¿Quién es Bruce Springsteen?

En 2016, el músico estadounidense, uno de los artistas más influyentes de las últimas décadas, publicó Born to run. El libro. No su disco esencial.

“Me alegra que me hayan pagado generosamente por mis esfuerzos, pero en verdad hubiera hecho lo mismo gratis. Porque tenía que hacerlo.”
Bruce Springsteen. Born to run, 2016


En 2016, el músico estadounidense Bruce Springsteen, uno de los artistas más influyentes de las últimas décadas, publicó Born to run. El libro. No su disco esencial. Publicó sus memorias, inmediatamente traducidas al español por el experto musical Ignacio Juliá, que yo acabo de leer y que Springsteen tardó siete años en completar hasta que vieron la luz en su país.

Empiezo por decir que Born to run es un libro magnífico. Imprescindible para cualquiera que ame a Bruce Springsteen y muy útil para todo aquel que ame la música de su tiempo. Si es que su tiempo es el mío. Este tiempo.

bruce2Bruce es de esos que "mienten al servicio de la verdad", es de esas personas "que tienen una historia que contar". Bruce ha escrito este libro para explicarnos CÓMO y POR QUÉ hace lo que hace. Cómo y por qué tiene "un fuego en las entrañas que no deja de abrasarte". Lo ha escrito para decirnos algo sobre su "truco de magia". Y yo lo he leído. Poco a poco. Absolutamente entregado a la calidad de su escritura, a su tortuosa calidez humana y a lo mucho que vengo amando desde hace cuarenta años muchísimas de sus canciones.

Todo empezó con Elvis Presley, como tantas veces

Desde que se emocionó con lo que entendía que hacía Elvis, desde que quiso ser un Beatle, Bruce comenzó una carrera para la que indudablemente había nacido. Sí. De Elvis, “el primer ser humano moderno”, escribe:

"Un precursor de un vasto cambio cultural, una nueva clase de hombre, un ser humano moderno, que difuminaba las barreras raciales, los géneros sexuales y... ¡SE DIVERTÍA!... ¡SE DIVERTÍA!... de verdad. La dicha de una existencia más libre y liberadora, que abría mentes, transformaba corazones, derruía muros y bendecía la vida, La DIVERSIÓN os espera, Señor y Señora Americanos Corrientes, ¿y sabéis qué? ¡Es vuestro DERECHO DE NACIMIENTO!"

Pronto, quiso creer que él tenía que ser un compositor “con voz propia, con una historia que contar”. Eran los primeros años 70 del siglo pasado. Y él, que siempre querrá “mantener a distancia su voraz ambición”, pretendía convertirse en alguien “capaz de arrastrarte al mundo que había creado y mantener tu interés en las cosas que le obsesionaban”.



Tras enamorarse de Elvis Presley y refulgir con The Beatles, ahora miraba a Bob Dylan, el autor de “las palabras esenciales para la época”. Bruce “quería ser una voz que reflejase la experiencia y el mundo en que vivimos”. Era 1972 y la intención de aquel que seguía siendo “un buen chico católico”, “era colisionar con los tiempos”.

Pronto, al año siguiente, ya desde su primer elepé, evidenció su principal anhelo como artista: “Honrar a aquellos que me habían inspirado, dejar mi huella e inspirar a quienes tomasen el testigo”.

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El 25 de agosto de 1975 se publicó el elepé Born to run, “y un interminable torrente de ruido y plata brotó de la máquina tragaperras del rock and roll: ¡GOL!”:

“Quise confeccionar un disco que sonase como el último disco en la Tierra, como el último que ibas a escuchar en tu vida, el último que realmente necesitabas escuchar. Un estruendo glorioso… y luego el Apocalipsis”.

De Elvis era “el empuje físico” y de Dylan “la idea de no limitarse, no escribir sobre ALGO, sino escribir sobre TODO”.

Su primera obra maestra surge de la sensación de que el sueño americano se había ensuciado (había que “sobrellevar de buen grado nuestro pasado irresuelto”; había que rendir cuentas “a nivel histórico y personal”).

