sábado 04.04.2020
HISTORIA

Cuando la peste Antonina asoló el Imperio Romano

La Peste antonina

A lo largo de la historia de la Humanidad, hemos sufrido una serie de pandemias, que han provocado la muerte de millones de personas y que destrozaron la economía de ese momento histórico.Como veremos de forma sistemática, la extensión de las pandemias en nuestro mundo, siempre ha sido provocada por la movilidad del hombre.

Voy a realizar una serie de artículos, explicando las principales pandemias que ha sufrido la Humanidad y las consecuencias que tuvieron.El primer artículo de esta serie, es la peste Antonina.

El estado sanitario de Roma había sido generalmente bueno, eso sí, superando los fuertes brotes de enfermedades, que se produjeron entre los siglos V al III a. C. Esto se debió a que se había introducido en Roma la medicina científica griega.Las pestes sufridas en esos años tuvieron un carácter local, con una duración de apenas un año.

Si seguimos los estudios de algunos historiadores, el Imperio Romano experimentaba en el siglo II d. C. su época de oro y en su máximo esplendor de desarrollo.La población urbana y rural había alcanzado una buena calidad de vida.El Imperio presentaba una unidad cultural que abarcaba toda la cuenca del Mediterráneo.

La presión que sufría el Imperio en las fronteras orientales en el año 162, hizo que el emperador Marco Aurelio mandara al corregente, Lucio Vero, con unos cien mil hombres para poder expulsar a los partos.Éstos, estaban dirigidos por Vologases IV de Partia, que habían entrado en Siria e intentó recuperar para el Imperio, Armenia y Mesopotamia.La peste ya existía en esa zona en el año 164,  como relata el historiador romano Dion Casio.

Estalló una peste entre los años 165 al 192 d.C. que afectó a todo el Imperio Romano, cuyas proporciones geográficas y humanas nunca antes habían sido vistas en la historia de la humanidad.Se ha considerado en algunos estudios, que la peste de los Antoninos fue un todo continuo, que se inició en el año 165 y duró hasta el año 192.

La llamada peste Antonina constituye una de las coyunturas médicas más relevantes para el devenir del mundo clásico.

El Imperio Romano en el siglo II d.C.

Los romanos diezmados por la peste se vieron obligados a retirarse de Mesopotamia y a firmar un Tratado de Paz con los partos.Se considera que  Lucio Vero en su marcha de regreso con los restos de su ejército hacia Roma, fueron la fuente de transmisión de la peste y que hará que ésta llegué  hasta la propia Roma.

El impacto de la crisis puede ser catalogado sin duda como global desde un punto de vista geográfico.El Imperio Romano tenía en el siglo II d. C.  como límites en el norte a Britania, el Rin y el Danubio, en oriente llega hasta el norte de Mesopotamia, mientras que en el sur poseía el norte de África, la cuarta catarata del Nilo en Egipto y el desierto del Sahara constituían las fronteras de un Imperio cuya población se estima cercana a los 50 millones de habitantes.

El Imperio ocupaba gran parte de lo que actualmente es Inglaterra y Alemania, toda España y Portugal, Italia, Suiza, parte de Eslovaquia, República Checa, Croacia, Serbia, Montenegro, Albania, Bulgaria, Rumania, Grecia, Turquía, Siria, Armenia, Israel, Palestina, Egipto, Libia, Marruecos y Argelia.

Dentro de aquellos límites, en el siglo II d.C., se había consolidado el proceso de romanización, por el cual los pueblos conquistados en siglos anteriores habían adquirido los principales hábitos culturales de los conquistadores romanos.

Como hemos visto, la pandemia se inicia entre los años 165-192 d. C.,conocida también como la plaga de Galeno, porque fue este famoso médico quien la describió

Galeno.

La epidemia pudo causar la muerte del emperador romano Lucio Vero, quien falleció en el año 169 como corregente de Marco Aurelio.La enfermedad volvió a estallar nueve años más tarde, según el historiador romano Dion Casio, y causó hasta 2.000 muertes por día en Roma, una cuarta parte de las personas infectadas. Se ha estimado que perecieron cinco millones en total, aproximadamente un tercio de la población en algunas zonas, y, además, diezmó al ejército romano.

