jueves 24/9/20
HISTORIA LABORAL

El primer sindicalismo

La fuerza del sindicalismo empezó a ser evidente a finales del siglo XIX.

El primer sindicalismo

Ya en 1834 existía en Gran Bretaña la Grand National Consolidated Trades Unions. A mediados del siglo agrupaba a unos 600.000 trabajadores

Las asociaciones de trabajadores se formaron muy pronto en el siglo XIX. Algunas organizaciones fueron transformaciones de los viejos gremios a la nueva situación industrial, pero todos los sindicatos estaban prohibidos porque el naciente Estado liberal consideraba que atacaban los sagrados principios de la libertad de empresa y de contrato.

En Inglaterra se aprobaron las Combination Acts de 1799 y 1800, que prohibían explícitamente las organizaciones de trabajadores. En Francia se estableció en 1789, en los primeros momentos de la Revolución, la famosa Ley Le Chapelier, por el nombre de su autor, y que establecía el fin de los gremios y la libertad de poder ejercer cualquier trabajo u oficio, así como la libertad de empresa. También prohibía que se creasen organizaciones o asociaciones de empresarios, artesanos u obreros.

Así pues, el derecho de asociación y reunión fue una de las primeras reivindicaciones de los trabajadores, especialmente, de los británicos. En 1824 se consiguió que se reconociera este derecho en Gran Bretaña. Al calor de esta ley se formaron las asociaciones de trabajadores.

Las primeras organizaciones fueron las Sociedades de Socorro Mutuos, que tenían como objetivo el auxilio de sus asociados ante los riesgos físicos de enfermedad, accidente o muerte con fondos que provenían de aportaciones de los asociados. A menudo contaban con cajas de resistencia para mantener a sus miembros en las épocas de huelga. Las autoridades terminaron por permitir estas Sociedades de Socorros Mutuos pero intentaron vigilar que no contasen con esas cajas de resistencia porque eso suponía que eran algo más, es decir, organizaciones que perseguían reivindicaciones laborales y salariales. Una cuestión era permitir que los obreros se ayudasen mutuamente ante los riesgos de la vida, lo que, además, parecía eximir a las autoridades de esta responsabilidad, y otra muy distinta que fueran verdaderos sindicatos.

Los nuevos sectores laborales comenzaron a destacar en el asociacionismo obrero. La huelga se convirtió en el principal instrumento de presión. En Gran Bretaña los mineros, los trabajadores de las fundiciones, de las fábricas de máquinas de vapor y de las hilaturas de algodón organizaron asociaciones estables en la década de los años treinta. En este sentido, destacó la Asociación de Mineros Británicos que ya en 1844 tenían unos 60.000 miembros. Esa asociación tenía como objetivos la mejora de las condiciones laborales –reducción de la jornada de trabajo- y aumento del salario.

Estaban naciendo los sindicatos (trade unions en Gran Bretaña), como asociaciones de trabajadores en defensa de sus intereses. En principio, eran de oficios, es decir, que reunían a miembros de una misma profesión pero, con el tiempo se convirtieron en sindicatos de industria que agrupaban a todos los trabajadores de un sector, con independencia de su profesión o cualificación. En siguientes etapas esos sindicatos se fueran uniendo en un nivel local, regional y, por fin nacional. Ya en 1834 existía en Gran Bretaña la Grand National Consolidated Trades Unions. A mediados del siglo agrupaba a unos 600.000 trabajadores.

En el resto de Europa y Estados Unidos el proceso de creación de sindicatos fue posterior. Los sindicatos nacionales aparecen en la segunda mitad del siglo XIX: en Alemania estaría la Asociación General de Trabajadores Alemanes de 1863, en Estados Unidos se crea en 1886 la AFL (American Federation of Labour), y en 1895 nace la CGT (Confédération Générale du Travail) francesa. En 1888 se creaba la UGT en España.

A finales del siglo XIX la fuerza del sindicalismo era evidente, como lo demuestran su lucha por la jornada de ocho horas y la celebración reivindicativa en grandes manifestaciones del Primero de Mayo.

El primer sindicalismo