Con Born to run Bruce lograba lo que buscaba, lograba acercarse definitivamente a su sueño, que no era precisamente ser “el héroe secreto de un universitario” sino alcanzar “¡el estrellato!, el impacto, los éxitos, la fama, el dinero, las mujeres, la popularidad y LA LIBERTAD”.



Voluntad, resiliencia y resistencia

Dentro del artista Springsteen existe un “papel pintado que forma el interior de mi mente fabulosamente fértil y siempre insegura”. En lo que quiera que sea Springsteen siempre destaca el agotamiento. ¿El agotamiento? Le dejo explicarse, a él:

El agotamiento siempre ha sido mi amigo y no me importa llegar a él. Cerca del fondo de su abismo sin fondo generalmente encuentro resultados”.

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Tras publicar el elepé Born to run, Springsteen siguió buscando que su música fuera “una música de la identidad, una búsqueda de significado y de futuro”. Llegamos así a su segunda obra maestra. Darknes on the edge of town, diez canciones elegidas para ser las “diez más duras” de cuantas llevaba grabadas, canciones “colmadas de voluntad, resiliencia y resistencia”. Se deshizo de lo que oliese a frivolidad o a nostalgia, se aprovechó del desafío del punk para endurecer su propósito y encontró así ya para siempre su “voz adulta”: las canciones de ese disco “quizás sean la más pura destilación de aquello de lo que quería que mi música tratase”.

Con su tercera obra maestra, The river, su banda, la E Street Band, “llegaría a su máxima expresión”.

Es en ese momento de sus memorias cuando se lee algo de lo más emocionante, ¡que ya es decir!, de cuanto podemos leer en el libro. Reconoce Bruce Springsteen que la mejor crítica que ha recibido jamás le llegó cuando su hermana, tras escuchar por primera vez la canción The river en un concierto, entró al final de la actuación en el camerino del músico para abrazarle y decirle agradecidamente tres palabras. ES MI VIDA.

Mi guapa hermana, dura e invencible, agarrándose fuerte a su empeño de llevar la vida de la que yo había huido por todos los medios”.



Pero lo más escalofriante de las memorias de Springsteen se va destilando suavemente, dolorosamente, a lo largo de sus páginas, pues, a veces, fuera de los escenarios, de su trabajo, de su rock and roll, podía (¿puede?) sentir “una felicidad, la hermana brillante de mi depresión, que brotaba directamente de la fuente de juventud de los Zerilli [el apellido de soltera de su madre, Adele Zerilli], pero dejarme ir totalmente… no era lo mío. La sobriedad se convirtió en una suerte de religión”.

De aquellos tiempos de The river data el surgimiento del interés del músico de Nueva Jersey por la Historia. Sí, por el pasado, para ser más exactos:

“¿Cómo podía llegar a saber quién era yo si ignoraba de dónde procedía personal y colectivamente?”

Explica Springsteen, con su poética elocuencia de roquero auténtico, que “había vivido lo bastante para saber que la historia es algo cerrado que no puede cambiarse. Puedes seguir adelante, con un corazón endurecido en los puntos en que se ha roto, crear un nuevo amor. Puedes forjar a martillazos el dolor y el trauma en una espada justiciera y usarla para defender la vida, el amor, la gracia humana y las bendiciones de Dios. Pero nadie puede repetir lo ya hecho. Nadie puede volver atrás y sólo hay un camino de salida. Adelante, hacia la oscuridad”.

No es descabellado pensar en algo doloroso, difícil, tal vez terrible, cuando se escucha el desnudo disco Nebraska. Pues bien, a “la silenciosa quietud” de Nebraska, a su publicación (últimos meses de 1982), le sucedió la indudable llegada de la depresión, que brotó incontrolable.

“Su lodo negruzco amenaza con ahogar cada última porción de vida que hay en mí […]. Mi depresión borbotea como un vertido de petróleo que contamina el hermoso lago de color verde turquesa que es mi cuidadosamente planeada y controlada existencia”.