Las fuentes antiguas están de acuerdo en que la epidemia apareció por primera vez durante el asedio romano de Seleucia (Persia), en el invierno del año 165-66. El historiador romano, Amiano Marcelino  informa de que la plaga se extendió a la Galia y a las legiones a lo largo del río Rin.Otro historiador y funcionario imperial romano, el eunuco Eutropio, afirmó que una gran parte de la población murió por todo el Imperio.

SINTOMAS DE LA PANDEMIA

La pandemia se originó, como estamos viendo, en Oriente y desde allí se difundió ampliamente mediante los diferentes mecanismos de interconexión imperial, sea la gran red viaria terrestre o naval, o bien del comercio a gran escala a lo largo de todo el Imperio.

El emperador Marco Aurelio. Estatua en el Museo Capitolino.

Las fuentes históricas sobre la plaga son bastante fragmentarias, sobre todo las relativas a la etiología y al diagnóstico de la peste.La fuente más relevante la constituye el médico Galeno, quien había mejorado las bases de la medicina hipocrática y cuya influencia se extenderá por todo el mundo árabe y medieval.

La importancia de Galeno viene dada, porque presenció la epidemia al trabajar directamente con el emperador Marco Aurelio y el ejército, en el momento en que la peste alcanzaba su punto álgido en las guerras marcománicas. 

Galeno habla expresamente de una gran inflamación de los ojos, enrojecimiento muy fuerte del interior de la boca y de la lengua, sufrimiento por la sed, sensación de abrasamiento interior, enrojecimiento de la piel, tos violenta y erupciones.

Sin duda, el gran movimiento demográfico, sobre todo de soldados que volvían de la campaña oriental, parece haber sido el principal factor propagador.De acuerdo a la Historia Augusta, el retorno de Vero y el ejército oriental “tuvo la fatalidad, según parece, de llevar consigo la peste a todas las provincias por donde pasó hasta que llegó a Roma”.

Hablamos de un cuerpo militar compuesto como mínimo por unas cien mil personas, carentes de servicios higiénicos adecuados, por lo que los riesgos desde el punto de vista epidémico eran más que obvios.

De esta forma, la plaga “llena de enfermedad y muerte a todo el territorio situado entre la tierra de los persas, el Rin y las Galias”, o sea todo el Imperio, rememoraba Amiano Marcelino. La lógica de unificación del territorio romano contribuyó a una rápida difusión de la enfermedad.

Galeno viajó desde Roma a su casa de Turquía en el año 166, durante la epidemia. Regresó a Roma en el año 168, cuando fue convocado por los dos Augustos, y estuvo presente en un brote entre las tropas estacionadas en Aquileia, durante el invierno de 168-169.

Sus observaciones directas y la descripción de los síntomas se encuentran en su tratado “Methodus medendi”, bastante breve, por lo que hay que recurrir a otras referencias, repartidas entre sus voluminosos escritos.

Los síntomas de la enfermedad según Galeno eran los siguientes: “exantemas de color negro o violáceo oscuro que después de un par de días se secan y desprenden del cuerpo, pústulas ulcerosas en todo el cuerpo, diarrea, fiebre y sentimiento de calentamiento interno por parte de los afectados, en algunos casos se presenta sangre en las deposiciones del infectado, pérdida de la voz y tos con sangre debido a llagas que aparecen en la cara y sectores cercanos, entre el noveno día de la aparición de los exantemas y el décimo segundo, la enfermedad se manifiesta con mayor violencia y es donde se produce la mayor tasa de mortalidad”.

Describe la plaga como muy grande y de larga duración.Menciona síntomas como la fiebre, la diarrea y la inflamación de la faringe, así como una erupción en la piel, a veces seca y purulenta, que en ocasiones aparece en el noveno día de la enfermedad. La información proporcionada por Galeno no define claramente la naturaleza de la plaga, pero los estudiosos han preferido generalmente diagnosticarla como la viruela.

Otros historiadores creen, que los brotes fueron de la viruela. Esta última opinión parece más probable, que sea la correcta, dado que las estimaciones de la evolución molecular dan que el sarampión surgió después del año 500. 

En su consternación, muchos romanos buscaron protegerse con magia  y otras supersticiones para intentar salvarse.  

