martes 27/10/20

La palabra presencial

La luz roja se vuelve a encender en este estudio de radio seis meses después
Foto | Evelyn Mardomingo

Regreso al refugio idílico de los días de tormentas. Puertas metálicas y paredes insonorizadas. El mundo siempre está afuera y el cable del micro es nuestra única conexión con el exterior. Si cada día de radio es especial, este tiene el sabor de ese primer día en que todo es nuevo. 

Como las dos lunas de Murakami. Este sigue siendo ese lugar donde he tenido tantas conversaciones los tres últimos años, aunque ahora me sienta como si hubiera cruzado el espejo. Cierro los ojos, dejo pasar un tiempo, respiro hondo y vuelvo a abrirlos. Durante estos meses todos hemos esperado a volver a la normalidad y que sólo hubiera una luna. Pero esto no es un efecto óptico. Es el mismo plató de radio, pero es otro plató distinto. 

Frente a mi, dos rostros tapados con mascarillas. Mi cerebro trata de completar sus facciones e intuir una sonrisa o una mueca de disgusto tras cada pregunta. Trato de armar una conversación sólo a partir de las pistas que da una mirada. 

Micrófonos enfundados en plástico y voz que proviene de algún tras las mascarillas. El tono adquiere el ritmo de una letanía lejana. Es raro “conversarse” sin expresiones diáfanas. Todo queda en la sombra de la duda. La piel también comienza a hablar ante la ausencia de labios. 

Sobre la mesa, un spray desinfectante y un rollo industrial de papel que borrarán nuestra presencia apenas nos hayamos marchado. Fugaces como un suspiro. Pero a pesar de todo, las palabras comienzan a pesar, a significar, a convertir la banalidad de la conversación en abismos de pensamientos. La radio vuelve a obrar su magia. Seres humanos que comparten parte de sí ante un micrófono. Almas que comienzan a pronunciar las palabras que nunca creían haber llevado dentro. 

Palabra presencial. Conversación. Sin pantalla mediante, sin filtros y sin aplicaciones. Sin conexiones que se cortan ni anuncios de pago. Aislados en la conversación. Tal como somos. Escuchados. Valorados. Humanos. Capaces de olvidar por un segundo las mascarillas, las distancias, las fundas de plástico en los micrófonos y lanzarnos al precipicio de conversar con los ojos. El rollo de papel y el gel hidroalcohólico recuerdan nuestra fugacidad. Pero, a quién le importa mientras nos quede una palabra que decir. Un pensamiento que intercambiar. Un sueño que compartir. 

Gracias a Adriana Semprún, Yandrak Jamaika y a los técnicos de la Facultad de Comunicación de la UCLM por hacer posible el primer programa de radio presencial post pandemia de Radio Diferencia.

La palabra presencial