Necesitaba ayuda profesional. Y la obtuvo. Ayuda para “mi gran y oscuro mar”. Un gran y oscuro mar que había sido capaz de transformar en “música, amor y sonrisas”:

“Los resultados de mi trabajo con el doctor Wayne Myers [fallecido en 2008] habitan en el corazón de este libro”.

Una estrella mundial

            “Lo mejor que hago es tocar en vivo… con la E Street Band. […] Soy un aullador de rock y soul poderoso, fornido y psicótico”.

Bruce Springsteen

Born in the USA, dice Springsteen, “cambió mi vida, pues me obligó a pensar muy en serio en el modo en que presentaba mi música, y me situó fugazmente en el centro del universo pop”. (Era el año 1984, un año antes de casarse con la modelo Julianne Phillips, de la que el cantante dice que supone que debería de haberla avisado de que él “era mercancía en mal estado”):

“Mi primer lujo como icono rock de éxito sería el lujo de no pensar en ello, de ignorar por completo mis lujos (algunos de ellos). ¡Y me funciona!



De Tunnel of love, su disco del año 87, escribe que “en su corazón” (en el de las canciones de aquel larga duración) yace un “esfuerzo por desenmascarar quién era yo y por alcanzar una difícil paz con el tiempo y la muerte misma”:

“El amor como una terrorífica atracción de parque de atracciones”.

Eso era Tunnel of love, para mí su último disco magnífico.



Se divorció en 1989 de Phillips (a quien considera haberla fallado “como persona y como esposo”), cuando ya había comenzado su relación fuertemente sentimental con una miembro de la E Street Band, Patti Scialfa. Quedarse con ella es para Springsteen “la decisión más cuerda de mi vida”.

“Si amamos a aquellos en cuya compañía se refleja lo mejor de nosotros, esa es la luz con que ella brilla sobre mí. […]

Ella y yo éramos una pareja de forajidos emocionales. […]

Patti aceptó y amó mi egocentrismo, mi narcisismo, mi aislamiento. […]

Gracias a ella he superado buena parte de mi ser depresivo pero no todo”.

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Son aquellos los tiempos en los que se encontraba “en la cúspide de los profundos y sísmicos cambios vitales que alterarían mi vida tanto como el día que cogí por primera vez una guitarra”. En julio del año 90, once meses antes de su boda con Patti, nació James, su primer hijo:

“El trabajo es el trabajo… pero la vida es vida… y la vida triunfa sobre el arte… siempre”.

La figura de su padre es muy importante a lo largo de todo el libro:

“Mi padre, mi rival y mi héroe”.

Su padre, de quien no consiguió un gramo de ternura hasta que se vio inmerso ya anciano en un estado maniaco depresivo; su padre, Douglas Frederick Springsteen, muerto a sus 73 años en los brazos de su madre en abril de 1998:           

“Honramos a nuestros padres llevando más allá el legado de lo mejor que tenían y tratando de dejar atrás el resto. Luchando y domando a los demonios que les hicieron caer y que ahora residen en nosotros. Es todo lo que podemos ser si somos afortunados. Yo lo soy. [Mi esposa, mis dos hijos y yo] estamos muy unidos. No sufrimos la alienación y confusión que experimenté en mi familia. Aun así, las semillas de los problemas de mi padre yacen enterradas en lo más hondo de nuestro linaje… así que debemos estar atentos”.

Springsteen no responsabiliza completamente a su padre de sus reiteradas “caídas en el abismo, gran parte de culpa se debe a mi propia debilidad y a mi incapacidad tan tardía para alejarlo todo”.

Poco después de cumplir los 60 años, cayó en una depresión del tamaño de la que tuvo treinta años atrás:

“Me duró año y medio y me dejó destrozado. […]

La tristeza no se abalanza sobre ti por sorpresa. Llega arrastrándose”.