Si seguimos la biografía de Marco Aurelio, podemos ver como se relata esta peste: “La llegada de la peste a Roma en el contexto de la guerra emprendida contra los marcomanos.Esta se presentó muy atroz y se tenían que sacar los cadáveres ce la ciudad en carretas.Fue entonces cuando los Antoninos sancionaron unas leyes estrictísimas sobre enterramientos y sepulcros, prohibiendo incluso que los particulares construyeran tumbas en sus villas, disposición que todavía se cumple.La peste consumió a muchos millares y a muchos próceres, a los más ilustres”.

Los investigadores han descartado la peste bubónica y la fiebre tifoidea, ya que en las fuentes no se aprecia la existencia de bubones en las axilas y ganglios, a su vez el sarpullido, según Galeno, se presenta siempre en la etapa de las pústulas, cuestión presente en la viruela y no en otras enfermedades.  

Dicho síntoma unido a los otros descritos permitieron afirmar a Littman y Cunha, que se trataría de una viruela de tipo hemorrágica. 

El historiador William McNeill afirma que la Peste Antonina y la Peste de Cipriano que fue posterior entre los años 251 y 270, fueron brotes de dos enfermedades diferentes, uno de la viruela y el otro del sarampión, aunque no necesariamente en ese orden, pero esta opinión del sarampión es dudosa, porque dicha enfermedad no se conoce antes del año 500, como ya hemos visto.

El grado de mortalidad de esta peste era muy elevado.Eran miles de fallecidos, lo que indica sin duda, una incidencia especial en relación  con otras pandemias anteriores.

La reacción inmediata de los romanos fue la de invocar a los dioses para superar la peste, recurriendo a ritos tradicionales ya caídos en desuso. Marco Aurelio, dado que entonces arreciaba aún la epidemia, restableció con gran escrupulosidad el culto a los dioses.

La culpa de la peste fue echada a los cristianos, quienes aumentaban cada en día en número, eran vistos como traidores al estado romano, y con ello al culto imperial, siendo atacados y perseguidos por esto.La peste generó un contexto en el que surgían charlatanes e impostores vendiendo amuletos y otros animando a la plebe a rebelarse contra el poder establecido.

Si seguimos a Osorio, la peste vino como consecuencia de un castigo divino debido a la persecución de los cristianos realizada por parte del emperador Marco Aurelio.

El charlatán más famoso fue un falso profeta oriental llamado Alejandro, que se hizo millonario vendiendo unos oráculos, que protegían supuestamente a los moradores de las casas contra la enfermedad, pero como dice Luciano de Samosata: “La superstición era la única manera, que tenían los romanos de enfrentarse sin éxito por lo demás a la peste”.

CONSECUENCIAS DE LA PESTE

No hubo parte del Imperio Romano que de alguna manera no se viera afectada por la epidemia.Las clases dirigentes se vieron trastocadas, los pobres morían, la mano de obra y los soldados escaseaban. La coyuntura fue crítica, no para una parte del mundo solamente, sino que para esa que se sentía dentro de una sociedad y territorio común.

Se ha estimado que en promedio la peste Antonina debió tener una mortalidad entre el 7 al 10% de la población imperial, es decir, habrían muerto en el Imperio Romano entre unos tres millones y medio a cinco millones de personas producto de la epidemia.Las cifras para el caso del ejército y las ciudades se estiman ligeramente superiores en torno al 13-15% de mortalidad, debido a los grados de concentración y la falta de sistemas higiénicos para prevenir la difusión y controlar la plaga.

La devastación severa que sufrió la población europea por la plaga, puede indicar que la gente no tuvo una exposición previa a cualquiera de estas enfermedades, que proveía a los supervivientes de inmunidad.

De esta forma, el impacto mental, social, económico y militar de la crisis fueron importantes en el devenir del Imperio Romano, sobre todo pensando que no se contaban con los medios ni el conocimiento como para superarla y explicarla de forma comprensible.De inmediato, los cadáveres fueron vistos como agentes de transmisión y no faltó quienes vieran la pandemia como un castigo de los dioses por alejarse de sus designios.

La imagen más terrible de la peste la ofrece la vida de Marco Aurelio inserta en la Historia Augusta, la que señala que en plena campaña contra los marcomanos en el Danubio: “surgió una epidemia tan grande que los cadáveres se transportaron en distintos vehículos y carruajes. Los Antoninos promulgaron entonces leyes severísimas respecto a la inhumación y a las sepulturas, pues prohibieron que nadie las construyera a su gusto, reglamentación que se observa todavía hoy. Por cierto, dicha epidemia acabó con muchas miles de personas, muchas de ellas de entre los primeros ciudadanos”.

