prominentes a estudiosos en sus patios, alentando a los estudiantes, y las bibliotecas establecidas en sus palacios, por lo que los estudiosos podían ampliar sus conocimientos y obtener beneficios a partir de la obra de sus predecesores.

La característica más importante de la regla fatimí, fue la libertad de pensamiento de las personas, que podían creer en lo que quisieran, siempre que no infrinjan los derechos de otros.

Los fatimíes reservaron púlpitos separados para distintas sectas islámicas, donde los estudiosos expresaban sus ideas en cualquier manera. Dieron patrocinio a los estudiosos y los invitaron de cada lugar, gastaron dinero en ellos, incluso cuando sus creencias estaban en conflicto con las de ellos.

La historia de los fatimíes es en realidad la historia del conocimiento, la literatura y la filosofía. Es la historia de la sagrada libertad de expresión.

El ejercito Fatimí

El ejército fatimí estaba integrado en gran parte por guerreros de las tribus bereberes kutama traídos a la conquista de Egipto, que siguieron siendo una parte importante de los ejércitos, incluso después de que Ifriqiyacomenzara a independizarse.

Después de su establecimiento en Egipto, parte de las fuerzas egipcias locales fueron también incorporadas al ejército, quedando así formado por soldados norteafricanos cuyo origen abarcaba de Argelia a Egipto.

En la etapa magrebí de la dinastía, también existían elementos de origen cristiano y negro en los ejércitos del califa, en parte heredados de los aglabíes. Durante los primeros reinados del periodo egipcio, los kutamíes siguieron desempeñando un papel fundamental en los ejércitos califales, y fueron los que llevaron el peso de la lucha contra las invasiones cármatas [7] de Egipto en los años 971 y 974.

Mashhad de Sayyeda Ruqayya en El Cairo
Mashhad de Sayyeda Ruqayya en El Cairo

Su pérdida de preeminencia comenzó con la conquista del Levante en el año 968, en la que quedó patente sus limitaciones. El reclutamiento de nuevas ropas de origen oriental a partir del año 978 y el fracaso del reclutamiento de más kutamíes entre los años 978 y 988 acentuaron la pérdida de su importancia en los ejércitos fatimíes.

Las tropas negras existían desde los primeros tiempos del califato, pero aumentaron notablemente durante el reinado del califa Al-Hákim.

Un cambio fundamental se produjo cuando el califa fatimí trató de penetrar en Siria en la segunda mitad del siglo X. Los fatimíes se enfrentaron con las tropas turcas que dominaban al califa abasí y comenzaron a darse cuenta de los límites de su poder militar.

Durante el reinado de Abu Mansur Nizar al-Aziz Billah y Al-Hakim bi-Amr Allah, el califa empezó a incorporar contingentes turcos y más tarde de africanos negros. Se utilizaron también tropas de otros orígenes, como armenios. 

Las unidades del ejército se formaban generalmente según criterios culturales. Los bereberes formaban generalmente el grueso de las unidades de caballería y de exploradores de infantería, mientras que los turcos eran conocidos como mamelucos se concentraban en las de arqueros a caballo y de caballería pesada.

Los africanos negros, sirios y árabes se empleaban en general en los cuerpos de infantería pesada y arqueros de infantería. Esta división por grupos culturales como el origen esclavo de muchas de estas tropas sobrevivieron a la desaparición del Estado fatimí.

Los fatimíes pusieron todo su poder militar en la defensa del imperio cada vez que estaba amenazado por peligros y amenazas, que fueron capaces de repeler, especialmente durante el gobierno de Al-Muizz li-Din Illah.

Durante su reinado, el Imperio Bizantino, gobernado por Nicéforo II, destruyó el Emirato musulmán de Chandaxen el año 961 y conquistó Tarts, Al-Masaisah, 'Ain Zarbah, y otros lugares, para obtener el control completo de Iraq y las fronteras sirias.


BIBLIOGRAFÍA

Beshir, Beshir Ibrahim. “Ney light on Nubian Fatimid relations”. 1975. Arabica.
Bianquis, Thierry- “La prise de pouvoir par les Fatimides en Égypte (357‑363/968‑974)”. 1972. Annales islamologiques en ffrancés.
Canard, Marius “L'impérialisme des Fatimides et leur propaganda”. 1942-1947. Annales de l'Institut d'etudes orientales en francés.
Fierro, Maribel. “Abderramán III y el califato omeya de Córdoba”. 2011. Nerea. 
Lev, Yaacov. “The fatimids and Egypt 301-358, 914-969”. 1988. Arabica.
Lev, Yaacov. “The Fāṭimid Conquest of Egypt — Military Political and Social Aspects”. 1979. Israel Oriental Studies.


[1] El ismailismo es una corriente religiosa islámica de la rama chiita. El nombre de ismailíes proviene del hecho de que acepten al Imán Isma‘il ibn Yá‘far como el sucesor espiritual escogido (imán) de Yá‘far as-Sádiq, punto en el que difieren de los imamíes o duodecimanos, quienes aceptan a Musa ibn Ya'far, hermano menor de Ismaíl, como el imán verdadero.
[2] Es una región histórica del oeste de la península de Arabia, perteneciente a Arabia Saudita desde 1932.
[3] Los aglabíes o Banu al-Aglab fueron una dinastía de emires árabes musulmanes suníes del norte de África, cuyo poder se centraba en Ifriqiya (Túnez), donde el fundador Ibrahim I ibn Aglab estableció en el año 800 un emiratonominalmente dependiente del califato abasí que llegó a ser una potencia militar en el Mediterráneo central, extendiéndose al norte de Argelia, Tripolitania (Libia), Sicilia, Cerdeña y el Sur de Italia. Su capital estaba situada en Cairuán. Su poder acabó en el año 909, cuando los fatimíes alzaron el suyo en el Magreb y se expandieron por el norte de África.
[4] Es una figura escatológica islámica que, según el islam, vendrá a la Tierra para dirigirla durante algunos años antes del fin del mundo, librándola del mal y restaurando la verdadera religión. Se dice que será un descendiente de Mahomaque aparecerá poco antes que el profeta Īsā (Jesús) y liderará a los musulmanes a gobernar el mundo.
[5] Los ziríes fueron una dinastía bereber originaria de la Cabilia, una región montañosa de Argelia, que desde el siglo xgobernaron la región de maghreb, primero como vasallos de los fatimíes y, a partir de 1048 y hasta 1163, como emiresindependientes.
[6] El iqtá era una institución del mundo musulmán que consistía en la concesión, a largo plazo o perpetua, de los ingresos de una determinada propiedad, a cambio de los servicios prestados. El iqtadar, por lo general un jefe militar, era el titular de la cesión, y era el encargado de mantener los sistemas de regadío, defender el territorio y recaudar impuestos, pero, a diferencia de lo que ocurría en los señoríos y feudos, no tenía autoridad sobre los habitantes. El cedente era el Estado, que podía revocar la donación en cualquier momento.
[7] Los cármatas fueron un movimiento político-religioso sincrético surgido del islam ismailí de los siglos IX y X. Tenían su centro en al-Hasa (Arabia oriental), donde establecieron una república religiosa utópica en 899 d. C. Son más conocidos por su rebelión en contra del califato abasí.

El Califato Fatimí