Pocos se dan cuenta cuando a Bruce le ocurre esa desgracia, durante cuyos terribles episodios puede llegar a ser verdaderamente cruel con su gente, pero sí Patti. Recurrir a la psicofarmacología le salvó de seguir pasándose el día llorando casi por cualquier cosa mínimamente emocionante.

Cuando el creador de Badlands se encuentra sumido en ese estado abisal que hace comprensible que alguien se vea impulsado hacia el abismo…

“Sientes la delgadez del velo de tu identidad y te acompaña un pánico que parece estar a todo momento a la vuelta de la esquina. […]

Era una irritante angustia esencial incrustada en mis huesos. […]

Me había convertido en un cascarón vacío andante. […]

El único baluarte contra aquello fue el amor”.

Muchas son las reflexiones abiertamente interesantes con las que el artista americano jalona este brillante libro, como cuando habla sobre lo que se quiere y lo que se necesita:

“No siempre queremos aquello que más parece convenirnos; queremos lo que necesitamos. Tomas tus decisiones y pagas las consecuencias”.

O cuando se refiere a lo que se posee y cuál es su uso:

“Algo muy importante para llegar a tu destino consiste en saber de qué dispones y saber qué hacer con lo que se tiene”.

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Y si hay momentos de una emoción desbordante, algo que abunda en el libro (nos cuenta que cuando murió el saxofonista de su banda, Clarence Clemons, “perderle fue como si hubieses perdido la lluvia”), me parece que los más sublimes son aquellos en los que Bruce habla de su madre:

“Desprende una calidez y una exuberancia que el mundo tal y como es seguramente no merece. […]

Ella es corazón, corazón, corazón… […]

Me apoyó en mis sueños más descabellados, me aceptó tal y como era verdaderamente y alimentó el improbable guion que yo llevaba escrito en lo más hondo de mi corazón. […]

Si llegas a encontrártela, la conocerás al momento… y la querrás. Como hago yo. Ella es una maravilla en bruto, sin pulir”.



Hay también rabia en Born to run, sesudos análisis políticos de calado, breves pero intensos. Como cuando habla del elepé Wrecking ball, un “disparo rabioso” contra los causantes de la crisis de 2008:

“Si se puede hacer tanto daño a los ciudadanos de a pie sin asumir básicamente ninguna responsabilidad, entonces el juego ha terminado y el fino velo de la democracia se revela como lo que es, un disfraz superficial para una creciente plutocracia que se ha instalado aquí y ahora de modo permanente”.

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Springsteen es consciente de que es parte destacada de un mundo de creatividad que desaparecerá con él y con quienes como él pertenecen a la “temprana generación del rock” que nacieron a tiempo para disfrutar de las bandas de la oleada británica que reinventaron el rock, el blues, el soul y el pop (los Beatles y los Rolling Stones, principalmente), pero que aun así son “lo bastante jóvenes como para haber vivido la experiencia de quienes lo originaron todo: Muddy Waters, Howlin’ Wolf, Chuck Berry, Fats Domino, Roy Orbison, Jerry Lee Lewis, Elvis…”



Gracias

“Sería perfectamente feliz con tan sólo esas dos palabras en mi lápida” SOUL MAN”.

Bruce Springsteen

Springsteen cumplió con creces la promesa que se hizo a sí mismo a la hora de escribir sus memorias: quiso y logró “mostrarle su mente al lector”. Cuenta el artista estadounidense que lo que pretendió al escribir este libro conmovedor era “conocer y comprender” su historia (“nuestra historia”) y hacerlo de la mejor manera posible:

“Quise comprenderla para librarme de sus influencias más dañinas, sus fuerzas más malévolas. Para celebrar y honrar su belleza, su poder, y ser capaz de contarla bien a mis amigos, a mi familia y a ti […].

Y ahora ve y cuéntala”.

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Gracias, señor Springsteen. Por la música y por su escritura. Gracias por todo. Sigue dando la orden a la E Street Band de comenzar cada concierto sintiendo que te “recorre el cuerpo lo que parece toda la cantidad de vida posible y un destello de eternidad”.