No hubo clase social que se librara, lo que demuestra la virulencia de la pandemia, sobre todo considerando que las clases altas tenían mejores condiciones sanitarias y alimentarias. La plaga afectó a todos por igual, incluso el mismísimo emperador Marco Aurelio fallecido a causa de la viruela en el año180, no sin antes expresar en sus últimas palabras su preocupación por los pobres afectados por la enfermedad.

Roma, la ciudad eterna, sufrió el embate con mayor dureza por la cantidad de población aglomerada y hacinada. Muchas actividades económicas tuvieron que paralizarse y se firma la paz con los enemigos de Roma.En dichos acuerdos de paz se estipulaba su ingreso en el Imperio para establecerse como colonos, para trabajar la tierra y ser soldados.

En otros casos como en Hispania, Morris Silver sostiene que la plaga terminó con la labor minera, ya que subió el valor de los esclavos y la mano de obra haciendo las ganancias menos rentables que antaño.

La epidemia tuvo drásticos efectos sociales y políticos en todo el Imperio Romano.El historiador Barthold Georg Nieburh  analizó que: “El reinado del emperador Marco Aurelio constituye un punto de inflexión en muchas cosas, y sobre todo en la literatura y el arte; no tengo ninguna duda de que esta crisis fue provocada por esa plaga... El mundo antiguo nunca se recuperó del golpe asestado a ella por la peste, que lo visitó en el reinado de Marco Aurelio”

Sin embargo,los historiadores Edward Gibbon y Mikhail Rostovysec, le dan a la epidemia menos influencia en la crisis, que a las tendencias políticas y económicas, respectivamente.

El ejército también se resintió bastante, el reclutamiento se hizo forzoso ingresando esclavos, delincuentes, forajidos y gladiadores al ejército.Se llegó a tal punto, que Roma tuvo que contratar mercenarios e inclusive utilizar fuerzas de los bárbaros aliados.

Marco Aurelio ordenó preparar para la milicia a esclavos, a los que como a los volones dio el nombre de voluntarios.Equipó con armas también a los gladiadores, a los que llamó complacientes.Enroló como soldados a ladrones de la Dalmacia y de la Dardania.Armó también a los diogmitas y compró tropas auxiliares a los germanos. La situación debió haber sido extremadamente crítica, lo que claramente generó un clima de inestabilidad social.

Según los escritos de Paulo Orosio del siglo V, algunas aldeas y ciudades españolas e italianas y las provincias europeas perdieron todos sus habitantes.A medida que la enfermedad se propagaba por el norte hasta el río Rin, también infectó los pueblos germanos y galos fuera de las fronteras del Imperio.

Desde hacía varios años, estos grupos del norte habían presionado al sur en busca de más tierras para sostener sus crecientes poblaciones.Con sus filas muy mermadas por la epidemia, los ejércitos romanos no fueron capaces de rechazar a estas tribus.

Desde el año 167, hasta su muerte, el emperador Marco Aurelio dirigió en persona varias legiones cerca del Danubio, tratando, con un éxito parcial, de controlar el avance de los pueblos germánicos a través del río.Una gran ofensiva contra los marcomanos se aplazó, hasta el año 169, debido a la escasez de tropas.

Durante la campaña germana, Marco Aurelio escribió en griego su obra filosófica “Meditaciones”. En un pasaje, el IX, 2, afirma que incluso la peste que le rodea es menos letal, que la falsedad, la mala conducta y la falta de un verdadero entendimiento. Mientras agonizaba, Marco Aurelio pronunció estas palabras: “No lloréis por mí. Pensad en la enfermedad y la muerte de tantos otros”.

La peste Antonina fue la primera peste, que afectó globalmente al mundo occidental.Perturbó todas las dimensiones de vida del género humano en el Imperio Romano tales como la economía, la política, la religión y la cultura.

La existencia del Imperio Romano con un fuerte carácter ecuménico desde el punto de vista cultural y territorial coadyuvó a la rápida propagación de la peste.En conclusión, se sostiene que la epidemia fue global en un sentido de su extensión geográfica.Claramente, la peste terminó por alterar la pax romana asestando un crudo golpe a la paz y estabilidad lograda.

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Cuando la peste Antonina asoló el Imperio Romano
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